
Es desde hace casi 10 años el máximo responsable de Fitch, una de las tres grandes agencias de calificación crediticia del mundo (las otras dos son Moody’s y S&P), los árbitros mundiales que deciden cómo de solvente es una empresa, un banco o todo un país. No obstante, Ian Linnell (York, Reino Unido, 1967) rompe tópicos del sector financiero: conversador cercano, aficionado al ciclismo y con un marcado acento del norte de Inglaterra. Pasa por Madrid y Barcelona dentro de las habituales rondas de contactos con clientes (las empresas pagan por recibir sus ratings) y, abrasado por el calor madrileño, confiesa que la conversación en las familias londinenses hoy gira en torno a la instalación de aire acondicionado. Desde su privilegiada atalaya, ve una economía mundial con señales de enfriamiento y riesgos en el sector financiero. Algo que, insiste, tampoco nos debe asustar, pues la economía siempre ha operado en ciclos.
El presidente de la agencia Fitch avisa del riesgo de burbuja en los mercados financieros y cree que el impacto de la IA en el empleo será negativo a corto y medio plazo
Es desde hace casi 10 años el máximo responsable de Fitch, una de las tres grandes agencias de calificación crediticia del mundo (las otras dos son Moody’s y S&P), los árbitros mundiales que deciden cómo de solvente es una empresa, un banco o todo un país. No obstante, Ian Linnell (York, Reino Unido, 1967) rompe tópicos del sector financiero: conversador cercano, aficionado al ciclismo y con un marcado acento del norte de Inglaterra. Pasa por Madrid y Barcelona dentro de las habituales rondas de contactos con clientes (las empresas pagan por recibir sus ratings) y, abrasado por el calor madrileño, confiesa que la conversación en las familias londinenses hoy gira en torno a la instalación de aire acondicionado. Desde su privilegiada atalaya, ve una economía mundial con señales de enfriamiento y riesgos en el sector financiero. Algo que, insiste, tampoco nos debe asustar, pues la economía siempre ha operado en ciclos.
Pregunta: El tema principal en los mercados es la inteligencia artificial (IA). El BIS alerta de que la exuberancia tecnológica puede terminar en un desplome de la inversión si no se cumplen las expectativas. ¿Está de acuerdo?
Respuesta: Esto va más allá de los riesgos de la IA. Hemos visto los precios muy elevados durante mucho tiempo y en activos que no estaban correlacionados: las Bolsas continúan en máximos, los diferenciales de crédito se han estrechado, las rentabilidades de la deuda pública son bajas, el oro vivió una fuerte subida… Los riesgos en el sistema financiero y en la economía mundial se están acumulando, los geopolíticos en particular, pero los mercados se encogen de hombros y continúan avanzando. La probabilidad de eventos extremos ha crecido, aunque no sea nuestro escenario base. Probablemente estemos de acuerdo con gran parte de lo que está advirtiendo el BIS, pero quizá sea un fenómeno algo más amplio. Hemos advertido de que algún tipo de corrección lleva tiempo siendo necesaria, y sin embargo los mercados continúan siendo bastante optimistas y muy alcistas. Ya veremos.
P: ¿Puede describirse esta situación como una burbuja multiactivo?
R: Creo que sí. Uno podría pensar que los inversores van a sobreponderar liquidez, o rotar de la Bolsa hacia refugios como la renta fija o el oro, pero ahora todos los precios se mueven en la misma dirección. Si se produce una caída brusca, es probable que afecte a la mayoría de los activos, ya sea Bolsa, renta fija o activos alternativos como los inmobiliarios.
P: Es imposible decir cuándo puede ocurrir, pero sí podemos hablar de dónde; cuáles son los eslabones más débiles.
R: Esa es la gran dificultad: ¿dónde ocurrirán los eventos? Sería especulativo decir en este país, en este activo o en este sector. En el sistema financiero, en la macroeconomía y en las empresas, todo el mundo se encuentra en una situación razonablemente buena. Pero habrá tensiones, un sector, algo que desencadene una corrección. La gente especula sobre el impacto de la IA, quiénes serán los perdedores en el crecimiento de la inteligencia artificial, porque no todas las empresas pueden ser ganadoras. Estamos viendo una enorme cantidad de capital volcado en infraestructura y activos digitales. ¿Va a ser un proceso sin dolor durante un horizonte de diez o quince años? Probablemente no.
P: ¿Cómo evalúan, desde una perspectiva crediticia, el impacto de la IA en el sector o en la economía? ¿Es demasiado pronto?
R: Las empresas están observando la IA como una forma de ahorrar costes, automatizar procesos o mejorar la eficiencia, es decir, las empresas necesitan menos personal. La siguiente ola de beneficios reales consistiría en crear valor, crear productos, crear nuevos contenidos… Sin embargo, esto sigue siendo un gran reto y, en estos momentos, no estamos incluyendo en nuestras previsiones ningún avance en materia de ingresos relacionados con la inteligencia artificial para la mayoría de las empresas.
P: ¿Y los efectos sobre el mercado laboral?
