El pasado miércoles era un día importante para Antonio Garamendi, presidente de CEOE. La gran patronal española celebraba su última asamblea general antes de las elecciones que celebrará en noviembre. Había expectación por si el líder patronal anunciaba formalmente su candidatura a la reelección, pero no lo hizo. Aunque sí actuó como si se fuera a presentar, con un tono más político de lo habitual y propio de alguien que piensa seguir al frente de la defensa de los intereses empresariales. Sus palabras, además, desprendieron claras expectativas de fin de ciclo político. Lanzó duras críticas al Gobierno en general y al Ministerio de Trabajo en particular, en uno de los discursos más duros que se le recuerdan.
El responsable de CEOE endurece su discurso político y critica que el Ministerio de Díaz “invada reiteradamente” la negociación entre patronal y sindicatos
El pasado miércoles era un día importante para Antonio Garamendi, presidente de CEOE. La gran patronal española celebraba su última asamblea general antes de las elecciones que celebrará en noviembre. Había expectación por si el líder patronal anunciaba formalmente su candidatura a la reelección, pero no lo hizo. Aunque sí actuó como si se fuera a presentar, con un tono más político de lo habitual y propio de alguien que piensa seguir al frente de la defensa de los intereses empresariales. Sus palabras, además, desprendieron claras expectativas de fin de ciclo político. Lanzó duras críticas al Gobierno en general y al Ministerio de Trabajo en particular, en uno de los discursos más duros que se le recuerdan.
En este escenario, las medidas en materia laboral y de Seguridad Social que el Ejecutivo aún pretende sacar adelante —como reformar el despido, articular la presencia de los sindicatos en los órganos de dirección de las empresas o las medidas contra el absentismo— penden de varios hilos. El más delicado y susceptible de romperse es el del apoyo empresarial.
Las palabras de Garamendi, más contundentes de lo habitual —llegó a pedir un apoyo expreso a los jueces “porque están siendo atacados”—, reactivan unas relaciones marcadas desde hace más de dos años por una abierta hostilidad con Yolanda Díaz. La propia ministra de Trabajo ha utilizado expresiones como “estar de brazos caídos” o “burlarse del diálogo social, el respeto institucional y los trabajadores”, para definir la actitud de la patronal en alguna negociación reciente. Y también ha arremetido personalmente contra Garamendi, del que dijo que no podía “dar lecciones” porque gana el equivalente a 23 veces el salario mínimo interprofesional. También le reprochó “no saber lo que es trabajar 40 horas”.
Ante una audiencia formada por los líderes patronales sectoriales y territoriales, aparentemente sin disidentes, Garamendi presumió el pasado miércoles de unidad empresarial. Pero pasó deprisa por el capítulo de gestión interna de la organización para entrar de lleno en la crítica política. En su intervención, sostuvo que la situación de “inestabilidad institucional” y el “contexto volátil” exigen, a su juicio, “tomar decisiones con visión de futuro, diseño de estrategias y actuar con inteligencia y unión”. Algo que “es muy difícil de conseguir cuando lo que se está gestionando es el último escándalo; cuando se esquiva el Parlamento porque se encuentra bloqueado; o cuando llevamos tres años sin presupuestos”, añadió.
Aunque el líder de CEOE se resistió a sumarse al coro de voces que ha reclamado el final de la legislatura, sí reprochó que “demasiadas veces quienes tienen que tomar decisiones están simplemente más pendientes de sus intereses electorales e ideológicos, o mirando hacia otro lado”. Y ante ello, dijo que los empresarios piden “que se busquen soluciones que den la vuelta a la situación”, en lo que algunos asistentes sí interpretaron como una tibia sugerencia para adelantar los comicios. “Las fórmulas están en el Parlamento”, añadió en otra velada referencia a una posible moción de censura.
Lo que más preocupa a los empresarios
Hechos estos llamamientos, Garamendi quiso precisar que aquello que más preocupa a los empresarios es el profundo bache que atraviesa su relación con las cúpulas de los sindicatos. Con estos se mantienen abiertas hasta 4.000 mesas de negociación de convenios colectivos de todos los ámbitos, como les gusta reconocer a las dos partes. Pero el líder empresarial aseguró que el ámbito negociador bipartito ”ha sido invadido reiteradamente por la acción del Gobierno y, más concretamente, del Ministerio de Trabajo».
A este último y a su equipo de responsables, encabezado por la vicepresidenta Díaz, culpó de boicotear tanto el desarrollo del diálogo a tres bandas —entre Gobierno, patronal y sindicatos—, como el que mantienen los interlocutores sociales al margen del Ejecutivo. “Lejos de facilitar acuerdos en el diálogo social tripartito y dejarnos trabajar en el bipartito, ha monopolizado y condicionado todo espacio de concertación para imponer un ideario político e ideológico”, dijo sobre el ministerio.
En Trabajo, sin embargo, han optado por el silencio y no han respondido a las acusaciones de Garamendi, al que siguen viendo como el responsable de los fracasos de las últimas negociaciones laborales. Pero tanto en público como en privado, llevan tiempo achacando la actitud del presidente de los empresarios a la necesidad de reforzarse ante una posible reelección al frente de CEOE.
La principal víctima a efectos prácticos de la falta de diálogo bipartito es el nuevo Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC). Su negociación está totalmente encallada, pese a que el anterior texto dejó de estar vigente el 31 de diciembre de 2025. Los agentes sociales deberían haber empezado a finales del año pasado a negociar la sexta edición de estos acuerdos, que sirven de guía para fijar los aumentos salariales y otras mejoras de las condiciones laborales a la hora de pactar nuevos convenios.
Fuentes patronales confirman que de momento no está habiendo ningún contacto en firme para tratar el asunto con los sindicatos. Y ello pese a que, en declaraciones a los medios tras su intervención en la asamblea, Garamendi mostró su disposición a hacerlo: “A todos nos gustaría firmar”, señaló. Pero desde que el clima entre Trabajo y la patronal empezó a enrarecerse en 2023, los empresarios apenas han estampado su firma en algún acuerdo. Justo la semana que viene se cumplirán ya dos años sin acuerdos entre los empresarios y Trabajo. Y a la luz de las últimas palabras de Garamendi, la reconciliación parece cualquier cosa menos cercana.
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