El sector turístico español volvió a pulverizar récords en julio. Llegaron 11,5 millones de viajeros extranjeros, por encima de los 11,2 millones de agosto de 2025 que hasta ahora suponían la cima histórica. Y, más importante todavía, el gasto asociado se elevó por encima de los 18.000 millones, de nuevo una plusmarca en la serie estadística.
Con los 100 millones de visitantes en el horizonte, España debe impulsar el sector sin comprometer su sostenibilidad
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
Con los 100 millones de visitantes en el horizonte, España debe impulsar el sector sin comprometer su sostenibilidad


El sector turístico español volvió a pulverizar récords en julio. Llegaron 11,5 millones de viajeros extranjeros, por encima de los 11,2 millones de agosto de 2025 que hasta ahora suponían la cima histórica. Y, más importante todavía, el gasto asociado se elevó por encima de los 18.000 millones, de nuevo una plusmarca en la serie estadística.
Eso supone que en los siete primeros meses del año España ha recibido a más de 58 millones de turistas. Y que estos se han gastado más de 82.000 millones. Son cifras abrumadoras, como todas las que envuelven al sector desde hace más de una década (con la notable excepción de los años de la pandemia). Esta evolución reciente hace pensar que 2026 será el ejercicio en el que se supere la barrera de los 100 millones de turistas, que hasta hace no tanto parecía un límite inalcanzable.
El turismo español ha convertido esa meta en posible, y en ese proceso se han hecho muchas cosas bien. Con la reforma laboral mediante, hay indicadores que apuntan a que la calidad del empleo en el sector ha mejorado. El reparto de los viajeros en los distintos meses del año también avanza hacia nuevos equilibrios. Y, sobre todo, se ha logrado incrementar el gasto muy por encima de lo que lo hacen las llegadas, no fiando todo el crecimiento al volumen por el volumen.
Esto ya indica que, por más que sea una cifra redonda, los 100 millones de viajeros ni son ni pueden ser un objetivo en sí mismo. En el desarrollo del turismo español cuenta sobre todo el cómo. Y a las bondades antes apuntadas conviene añadir algunos peros. El laboral es que pese a todo lo que se ha hecho, queda mucho por hacer. El de la desestacionalización, que el avance no impide que la dependencia de la temporada alta sea todavía muy elevada (en torno a un tercio del total de viajeros anuales). Y al del gasto, que el incremento se da en un contexto claramente inflacionista, y conviene afinar con los precios porque el milagro turístico español (que es casi tanto como decir el milagro económico español) descansa en gran parte sobre la competitividad precio.
Es momento pues de celebrar los logros, pero también de insistir en la responsabilidad de Administraciones y sector para preservar el dinamismo. Una labor en la que no conviene olvidar que el desarrollo turístico también presiona sobre límites sociales y medioambientales. Es difícil, pero obligado, apoyar a una industria clave para el país y al mismo tiempo avanzar en una sostenibilidad que evite los efectos más perniciosos de la saturación.
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