
El Banco Central Europeo (BCE) ha situado a la inteligencia artificial (IA) como uno de los principales riesgos a combatir para las entidades de la zona euro. Pedro Machado, uno de los miembros del consejo de supervisión de la institución, ha reclamado al sector que modifique sus protocolos de gobernanza interna para adaptarlos a la irrupción de esta nueva tecnología en una conferencia que ha inaugurado este viernes en Madrid.
Las entidades enviaron la semana pasada su plan de acción para hacer frente a la irrupción de Mythos
El Banco Central Europeo (BCE) ha situado a la inteligencia artificial (IA) como uno de los principales riesgos a combatir para las entidades de la zona euro. Pedro Machado, uno de los miembros del consejo de supervisión de la institución, ha reclamado al sector que modifique sus protocolos de gobernanza interna para adaptarlos a la irrupción de esta nueva tecnología en una conferencia que ha inaugurado este viernes en Madrid.
La IA se ha convertido en una verdadera preocupación para el regulador, pendiente de su evolución ya desde inicios de año. Su vigilancia coincidió con los avances de uno de los gigantes en el área, la compañía estadounidense Anthropic, y, en particular, con la irrupción de su potente nuevo modelo conocido como Mythos, del que destaca su capacidad para escanear las barreras cibernéticas de una compañía y explorar entonces sus debilidades para favorecer ciberataques. El regulador europeo, así como sus homólogos de buena parte del mundo, temen que esta herramienta pueda caer en malas manos y provoque que los bancos experimenten fugas de información o incluso de fondos de sus clientes.
Por ello, la institución que pilota Christine Lagarde ha venido realizando en los últimos meses unas rondas de reuniones con las principales entidades financieras europeas para conocer de primera mano la situación del sector. Como colofón, envió una remesa de cartas a los presidentes ejecutivos y consejeros delegados de las principales entidades. Se trata de una de sus herramientas de más alto nivel para instruir a las entidades, y en ella reclamó que se detallase un plan de acción con medidas concretas para hacer frente a este riesgo y que lo remitieran a Fráncfort antes del pasado 31 de octubre.
El BCE ya cuenta, por tanto, con toda la información y ha extraído las primeras conclusiones. “Quizás la gobernanza no sea la más adecuada para los riesgos de la IA. Los bancos tienen que hacer cambios”, ha afirmado Machado. En concreto, ha reclamado que en esta cuestión estén involucrados distintos órganos de las entidades y fundamentalmente el equipo directivo, para velar que entienden el impacto y controlan los riesgos asociados a esta tecnología. “Esto significa que los bancos van a tener que repensar la parte de los marcos de apetito de riesgo de cara a la adopción de la IA”, ha explicado. También ha puesto el acento en que velarán por cómo participa el ser humano en la toma de decisiones en estos contextos.
El otro ámbito en el que el BCE reclama cambios es en que velar para que los equipos que trabajan sobre la IA no estén muy disgregados por todo el banco, lo que califica como “evitar la fragmentación”. En este sentido, Machado ha felicitado los cambios organizativos que ya ve que están tomando los bancos y ha asegurado que buscan evitar que los especialistas de IA estén divididos entre las áreas de negocio, de tecnología y otras divisiones de las entidades. De este modo, el BCE busca que las líneas de mando y de responsabilidad estén bien definidas.
En este mismo evento, organizado por el BCE y la start-up de IA en finanzas Zango AI, ha intervenido la responsable de supervisión del Banco de España, Mercedes Olano. Ella es la encargada de velar por el uso de la IA en las entidades pequeñas en España, ya que las grandes están en manos del BCE. Así, ha explicado que han incluido en la carta que remiten a las entidades al final de cada ejercicio inspector (el conocido como SREP) la petición de que tomen medidas a medio y largo plazo para asegurarse de que se mantiene la resiliencia operativa de manera más rápida y efectiva.
Igualmente ha alertado de la brecha que acrecienta la IA entre las entidades grandes y las pequeñas. Ha concretado que el análisis que está realizando este supervisor no es tanto por tecnología, sino por cada uso concreto. También ha explicado que, en el caso de esta herramienta, no pueden aplicar la proporcionalidad habitual de la supervisión, exigiendo información menos prolija y detallada a las entidades más pequeñas. En este sentido, ha apuntado a la importancia de que bancos grandes, medianos y pequeños colaboren para contruir un mismo paraguas que las proteja de los riesgos inherentes a la IA.
El papel de las entidades lo ha defendido la directora general de la Asociación Española de Banca (AEB), María Abascal, quien ha reconocido que existe el espacio para reforzar la gestión interna de las entidades y, a la vez priorizar la aceleración de los tiempos de parcheo. Igualmente ha reclamado un enfoque adecuado del los supervisores, con certidumbre jurídica y evitando una fragmentación en multitud de reguladores.
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