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  Economía  El cheque electoral de Trump enciende las alarmas con el mercado de deuda al rojo vivo
Economía

El cheque electoral de Trump enciende las alarmas con el mercado de deuda al rojo vivo

12 de septiembre de 2026
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La promesa hecha el miércoles pasado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que dará 5.000 dólares a todos los “adultos estadounidenses” si los republicanos ganan las elecciones del próximo mes de noviembre dejó tras de sí un reguero de dudas morales, legales, políticas o de procedimiento. Y entre todas ellas, la más urgente: ¿será capaz de cumplirla, o tan solo se trata de otra maniobra de distracción que sumar a la lista de prebendas similares anunciadas y nunca llevadas a puerto?

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 La promesa de 5.000 dólares para todos los “adultos estadounidenses” si los republicanos ganan en las legislativas muestra el desdén de la Casa Blanca sobre el déficit  

La promesa hecha el miércoles pasado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que dará 5.000 dólares a todos los “adultos estadounidenses” si los republicanos ganan las elecciones del próximo mes de noviembre dejó tras de sí un reguero de dudas morales, legales, políticas o de procedimiento. Y entre todas ellas, la más urgente: ¿será capaz de cumplirla, o tan solo se trata de otra maniobra de distracción que sumar a la lista de prebendas similares anunciadas y nunca llevadas a puerto?

Además de críticas por su apariencia de operación para comprar votos, el órdago electoralista-populista lanzado a la desesperada para evitar un descalabro en las urnas también hizo saltar las alarmas económicas. Fue interpretado por los analistas como una mala idea en un entorno inflacionario, donde el endeudamiento del Tesoro ha superado por primera vez los 40 billones de euros y cuyos costes de financiación rozan los niveles más altos desde antes de la quiebra de Lehman Brothers, en 2008.

No está aún claro qué entiende Trump por “adultos”, porque no lo especificó en el discurso en el que hizo el anuncio, durante una convención republicana convocada en Dallas a mayor gloria de sí mismo. La promesa podría llegar a añadir a la deuda estadounidense hasta 1,3 billones de dólares (alrededor de 1,1 billones de euros) si cubre a los 270 millones de posibles candidatos, según el último censo. El republicano sí especificó que ese dinero es para gastarlo en Estados Unidos y no en “Canadá, China o Alemania”.

Estímulos como el que plantea Trump suelen dejarse para aliviar ciertas emergencias, como una crisis económica o una pandemia, a base de estimular la demanda; las medidas para paliar la covid sumaron 1,9 billones de dólares. Además, no se suele echar mano de ellos cuando la inflación es alta (como es el caso: en agosto, según datos de este viernes, marcó de nuevo un 3,4%, como en julio) a causa del precio del petróleo, disparado por la guerra de Irán.

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Es, de hecho, la inflación la que causa que la Reserva Federal pueda subir los tipos de interés la semana próxima. Y ese cóctel de inflación elevada con desequilibrio presupuestario es lo que está removiendo los cimientos de la deuda americana. La rentabilidad del bono del Tesoro a 10 años, referencia mundial, cotiza esta semana en el umbral del 5%, a milésimas de marcar su nivel más alto en 19 años. Es decir, los inversores exigen cada vez más interés al Tesoro para comprar su deuda, ante un déficit presupuestario (diferencia entre ingresos y gastos) que se prevé cierre el año en el 5,8% del PIB, 1,9 billones de dólares. Es decir, en el caso extremo, la medida de Trump podría duplicarlo.

Entre la locuacidad de Trump y el volumen de la promesa, el mercado no se acaba de creer la propuesta. Pero eso no quiere decir que sea inocua. Padhraic Garvey, analista de ING, escribió esta semana que “aunque es poco probable” que el “dividendo Trump”, que es como el presidente ha bautizado su cheque regalo electoral, esta medida “no es precisamente lo que el tramo largo de la curva quiere oír en la coyuntura actual”. “Si el desembolso se cubriera con nueva deuda, también elevaría las necesidades de financiación del Tesoro […]. El alivio inmediato para los hogares podría convertirse en una factura mayor para el Estado y para quienes necesitan financiarse”, indican los analistas de XTB.

El bono de EE UU a 10 años (Líneas)

La maniobra también parece diseñada para complicarle la vida al secretario del Tesoro, Scott Bessent. No sería la primera decisión del presidente de Estados Unidos en hacerlo. El miércoles, en el mismo discurso en el que prometió su regalo electoral, Trump alardeó sobre el escenario de la convención republicana de que tomó la determinación de declarar la guerra de Irán desoyendo las recomendaciones del jefe del Tesoro, cuya voz imitó burlonamente.

