Esta semana iba a escribir una columna sobre los aplausos en Cannes y el postureo que siempre hay detrás de las élites artísticas. Iba a participar una semana más en el debate colectivo. Pero vengo de ver un pequeño milagro cultural y, como los milagros no abundan, tengo que contarlo. El milagro se llama Nombrarse Volcán, un festival de poesía y performance en la isla de La Palma que es revolucionario por la forma de pensar arte y territorio.
La rebelión es mirar las pequeñas cosas cuando todo el mundo aplaude en masa a lo que se supone que hay que aplaudir.
Esta semana iba a escribir una columna sobre los aplausos en Cannes y el postureo que siempre hay detrás de las élites artísticas. Iba a participar una semana más en el debate colectivo. Pero vengo de ver un pequeño milagro cultural y, como los milagros no abundan, tengo que contarlo. El milagro se llama Nombrarse Volcán, un festival de poesía y performance en la isla de La Palma que es revolucionario por la forma de pensar arte y territorio.
