Mientras la Bolsa estadounidense ha seguido escalando hasta nuevos máximos históricos, los bonos de la mayor economía del mundo emprendían el camino opuesto. El descenso de su precio, en previsión de más inflación y más déficit público para afrontar subsidios y gasto en armamento, ha disparado la rentabilidad y los inversores exigen ahora por la deuda soberana de EE UU a 30 años el 5,1%, el nivel más alto desde 2007. Frente a la aparente despreocupación con que la Bolsa —no solo la estadounidense, también la europea— encaja el shock energético que supone la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, los bonos sí se están anticipando a un escenario en el que la falta de suministro de petróleo acabe por pasar factura. Más inflación, menos crecimiento, más déficit público para las grandes economías y, previsiblemente, tipos de interés más elevados.
Los gestores aconsejan tomar posiciones en los plazos más cortos, de uno o dos años, una vez que los bonos ya descuentan un escenario adverso por la guerra de Irán
Mientras la Bolsa estadounidense ha seguido escalando hasta nuevos máximos históricos, los bonos de la mayor economía del mundo emprendían el camino opuesto. El descenso de su precio, en previsión de más inflación y más déficit público para afrontar subsidios y gasto en armamento, ha disparado la rentabilidad y los inversores exigen ahora por la deuda soberana de EE UU a 30 años el 5,1%, el nivel más alto desde 2007. Frente a la aparente despreocupación con que la Bolsa —no solo la estadounidense, también la europea— encaja el shock energético que supone la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, los bonos sí se están anticipando a un escenario en el que la falta de suministro de petróleo acabe por pasar factura. Más inflación, menos crecimiento, más déficit público para las grandes economías y, previsiblemente, tipos de interés más elevados.
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