Cuando pensamos en la defensa de un país, nos vienen a la cabeza aviones de combate, fragatas, vehículos blindados, misiles, etcétera. Sin embargo, el primer campo de batalla no está en el aire, en el mar ni sobre el terreno. Está mucho antes: en la ingeniería.
La autonomía estratégica europea no dependerá únicamente del porcentaje del PIB que destinemos a defensa. Dependerá de nuestra capacidad para convertir esa inversión en sistemas reales, en los volúmenes y plazos que requieran las circunstancias
Cuando pensamos en la defensa de un país, nos vienen a la cabeza aviones de combate, fragatas, vehículos blindados, misiles, etcétera. Sin embargo, el primer campo de batalla no está en el aire, en el mar ni sobre el terreno. Está mucho antes: en la ingeniería.
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