La industria del cemento parece ver la luz al final del túnel. El sector se hundió en 2009, con el golpe de la crisis financiera en la construcción, pero ahora remonta el vuelo. El año 2025 marcó un hito, con un aumento del 11,3% en el consumo de este material, hasta los 16,6 millones de toneladas, el mejor registro desde 2011. Y las cifras del primer trimestre de 2026 confirman la tendencia, con un alza del 8,5%, hasta rozar las 3,9 toneladas, a pesar del factor climático. Y es que las intensas lluvias de comienzos de año frenaron el crecimiento de las ventas, pero en marzo los nubarrones se despejaron y el acelerón del 27,7% —el mejor dato en este mes de los últimos 15 años— compensó el frenazo de enero y febrero.
El consumo interno permite al sector dejar atrás la crisis, pero el mayor coste energético lastra las exportaciones
La industria del cemento parece ver la luz al final del túnel. El sector se hundió en 2009, con el golpe de la crisis financiera en la construcción, pero ahora remonta el vuelo. El año 2025 marcó un hito, con un aumento del 11,3% en el consumo de este material, hasta los 16,6 millones de toneladas, el mejor registro desde 2011. Y las cifras del primer trimestre de 2026 confirman la tendencia, con un alza del 8,5%, hasta rozar las 3,9 toneladas, a pesar del factor climático. Y es que las intensas lluvias de comienzos de año frenaron el crecimiento de las ventas, pero en marzo los nubarrones se despejaron y el acelerón del 27,7% —el mejor dato en este mes de los últimos 15 años— compensó el frenazo de enero y febrero.
El sector tiene algunos deberes, entre ellos, recuperar las exportaciones y avanzar hacia la neutralidad climática. En este último reto, el apoyo institucional se ha reflejado en la última convocatoria de los Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE) de Descarbonización Industrial, que ha destinado 341 de los 518 millones de euros presupuestados, el 65%, a iniciativas de la industria cementera.
El negocio cementero remonta, pero aún no está en su mejor momento, aclaran desde la Agrupación de Fabricantes de Cemento de España (Oficemen). “Vemos señales positivas, pero no podemos hablar de una recuperación consolidada. Estamos lejos del nivel de consumo que correspondería a una economía como la nuestra, que requiere más inversión en construcción: 20 millones de toneladas anuales sería lo óptimo”, explica Elena Guede, su directora general. Los visados de vivienda, con su mejor dato desde 2008, y el crecimiento en las infraestructuras vinculado a la obra civil son buenos indicadores, pero la patronal insiste en la necesidad de impulsar la conservación y mantenimiento y la infraestructura nueva en ferrocarriles, carreteras, puertos, etcétera.
La descarbonización es un eje estratégico en una industria responsable del 8% del total de emisiones a escala global. Desde 2015 cuentan con una hoja de ruta sectorial a la que se añadieron hitos y medidas concretas en 2020. El año pasado, los objetivos se actualizaron: en 2030, las empresas reducirán el 42% de las emisiones por tonelada de producto, con los datos de 1990 como base; el recorte llegará al 83% en 2040, y las emisiones netas negativas se debería alcanzar en 2050. Hasta ahora ha habido avances. Entre 2014 y 2024 han reducido un 10% el dióxido de carbono que arroja a la atmósfera, un 18% desde el año base, según la patronal.
Esta apuesta requiere de inversiones millonarias y el apoyo institucional se ha desplegado a través de los PERTE. Cemex, con una adjudicación provisional de 172 millones de euros en la última convocatoria, apuesta por reducir antes que capturar CO2. “Priorizamos la reducción directa de emisiones, como la eficiencia energética, el uso de energía de origen renovable, la sustitución de combustibles fósiles por alternativos, el uso de materias primas descarbonizadas y la innovación en los procesos”, señala Marcelo Catalá, vicepresidente de Planificación Estratégica EMEA de la cementera. Apuestan por la elaboración de productos de baja huella, con reducciones verificadas de más del 60% en hormigón y más del 55% en cemento; el uso del calor sobrante en la elaboración de clínker —materia prima del cemento— para secar los lodos de la depuradora de su planta de Alicante; o la transformación de residuos en combustible alternativo, evitando la emisión de 79.000 toneladas anuales.
Desde Votorantim Ciments confirman la adjudicación provisional de 128 millones de euros para la construcción de parte de la instalación de captura de CO2 en su planta de Toral de los Vados (León). “Esta tecnología permitirá a la fábrica reducir entre el 90% y el 96% de sus emisiones”, asegura Diego Novoa, director general de Sostenibilidad de la empresa. Por su parte, Molins se habría hecho con 41 millones de euros de financiación. La firma ha puesto en marcha actuaciones para convertir más de 680.000 toneladas de residuos industriales en combustible alternativo, con una sustitución energética del 25%, y en 2025 recuperó más de 103.000 toneladas de restos de construcción para fabricar cemento. “El 44% del consumo eléctrico global de la compañía procede de fuentes renovables. En España, el suministro eléctrico es 100% renovable”, aclara Ignacio Machimbarrena, responsable de Innovación, que destaca el proyecto junto a Enagás y Linde para capturar y transportar un millón de toneladas de dióxido de carbono al año de su fábrica de Sant Vicenç dels Horts (Barcelona).
Heidelberg Materials, que se hizo con fondos de la anterior convocatoria, ha invertido 3,4 millones de euros en su fábrica de Arrigorraga (Vizcaya) para reutilizar residuos y producir cemento, y ahora inyectará otros 17 millones para mejorar el uso de combustibles alternativos, mientras que la planta de Añorga (Guipúzcoa) destina 8,6 millones de euros a elaborar el material con menor huella de carbono. Su director general, Carlos Sánchez Galán, detalla su meta: “Ofrecer alternativas circulares para el 50% de los productos de hormigón en 2030 y conseguir que más del 50% de los ingresos provengan de productos sostenibles”.
¿El punto negro? Las exportaciones. En el primer trimestre retrocedieron casi un 15%, hasta las 887.472 toneladas, una evolución negativa que arrastran desde hace tiempo. España ocupó hace unos años una posición de liderazgo: en 2016 exportó cerca de 10 millones de toneladas al extranjero. Pero en 2025 fueron solo 4,5 millones. La causa, según Oficemen, es la pérdida de competitividad ligada a los costes energéticos, la regulación y la carga impositiva. De ahí que reclamen la regularización de los servicios de ajuste, incrementados tras el apagón; la reducción en un 80% de la tarifa de peajes aplicables a los sectores de consumo electrointensivo, que incluía el Real Decreto Ley 7/2025, conocido como “decreto antiapagones”, pero que fue derogado en el Congreso; y la eliminación del impuesto sobre el valor de la producción de energía eléctrica (IVPEE).
Otro desafío es la mayor presencia de mujeres en sus plantillas —son el 14% a escala sectorial—, la atracción de perfiles cualificados y técnicos para sus fábricas. Y también consolidar los avances en digitalización: hoy los hornos y molinos se gestionan con apoyo de la inteligencia artificial y de redes neuronales para optimizar las mezclas, el proceso productivo y el consumo energético.
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