La etapa de la carrera ya tiene su línea de meta: el 3 de enero. Ese día Isabel Schnabel dejará su puesto en el comité ejecutivo del Banco Central Europeo para incorporarse al influyente departamento de política monetaria y mercados de capitales del FMI, adelantando un año su salida del banco. El movimiento de la economista alemana deja un hueco en el órgano de gobierno de la autoridad europea, en vísperas de un 2027 en el que se abrirán también las vacantes de economista jefe (ocupado por el irlandés Philip Lane) y sobre todo la de la presidencia. Christine Lagarde, además, ha dejado la puerta abierta a dejar la plaza antes de completar su mandato en octubre de 2027.
El mundo financiero avala la candidatura de Hernández de Cos a la presidencia del Eurobanco ante un 2027 en el que se renovarán tres puestos clave de su comité ejecutivo
La etapa de la carrera ya tiene su línea de meta: el 3 de enero. Ese día Isabel Schnabel dejará su puesto en el comité ejecutivo del Banco Central Europeo para incorporarse al influyente departamento de política monetaria y mercados de capitales del FMI, adelantando un año su salida del banco. El movimiento de la economista alemana deja un hueco en el órgano de gobierno de la autoridad europea, en vísperas de un 2027 en el que se abrirán también las vacantes de economista jefe (ocupado por el irlandés Philip Lane) y sobre todo la de la presidencia. Christine Lagarde, además, ha dejado la puerta abierta a dejar la plaza antes de completar su mandato en octubre de 2027.
España ha sido el primer país en postular a su candidato: Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y actual presidente del Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS). El banquero central ya estaba en las quinielas desde hace más de un año, y el ministerio de Economía lleva meses apuntando, en términos genéricos, la conveniencia de que España (que ha perdido un puesto en la cúpula desde que Luis de Guindos dejó la vicepresidencia) juegue un papel importante en la renovación del banco. Pedro Sánchez, menos de 24 horas antes de que el BCE comunicara la salida de Schnabel, ponía sobre la mesa el nombre de Hernández de Cos. Dos días después, el primer ministro neerlandés hacía lo propio con su compatriota Klaas Knot, exgobernador del banco central del país. La decisión siempre tiene carga política: es el Consejo Europeo (es decir, los jefes de Gobierno) quien nombra al comité ejecutivo del BCE, incluida la presidencia.
El mandato de Lagarde al frente del BCE no termina hasta octubre de 2027, pero las capitales europeas podrían pactar su relevo antes de unas elecciones galas de primavera que pueden dar la presidencia a Marine Le Pen. La presidenta del banco ha dejado la puerta entreabierta a la salida anticipada. Si en febrero decía que su “punto de partida” era agotar mandato, este mes respondió “ya veremos” ante una pregunta directa. “Sus comunicaciones públicas han sido intrigantes, a veces sorprendentes”, señala Nicolas Véron, investigador sénior en Bruegel y en el Instituto Peterson de Economía Internacional. “No he visto señales inequívocas en un sentido u otro”, concluye.
En todo caso, la salida de Schnabel en enero y la de Lane, en junio, abren la puerta a una negociación a varias bandas. “Estos puestos no se reparten uno a uno”, resume el responsable económico de una entidad financiera, que habla bajo la condición de anonimato. Un punto de vista expresado el viernes también por el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis: “Será algún tipo de gran acuerdo”. “La carrera está abierta desde hace meses, estamos viendo los últimos coletazos”, explica por su parte un alto cargo financiero. “Las memorias que prevé publicar Lagarde en enero indican una salida anticipada. Y el timing de todo el proceso lo ha marcado Macron desde la salida de Villeroy [François Villeroy de Galhau, gobernador del Banco de Francia dimitido en febrero], y de la mano de Alemania”, concluye. “No es inevitable que se negocien como un paquete; podemos ver nombramientos secuenciales”, sostiene por su parte Véron.

Sí hay consenso en la excelente reputación de los dos principales candidatos que están ahora sobre la mesa, Knot y Hernández de Cos. “Soy optimista. Son dos grandes candidatos, pero algunos observadores con mucho conocimiento ponen a Pablo como favorito”, apunta un alto cargo financiero. “Pablo está bien posicionado porque supone una línea continuista con Lagarde: es comedido, va dato a dato y tiene un enfoque de política monetaria neutro”, explica Mariano Valderrama, responsable de análisis económico de Intermoney. Es decir, ni es demasiado halcón (partidario de tipos altos para contener la inflación) ni paloma (que admite tipos más bajos para no enfriar la economía en exceso).
Otras fuentes del sector financiero coinciden. “En una carrera de galgos, Pablo está ligeramente por delante”, explica una de ellas. “En el mercado [a Hernández de Cos] se le ve como excepcional, incluso por encima de Klaas”, explica otra. El papel del español como director gerente del BIS (y expresidente de la asociación latinoamericana Cemla) le da un plus de ascendencia sobre los bancos centrales. Knot ha presidido el Consejo de Estabilidad Financiera, el FSB, organismo dependiente del G20. Según una encuesta del think tank OMFIF publicada en Financial Times en abril, el español es el candidato más cualificado.