Bessent, profundo conocedor de los mercados financieros, ha tenido un papel clave a la hora de limitar el impacto en Wall Street de las ocurrencias de su jefe. Y su último objetivo parece ser, precisamente, la subida de tipos de interés de la deuda a 10 años. A principios de agosto pactó con Japón intervenir para subir el valor del yen, cuidándose de que Tokio no vendiera su gigantesca cartera de deuda americana, de la que es el primer tenedor extranjero con 1,1 billones.

A finales de mes, Bessent sorprendió al mercado al duplicar el ritmo al que el Tesoro compra deuda a largo plazo. El movimiento supuso enmendar una estrategia rutinaria aprobada hace dos semanas, y coincidió con los récords en la deuda a 30 años, lo que se interpretó como una vía de intervención en el mercado. Los inversores no compraron el farol pues, en cierto modo, se trata de soplar y sorber (comprar deuda a largo plazo emitiendo más a corto) y, además, su alcance es limitado (cada operación es de 4.000 millones). Aun así, esta semana, y a la luz de nuevos máximos de la deuda, el Tesoro volvió a subir la apuesta con una compra de 6.000 millones. Tampoco funcionó.

A los poderosos inversores en bonos, grandes instituciones que se mueven a paso lento pero inapelable, les preocupa el desequilibrio de las cuentas de EE UU. “En nuestra opinión, la reducción del déficit es la única ancla duradera para las rentabilidades del tramo largo”, indicó en agosto Pimco, la mayor gestora de deuda del mundo. “En Estados Unidos, el déficit se ha vuelto en gran medida insensible a las necesidades económicas subyacentes, aumentando con fuerza incluso en una economía sólida”.

Ningún analista espera que los inversores huyan de la deuda americana. Pero sí que se lo piensen dos veces a la hora de comprarla. O que redistribuyan su cartera. Es, precisamente, lo que ha propuesto el mayor fondo soberano del mundo, el que gestiona los dividendos petroleros de Noruega y cuyo patrimonio suma dos billones. La entidad gestora ha propuesto un reajuste para reducir el peso de la deuda en su cartera. La mayor parte es deuda estadounidense.

La preocupación por la deuda a largo plazo no es gratuita, pues además de ser capaces de hacer tambalearse Wall Street, estos activos son la referencia para el mercado hipotecario. Según el índice Freddie Mac, desde que empezó la guerra, el tipo medio de los préstamos para vivienda a 30 años ha subido del 5,98% al 6,76%. A pocas semanas para las elecciones, el estadounidense medio tiene hipotecas más caras, el galón de diésel a seis dólares por primera vez en la historia y la inflación en más del 3%. El coste de la vida ya fue una de las claves de la derrota de Joe Biden hace dos años, y está haciendo mella en Trump a causa de una guerra en Irán tan innecesaria como impopular. Pero su última ocurrencia para remontar en las encuestas, más allá de ser poco creíble, solo refuerza los temores de los mercados sobre el escaso aprecio por las cuentas saneadas de un exmagnate cuyas empresas no siempre pagaban sus deudas. Quizá debería haber empezado por hacer caso a Bessent en febrero.

Tres días después de que el presidente de Estados Unidos soltara la bomba del “dividendo de Trump” sigue sin estar claro que esa promesa sea legal. O si para ponerla en práctica necesitará el acuerdo del Congreso, extremo que él mismo negó el jueves. La ley federal prohíbe la inversión para influir en el voto, pero el bono de las midterms podría salvarse porque el pago se haría efectivo una vez cerradas las urnas. Hay un precedente del Tribunal Supremo que permitió algo similar en Kentucky y otros casos de promesas parecidas, como aquella que lanzaron los demócratas de Georgia en 2020: 2.000 dólares de ayudas por el coronavirus si el partido retenía el Senado estatal.

También hay ejemplos previos de promesas incumplidas de Trump. Como cuando dijo que repartiría un cheque de 2.000 dólares a cuenta de las ganancias de los aranceles y otro de 5.000, para celebrar la reducción de la masa de funcionarios emprendida (y dejada a medias) al principio de su segunda presidencia por el Departamento de Eficiencia Gubernamental de Elon Musk. Sus potenciales destinatarios siguen esperándolos.

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