Con el calor del verano, presente incluso en los primeros días del otoño, se hace difícil pensar en un crudo invierno, pero, si llega, tendrá un efecto devastador en la economía europea. Bank of America alerta en un contundente informe publicado este viernes de que el precio del gas natural europeo se podría disparar a los niveles de 2022 si el próximo invierno es frío. La perspectiva no es nada favorable para esperar que el gas se abarate. Aun al contrario, Europa inicia el otoño con unos niveles de almacenamiento en mínimos, sufriendo la reducción de las exportaciones de Qatar y compitiendo duramente con los compradores asiáticos por el gas natural disponible. Un invierno frío puede dar la puntilla a un horizonte para el corto plazo ya de por sí sombrío, hasta el punto de devolver a Europa a los momentos más oscuros de hace cuatro años, cuando la guerra en Ucrania catapultó el coste de la energía en el continente y desató una dolorosa espiral inflacionista.
Los bajos niveles de reservas, la dura competencia con Asia y la reducción del suministro de Qatar pueden disparar aún más el coste energético
Con el calor del verano, presente incluso en los primeros días del otoño, se hace difícil pensar en un crudo invierno, pero, si llega, tendrá un efecto devastador en la economía europea. Bank of America alerta en un contundente informe publicado este viernes de que el precio del gas natural europeo se podría disparar a los niveles de 2022 si el próximo invierno es frío. La perspectiva no es nada favorable para esperar que el gas se abarate. Aun al contrario, Europa inicia el otoño con unos niveles de almacenamiento en mínimos, sufriendo la reducción de las exportaciones de Qatar y compitiendo duramente con los compradores asiáticos por el gas natural disponible. Un invierno frío puede dar la puntilla a un horizonte para el corto plazo ya de por sí sombrío, hasta el punto de devolver a Europa a los momentos más oscuros de hace cuatro años, cuando la guerra en Ucrania catapultó el coste de la energía en el continente y desató una dolorosa espiral inflacionista.
El precio del gas natural en Europa, tomando como referencia el futuro del TTF que se negocia en Países Bajos, se ha disparado el 125% desde finales de febrero, cuando dio comienzo la guerra de EE UU e Israel con Irán que ha llevado al bloqueo del estrecho de Ormuz. Su precio, ahora por encima de los 70 euros el megavatio hora, aún está muy lejos de los más de 300 euros a los que se desbordó en agosto de 2022, cuando Rusia cerró el grifo del suministro tras su invasión a Ucrania. Desde entonces, la economía europea ha aprendido a funcionar con un menor consumo de gas natural, lo que ha ayudado a salvar las distancias con aquel shock energético. Pero el entorno sigue siendo muy desfavorable para un abaratamiento del gas natural y los factores que presionan al alza su precio se hacen cada vez más presentes.
Bank of America prevé que el gas natural en Europa alcance una media de 100 euros en el cuarto trimestre, si bien avisan de que “un invierno frío podría impulsar el precio hasta los máximos de 2022 ya que los consumidores y los gobiernos se disputan los suministros”. La escasez es la clave, ya que Europa encara el otoño con los niveles de almacenamiento más bajos en más de una década, inferiores incluso a los registrados durante la subida de precios de 2022. Según datos de la semana pasada, los niveles se sitúan en el 70%, por debajo de la media de los últimos diez años, que es del 86%.
Bank of America explica que Europa ha tenido dificultades para reponer las reservas de gas en un mercado en el que los precios al contado son más bajos que a plazo y apunta además a que “Europa no ha sido lo suficientemente competitiva a la hora de llenar los almacenes”. Ello incluso a pesar de que el TTF, el precio del gas en Europa, se ha cotizado con descuento respecto a la referencia del gas natural licuado en Asia, el JKM (Japan Korea Marker). La elevada dependencia de Asia del gas que circulaba por Ormuz ha llevado a los países del continente a buscar proveedores alternativos, una tarea en la que han sido especialmente activos en los últimos meses, dificultando aún más el acopio de suministro de Europa. “Las importaciones asiáticas de gas natural licuado se han recuperado recientemente, con las importaciones de julio cercanas a los máximos estacionales y las de agosto cercanas a la media de los últimos cinco años”, señala Bank of America.
El origen del problema está en la guerra en Irán y el bloqueo de Ormuz, que ha dejado fuera de juego a Qatar como gran proveedor de gas al mundo. “Qatar representaba alrededor del 90% de los volúmenes de gas natural licuado que transitaban por el estrecho de Ormuz antes de la guerra. Sus exportaciones son especialmente vulnerables porque, al igual que los Emiratos Árabes Unidos, Qatar no dispone de una ruta viable para el gas natural que evite el paso por el Estrecho”, explica el banco estadounidense. El país podría tardar un mes o más en reanudar sus operaciones de gas natural licuado en las unidades no dañadas por el conflicto con Irán, una vez que Ormuz volviera a ser lo suficientemente seguro para el tránsito. Sin embargo, según apunta Bank of America, tardaría entre tres y cinco años en reparar las dos unidades que han resultado dañadas durante la guerra. En definitiva, el suministro tardará mucho en volver a la situación previa al conflicto y el aumento de producción de EE UU, Canadá, Malasia y Nigeria no basta para cubrir el vacío catarí.
A ello se añade el menor suministro de gas por parte de Rusia: Europa está en plena cuenta atrás para la eliminación de las importaciones de gas natural ruso decidida por la UE y que en principio está previsto que entre en vigor el próximo 1 de enero. “La semana pasada, Ucrania informó de ataques con drones a unas 2.000 millas dentro de Rusia, en la remota región ártica de Yamal, pero la infraestructura de gas natural licuado parece no haber sufrido daños por el momento”, añade la entidad.
¿Se dirige entonces el mundo a un shock energético como el de 2022? Bank of America cree que “probablemente no por ahora, ya que los precios de la energía y los tipos de interés no son lo suficientemente altos como para frenar la demanda en una economía mundial en rápida expansión (en términos nominales)“. En Europa, la demanda de gas sigue estando hoy en día más de un 16% por debajo de los niveles de 2021, aunque ese supuesto elemento a favor también pueda llegar a volverse en contra. ”La destrucción incremental de la demanda resulta aún más costosa en la actualidad, dados los cierres de centrales nucleares y de carbón, así como las pérdidas de actividad industrial registradas desde entonces (2022). Sobre todo teniendo en cuenta el retraso que supondrá que Qatar vuelva a abastecer el mercado”, concluye Bank of America.
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