Hace tres años, el presidente no ejecutivo de la empresa navarra Azkoyen, Juan José Suárez, explicaba en una larga charla con este periódico que uno de los rasgos de su compañía era lo bien armado que estaba su consejo de administración, cuyos miembros representan alrededor del 50% del capital. La estabilidad de los mayores accionistas ha sido, con el paso de los años, sello de la casa en una firma que da bastantes alegrías y casi ningún disgusto a sus propietarios. Las acciones apenas se mueven (tiene un 22% de free float), en especial las del mayor accionista, Inverlasa, el grupo del multimillonario y discreto matrimonio formado por Víctor Ruiz y Rosario Lafita. En el consejo están representados por su hija Ana junto con Juan José Suárez y Rodrigo Unceta, estos últimos trabajadores del holding. Su posición, del 29,6%, hace tiempo que los sitúa al borde de la opa.
La opa de José Antonio Jainaga sobre la compañía de máquinas dispensadoras depende de un puñado de grandes familias propietarias
Hace tres años, el presidente no ejecutivo de la empresa navarra Azkoyen, Juan José Suárez, explicaba en una larga charla con este periódico que uno de los rasgos de su compañía era lo bien armado que estaba su consejo de administración, cuyos miembros representan alrededor del 50% del capital. La estabilidad de los mayores accionistas ha sido, con el paso de los años, sello de la casa en una firma que da bastantes alegrías y casi ningún disgusto a sus propietarios. Las acciones apenas se mueven (tiene un 22% de free float), en especial las del mayor accionista, Inverlasa, el grupo del multimillonario y discreto matrimonio formado por Víctor Ruiz y Rosario Lafita. En el consejo están representados por su hija Ana junto con Juan José Suárez y Rodrigo Unceta, estos últimos trabajadores del holding. Su posición, del 29,6%, hace tiempo que los sitúa al borde de la opa.
Pero en el último viernes de julio del verano más cálido de la historia de España esa calma puede haber terminado. Ohmnia, un conglomerado industrial vasco formado por una veintena de sociedades presidido por el empresario José Antonio Jainaga (presidente a su vez de Talgo y de Sidenor), anunciaba una oferta por Azkoyen a 10 euros por título y en efectivo, un precio que supone valorar al fabricante de máquinas de vending en 244 millones de euros. La noticia sorprendió, porque las acciones de Azkoyen cerraron ese día en 11,4 euros y habían llegado a la cota de 14 euros el 6 de julio, antes del pago de dividendos.
¿A quién le iba a interesar una oferta por debajo de lo que marca el mercado? A priori, esa prima negativa puede no tener mucho sentido para seducir a los accionistas, pero en las últimas semanas el valor de cotización se ha quedado clavado en esos 10 euros.
La oferta no fue solicitada, y el grupo navarro ha declarado que no hay ningún tipo de pacto con el pretendiente. También es cierto que la cotizada firmó un acuerdo de confidencialidad el pasado 30 de marzo para que, en junio, Ohmnia pudiese acceder a parte de su información financiera con el fin de evaluar si planteaba o no la operación, que finalmente ha sido calificada por el consejo de Azkoyen como “amistosa”.
Azkoyen, valorada en 5,5 veces su ebitda, parece un caramelo si atendemos a las perspectivas de futuro que presenta. La empresa que ansía incorporar Jainaga tiene uno de los ratios de deuda más bajos de la Bolsa española (13 millones al cierre del primer semestre) y con una facturación de 211 millones (2025) ha presentado resultados récord en los últimos tres ejercicios.
Un análisis realizado por la firma de inversión independiente Sadif antes de conocerse la operación describía las perspectivas positivas del valor: “La gestión de Azkoyen se considera eficiente (…). Sus sólidos indicadores financieros son el resultado de una gran eficiencia en la generación de caja, una posición financiera prudente y un desempeño satisfactorio. Las previsiones de negocio de la compañía son favorables”, explicaba.