R: La cantidad de trabajo que harán las personas probablemente disminuya; en servicios financieros, bases de datos, consultoría, servicios profesionales… Hay un debate académico sobre qué nuevos trabajos creará la IA: si aumenta la productividad, las personas podrán tener salarios más altos o más tiempo libre, lo que creará demanda en el sector servicios. Pero todo eso tiene que comprobarse. Personalmente, creo que las perspectivas para el empleo son más bien negativas en el corto y medio plazo. En los años setenta, cuando se hablaba de las nuevas tecnologías, la visión predominante era que todo el mundo acabaría por trabajar mucho menos, un día o dos a la semana. Claramente, esto nunca ocurrió. Parece que estamos repitiendo ese ciclo.
P: Las inversiones financieras comprometidas con la inteligencia artificial se miden en cientos de miles de millones. ¿Se va a obtener el retorno de esas inversiones?
R: Es la pregunta clave. Existe una demanda de mayor capacidad de procesamiento. Los grandes actores, como Microsoft y Meta, disponen de posiciones muy sólidas y necesitan respaldar sus modelos de negocio. En las empresas solo dedicadas a la IA, como Anthropic y OpenAI existe una mayor incógnita sobre si sus valoraciones están justificadas. Algunas serán grandes ganadoras, pero está por verse cuáles serán, cuántas y cuál será el gasto empresarial que respalde sus ingresos.
P: En Europa hemos sufrido distintas crisis: energética, política, comercial, industrial… ¿Cuál es su visión sobre las empresas europeas?
R: Operan en un entorno difícil, especialmente las industriales. Existen dos grandes factores. El primero es el coste de la energía, más elevado que en otras regiones y un factor importante en los procesos manufactureros. Además, afrontan una competencia de China cada vez más fuerte; el mejor ejemplo es el motor. Frente a eso, dentro de la UE observamos un crecimiento estable, aunque no es espectacular, entre un 1% y un 1,5%.

P: Para la economía europea, ¿es usted optimista o pesimista?
R: Pesimista sería exagerar, pero optimista también. Veremos un crecimiento bastante estándar en Europa, resulta difícil imaginarlo más allá de ese 1% al 1,5% dados los factores que acabamos de describir. Creo que no habrá más subidas de tipos por parte del BCE y esperamos que bajen el próximo año. Pero el margen para aplicar estímulos fiscales es muy limitado; la mayoría de los estados están fuertemente endeudados, y las reformas sobre competitividad que Draghi propuso han avanzado muy poco hasta el momento. La inflación sigue presente, aunque pueda haber alcanzado un máximo o estar cerca, el nivel de precios sigue siendo alto. Eso afecta a la demanda interna, al consumo y a la confianza. Pero estos problemas también afectan a países como el Reino Unido. China afronta sus propios desafíos. Y en Estados Unidos la inflación está empezando a reaparecer y a influir en la confianza de los consumidores. Nos encontramos ante una situación neutral, con riesgos a la baja para muchas economías.
P: Los países del sur de Europa, como España o Portugal tienen primas de riesgo inferiores a la de Francia ¿Se debe a unos mejores fundamentales económicos o a que la eurozona está mejor preparada para una crisis?
R: Son los fundamentos de España los que están mejor. La eurozona se encuentra en una posición algo mejor y, desde luego, la solvencia del sistema es más fuerte. Sin embargo, la mejora relativa de los diferenciales refleja, sobre todo, la evolución de España, que atravesó un proceso muy duro tras la crisis. El crecimiento ha sido el doble de la eurozona durante los dos o tres últimos años, y probablemente continúe siéndolo. El país ha sabido aprovechar la inmigración procedente de América Latina, cuyos lazos de idioma y culturales facilitan la integración. También se ha beneficiado de los programas de inversión financiados por la UE. Y con el bloqueo presupuestario no ha habido demasiada expansión fiscal. Esa combinación, buen crecimiento y déficits contenidos, ha permitido mejorar la posición de deuda del país. La cuestión es si esos factores son sostenibles. El crecimiento en España podría empezar a ralentizarse si se echa el freno sobre la inmigración. En todo caso, resulta interesante que, en la tradicional división europea, las potencias del sur —Italia y España— estén obteniendo mejores resultados que las potencias del norte, Alemania y Francia.
P: ¿La ausencia de presupuestos ha contribuido a mejorar la solvencia crediticia durante estos años?
R: La ausencia de política fiscal no es necesariamente algo positivo. Preferiríamos ver presupuestos para comprender mejor hacia dónde se dirige la política. Sin embargo, el gasto probablemente haya sido menor que si se hubieran aprobado, y eso ha ayudado a contener el déficit.
P: ¿Hasta qué punto la crisis de la vivienda constituye un factor importante en su análisis?
R: Los precios han aumentado alrededor de un 40% en cuatro años y eso es motivo de preocupación. Encontramos consuelo en que los bancos están actuando con prudencia, y tanto el Banco de España como el BCE parecen decididos a vigilar lo que sucede. Pero la demanda supera ampliamente a la oferta y eso está generando tensiones para acceder a la vivienda. La vivienda puede convertirse en un problema en el futuro si se produce una corrección de precios, pero no es nuestro escenario. Desde luego, no pronosticamos una corrección.
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