Los combustibles siguen incendiando los precios y han obligado al Gobierno a ampliar el escudo anticrisis hasta finales de año. El nuevo paquete de ayudas entra en vigor este jueves, día en el que el Boletín Petrolero de la UE sitúa los precios medios de los carburantes en los surtidores españoles en máximos desde 2022, cuando la invasión de Ucrania desató una crisis inflacionaria sin precedentes en décadas: tanto el diésel como la gasolina rondan los 1,9 euros el litro, niveles que no se registraban desde hace cuatro años. El gasóleo es el carburante que más preocupa y que ha registrado la mayor escalada a lo largo de septiembre, con un incremento cercano al 8% pese a que contara con un descuento fiscal mayor al de la gasolina, que por su parte repuntó casi un 7% en el mismo periodo.
Este jueves entra en vigor el nuevo escudo anticrisis para aliviar unos precios de los carburantes que el Boletín Petrolero de la UE sitúa en máximos desde 2022
Los combustibles siguen incendiando los precios y han obligado al Gobierno a ampliar el escudo anticrisis hasta finales de año. El nuevo paquete de ayudas entra en vigor este jueves, día en el que el Boletín Petrolero de la UE sitúa los precios medios de los carburantes en los surtidores españoles en máximos desde 2022, cuando la invasión de Ucrania desató una crisis inflacionaria sin precedentes en décadas: tanto el diésel como la gasolina rondan los 1,9 euros el litro, niveles que no se registraban desde hace cuatro años. El gasóleo es el carburante que más preocupa y que ha registrado la mayor escalada a lo largo de septiembre, con un incremento cercano al 8% pese a que contara con un descuento fiscal mayor al de la gasolina, que por su parte repuntó casi un 7% en el mismo periodo.
El diésel se benefició de una rebaja de 20 céntimos el litro a lo largo del mes de septiembre, frente a los 5 céntimos de descuento aplicados a la gasolina. Esa diferencia, que no ha evitado que el precio del gasóleo escalara rápidamente en los surtidores, se debe a que el escudo anticrisis en vigor hasta este miércoles preveía una bonificación decreciente en el impuesto de hidrocarburos, condicionada a la evolución del Índice de Precios al Consumo (IPC). Ambos carburantes tendrían una reducción de 20 céntimos en julio, que bajaría a 10 en agosto y a 5 en septiembre, salvo que sufrieran encarecimientos mensuales superiores al 15%. En esos casos, la bonificación volvería a situarse en niveles máximos, un supuesto que se dio con el gasóleo —a la escalada del petróleo se le suma la tensión causada por los bombardeos sobre las refinerías rusas y la amenaza de Washington de dejar de exportar gasóleo— y reactivó la ayuda de 20 céntimos.
El nuevo paquete de medidas diseñado para contener el impacto económico de la guerra en Oriente Próximo prevé un esquema parecido. Aprobado el martes por el Gobierno y en vigor desde este jueves, el decreto establece una rebaja de 20 céntimos el litro en el impuesto de hidrocarburos tanto a la gasolina como al diésel a lo largo de octubre, que bajará a 13 céntimos en noviembre y 6 en diciembre, siempre y cuando sus precios no registren alzas interanuales superiores al 15%.
En concreto, si el IPC de la gasolina o del gasóleo de septiembre es mayor en un 15% al dato registrado el mismo mes del año pasado —una información que estará disponible a mediados de este octubre—, la bonificación se mantendrá en 20 céntimos por litro durante el mes de noviembre, bajando a 13 en diciembre. Si el encarecimiento del 15% se registrara en octubre, la bajada de los tipos de gravamen volvería a los 20 céntimos en diciembre.
“Ante la persistencia de las tensiones en los mercados de carburantes, este real decreto-ley mantiene durante octubre la intensidad de la reducción aplicable al gasóleo y refuerza la correspondiente a las gasolinas”, detalla el real decreto publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE). El texto también congela el precio de la bombona de butano, concede ayudas al transporte profesional, fija límites a la subida de la tarifa regulada del gas y recupera la bajada del IVA de la electricidad del 21% al 10% que estuvo en vigor desde marzo a junio, aunque la supedita a un encarecimiento del 15% —en agosto, último dato disponible, fue del 9,2%—. También encomienda a la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia (CNMC) la realización de un análisis sobre la efectividad de las políticas adoptadas en los mercados energéticos y el seguimiento de los precios de los productos alimentarios, para detectar eventuales traslaciones del encarecimiento de los combustibles a la cesta de la compra.
Este es el tercer paquete de medidas que el Gobierno despliega desde marzo, a los pocos días de que Estados Unidos e Israel atacaran Irán y agitaran de nuevo la amenaza inflacionaria. En septiembre, los precios se apuntaron un alza interanual del 4,9%, según el dato adelantado del Instituto Nacional de Estadística (INE), el mayor incremento desde 2023. Ya en agosto había alcanzado el 4,3%, más de un punto por encima del IPC de la zona euro. El precio de los carburantes en los surtidores, en cambio, no es de los más altos del bloque: tanto el diésel como la gasolina superaron los 2 euros el litro, de media, en el conjunto de la UE la última semana de septiembre. Dinamarca es el país que en la actualidad tiene los combustibles más caros, ambos por encima de los 2,5 euros el litro.
Con estos mimbres, la estrategia del Ministerio de Economía pasa por revisar de forma trimestral las ayudas en función de cómo se comportan los precios y ante un conflicto cuya evolución es complicada de prever. La factura total de los apoyos desplegados, incluido el último decreto aprobado esta semana, ronda ya los 12.000 millones de euros.
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