“Son muy comparables, son economistas y banqueros centrales contrastados, y centristas en política monetaria”, apunta Véron. “Les conecta que no están capturados por su origen: Knot viene de un país frugal, pero ha demostrado capacidad para tomar las decisiones correctas, al igual que Hernández de Cos a la inversa. No están muy lejos”, añade. Todas las fuentes consultadas en España coinciden en que, más allá del apego personal al exgobernador o del componente nacional, Knot sería también una excelente opción para el puesto. “Todo dependerá de cómo jueguen sus bazas los países”, concluye Valderrama.
Alemania es la primera economía de Europa y el país con más peso en la Unión. Pero ya ocupa puestos críticos en las instituciones europeas: la presidencia de la Comisión Europea está en manos de Ursula von der Leyen y el influyente Mecanismo Único de Supervisión bancaria está presidido por Claudia Buch. “Eso no hace imposible que obtenga la presidencia, pero es un viento en contra. Tampoco es todo blanco o negro; con Lagarde parecía imposible que Francia ocupara la presidencia, solo un mandato después de Trichet, pero fue así”, apunta Véron. Además, a día de hoy Berlín no parece tener un candidato claro. “A Merz no le gusta Nagel [Joachim, presidente del Bundesbank, banco central alemán y vinculado al partido socialdemócrata] para el BCE, y tampoco para el Bundesbank”, explica un economista. “Pablo encaja ahí porque daría opciones de que Nagel fuera al BIS, que estaría de acuerdo, y permite a Merz de nombrar a alguien para el Bundesbank más de su agrado”, remarca.
En el juego de las sillas, no obstante, no se dirime un puesto, sino tres, y todos importantes. Por tradición, los cuatro grandes países (Alemania, Francia, Italia y España) tienen un asiento en el comité ejecutivo del BCE, compuesto de siete miembros. Es el órgano de gobierno que rige los destinos y las prioridades del banco. Las decisiones de política monetaria están en manos del Consejo de Gobierno, donde al comité se unen los responsables de los 21 bancos centrales nacionales en un sistema rotatorio que deja sin voto a seis países en cada reunión. El poder ejecutivo y un voto adicional (y de carácter permanente) en las decisiones de tipos de interés son dos caramelos muy atractivos para cualquier estado miembro de la eurozona.
El mercado da por hecho que Francia y Alemania (que perderán a su representante actual) mantendrán una silla. Algunas fuentes apuntan al alemán Tobias Adrian, un economista de mucho peso y al que Schnabel releva en el FMI, pero con los cambios de 2027 salen las dos únicas mujeres del comité. La agencia Bloomberg apunta, así, los nombres de la economista Ulrike Malmendier (Alemania) o de las consejeras del Bundesbank Sabine Mauderer y Fritzi Koehler-Geib. Por parte de Francia circulan los nombres de la vicegobernadora Agnès Bénassy-Quéré o la economista jefe de la OCDE, Laurence Boon.

Los tres puestos están sujetos a una negociación política con vasos comunicantes, y donde puede jugar un papel clave la posición de economista jefe. Un cargo que está, a priori, en el radar tanto de Berlín como de París. “Francia puede conservar su puesto en el comité, pero no necesariamente tener al economista jefe, que puede recaer en otro consejero”, añade Véron. “Me sorprende que Francia pueda apoyar a Knot, pero puede ser un apoyo táctico para amarrar ese cargo”, asegura una fuente. El neerlandés, recuerda Valderrama, ha sido muy vehemente con los programas de compras de bonos. Con la prima de riesgo francesa en 100 puntos básicos, la posibilidad de que el próximo presidente del BCE tenga que decidir si respalda con compras la deuda gala (con el mecanismo OMT ideado por Mario Draghi en 2012) no es descabellada.
Las fuentes consultadas apuntan dos ventajas de Hernández de Cos y dos potenciales debilidades. A su favor juega que España es el único de los grandes países de la zona euro (junto a Alemania) que no ha tenido nunca un presidente del BCE. La otra, que Países Bajos ya tiene, sin ser de las cuatro grandes economías, a un representante en el comité ejecutivo. “Frank Elderson quizá no quiera marcharse”, asevera una fuente. En su contra juega una debilidad que comparte con Knot: el riesgo de quemarse por haber empezado demasiado pronto. “Si hay un bloqueo entre dos candidatos oficiales, dentro de ese tipo de negociaciones siempre existe la posibilidad de que un tercero pueda romperlo”, indica Véron. Es lo que ocurrió con Christine Lagarde, después de que Berlín no lograra colocar al halcón Jens Weidmann como sucesor de Mario Draghi. La carrera es de dos… hasta que deja de serlo.
La otra desventaja de Cos se encuentra en el ruedo político, reconocen dos fuentes consultadas: “Sánchez no tiene demasiados apoyos en la UE actualmente”, explica un economista. “Lo que me extraña es que Feijóo no salga apoyándole para que sea un candidato de país; él fue un nombramiento del PP [en el Banco de España]”, añade. En cualquier caso, España está en posición de optar al puesto con más poder económico de Europa. “Al euro lo salvó Draghi”, recuerda otra fuente. “Me sorprende que España tenga al mejor candidato posible y que no sea la prioridad de nuestra política. Deberíamos quemar las naves”, lamenta otro de los expertos.
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