El movimiento tiene varias dimensiones: la industrial por lo que puede ganar el comprador al integrar nuevas capacidades; la de oportunidad (o no) para los accionistas, y una última política, ya que Ohmnia tiene como socia a Finkatze Kapitala Finkatuz (sociedad del Gobierno vasco). Recordemos que la toma de Talgo por parte de Jainaga tuvo el respaldo, además de la Sepi, del Gobierno vasco. El Gobierno navarro, liderado por María Chivite, por cierto, reaccionó al anuncio apelando al “arraigo industrial” en la región.
La intención del comprador está clara: no excluiría a Azkoyen de la Bolsa, pero terminaría realizando una fusión inversa, en la que el pez pequeño se come al grande. Con 1.000 trabajadores, Ohmnia factura 190 millones (21 menos que la opada) y tiene un ebitda de 27 (11 millones menos). Si consigue comprarla, sus empresas se podrán beneficiar de tres familias de tecnologías de alto valor añadido (máquinas de café y vending; sistemas de pago, y control de accesos y seguridad), con un marcado perfil exportador. “Es una oportunidad para compartir conocimiento y colaborar para desarrollar soluciones industriales más avanzadas, especializadas y de mayor valor añadido”, describe la propuesta, que cuenta con el apoyo de dos nuevos socios inversores: la Fundación Bancaria BBK e Indar Kartera.
“Son negocios perfectamente complementarios en la cadena de valor”, detalla una fuente próxima al grupo vasco: “Aparte de tener una empresa el doble de grande, con lo que ello supone para el crecimiento y los márgenes, permitiría a la empresa resultante fabricar todo el metal y toda la electrónica que nececesita”. En suma, el grupo fusionado facturaría 400 millones con 65 de ebitda y promete “un proyecto industrial a largo plazo” sustentado en una corporación que se enfoca en la fabricación electrónica y metálica para sectores como la energía, salud, defensa o ferrocarril. Incluso podría ser mayor, ya que Ohmnia, a preguntas de este diario, traslada que continuará “con su filosofía de generación de valor a través del crecimiento inorgánico, por lo que prevé tener un tamaño similar a Azkoyen cuando se formalice la opa”.
No está tan claro qué ganarán los vendedores. Entre las muchas claves para que salga adelante la operación, una de las más poderosas está en Inverlasa. El matrimonio Ruiz-Lafita es dueño, junto con las familias Zozaya y Sucunza, de Berkelium, un holding con una potente presencia en el sector del automóvil a través de Icer Brakes, que es un gran fabricante de pastillas de frenos con sede en Pamplona. Una venta de su paquete despejaría mucho el camino de Jainaga, que ha condicionado la opa a conseguir más de un 50% de los títulos. Pero también significaría una pérdida importante de músculo industrial para Berkelium al desprenderse de una firma con 80 años de historia.
Detrás de ellos están el resto de los accionistas, a los que Ohmnia quiere ofrecer “una ventana de liquidez a un precio atractivo en comparación con los precios históricos del valor”, algo que es cierto, porque más allá de la última escalada a partir de abril, en los últimos años siempre ha cotizado por debajo del precio ofrecido. El resto de los grandes propietarios son familias de apellidos conocidos. Carolina Masaveu, a través de Crisgadini, cuenta con un 12,05% y un miembro en el consejo (ocupado por Diego Fontán, su esposo). Los Suárez-Zuloaga, descendientes del pintor de Eibar Ignacio Zuloaga, ostentan otro 8,5%, y por último está Karmele Troyas, hija del fundador Luis Troyas Osés, que con su 5% también tiene un puesto en el consejo (representado por Arturo Leite). Con paquetes de alrededor del 6% figuran Mallorquina de Seguros y el Banco Santander Asset Management.
Tras el anuncio previo del mes de julio y la solicitud de autorización de la oferta de finales de agosto, la CNMV anunció este viernes que admite a trámite la opa, lo que significa que ha comenzado la cuenta atrás para su desenlace. Las familias, como en la serie Juego de tronos, tendrán que mostrar sus cartas.
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