El plan del presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, para que sean los mercados libres los que fijen el coste de la financiación parece haber durado apenas tres meses. El pasado miércoles, el Tesoro de EE UU anunció un aumento de las recompras de bonos con vencimientos de 10 a 30 años, una intervención llamativa en un momento en que los rendimientos escalaban a niveles no vistos en casi dos décadas. Recuerda a la maniobra bautizada como Operación Twist que se empleó en los años sesenta y en la década de 2010. Esta vez, sin embargo, choca con el empeño de Warsh por forzar a los inversores en bonos a aceptar mucha menos orientación sobre la política monetaria. El twist and shout simultáneo solo producirá disonancia.
El Tesoro amplía la recompra de deuda a largo plazo mientras la Reserva Federal se niega a dar pistas sobre los tipos
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
El Tesoro amplía la recompra de deuda a largo plazo mientras la Reserva Federal se niega a dar pistas sobre los tipos

El plan del presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, para que sean los mercados libres los que fijen el coste de la financiación parece haber durado apenas tres meses. El pasado miércoles, el Tesoro de EE UU anunció un aumento de las recompras de bonos con vencimientos de 10 a 30 años, una intervención llamativa en un momento en que los rendimientos escalaban a niveles no vistos en casi dos décadas. Recuerda a la maniobra bautizada como Operación Twist que se empleó en los años sesenta y en la década de 2010. Esta vez, sin embargo, choca con el empeño de Warsh por forzar a los inversores en bonos a aceptar mucha menos orientación sobre la política monetaria. El twist and shout simultáneo solo producirá disonancia.
En 1961, la primera Operación Twist —bautizada en honor al baile que entonces arrasaba en el país— buscaba mantener los rendimientos a corto plazo lo bastante altos como para atraer entradas de capital, mientras empujaba a la baja los tipos a largo para estimular la inversión productiva. El manual consiste en aumentar las ventas de letras en el tramo corto mientras se recompran bonos. Esta semana, tras un repunte de los rendimientos a 30 años, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha acabado recreando esa combinación. El miércoles logró provocar un pequeño rebote de los bonos.
La teoría dice que, aunque todos los rendimientos de la deuda están influidos por dónde creen los inversores que los bancos centrales fijarán los tipos de interés, el juego de las expectativas pesa mucho más en los vencimientos cortos. En el tramo largo de la curva, la incertidumbre sobre la inflación y el crecimiento debería ser más determinante, de ahí la llamada prima por plazo que exigen los inversores. Eso, a su vez, hace que los precios de los bonos sean más sensibles a cambios sutiles en la oferta. Y de ahí las recompras.
Sin embargo, un estudio de 2011 de investigadores de la Fed de San Francisco apunta a que la Operación Twist original solo rebajó los rendimientos unos 15 puntos básicos, pese a que las recompras equivalieron al 1,7% del PIB. La edición de 2011 dejó más huella, pero logró como mucho una reducción de 60 puntos básicos y a costa de gastar el 4,1% del PIB, según un documento de 2012 del Banco de Pagos Internacionales. En comparación, este último aumento de las recompras apenas se nota. Y, de hecho, el jueves los rendimientos volvieron a repuntar.
Lo que las dos últimas décadas demuestran de forma abrumadora es que las intervenciones de los bancos centrales en el mercado de deuda solo tienen efectos duraderos cuando se usan como señal de la futura política monetaria. Pero toda la agenda de Warsh consiste en no señalar nada. Su visión es que el coste de la financiación deben fijarlo las fuerzas del mercado, y no la orientación excesiva del presidente del banco central. A Bessent, que ya insinúa una intervención mayor, le toca arreglar cualquier caos en los mercados.
La incertidumbre creada por el banco central pesará probablemente más que esos esfuerzos. Entre 1942 y 1951, la Fed intentó poner directamente un techo a los rendimientos, y fracasó cada vez que los mercados percibieron un conflicto con la fijación de tipos de los propios funcionarios. El Tesoro puede bailar el twist cuanto quiera: la Fed está gritando que los inversores no deberían seguirle el ritmo.
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