Transición energética, electrificación, regulación y papel de las denominadas “moléculas verdes” en la transición energética. Estos han sido los puntos clave que Jaime Cifuentes, director de estrategia y sostenibilidad de Moeve, ha comentado en su intervención en el Foro CREO organizado por CincoDías. El directivo ha señalado la necesidad de la electrificación, combinada con el uso de otras fuentes de energía, derivada de las denominadas “moléculas verdes”. También ha solicitado una regulación “estable y predecible”, para proporcionar confianza al inversor.
El director de estrategia y sostenibilidad de la energética pide una regulación estable que impulse la demanda
Transición energética, electrificación, regulación y papel de las denominadas “moléculas verdes” en la transición energética. Estos han sido los puntos clave que Jaime Cifuentes, director de estrategia y sostenibilidad de Moeve, ha comentado en su intervención en el Foro CREO organizado por CincoDías. El directivo ha señalado la necesidad de la electrificación, combinada con el uso de otras fuentes de energía, derivada de las denominadas “moléculas verdes”. También ha solicitado una regulación “estable y predecible”, para proporcionar confianza al inversor.
Jaime Cifuentes ha defendido la electrificación directa donde resulte eficiente, como en la recarga del vehículo eléctrico, en las bombas de calor y en algunos procesos industriales. Por el otro, ha defendido el papel de moléculas verdes en los usos que la electricidad no resuelve. Con ese término, la antigua Cepsa se refiere a los biocombustibles de segunda generación y al hidrógeno verde y sus derivados.
Esas moléculas verdes cuentan con “ventajas frente a la electrificación directa”, como su densidad energética, su capacidad de almacenamiento y de transporte y algunas propiedades químicas, ha destacado Cifuentes. A su juicio, el terreno que les corresponde no es pequeño: “El 33% de las emisiones de la Unión Europea procede de sectores difíciles de electrificar. Cada tipo de molécula verde tiene características distintas y se adapta a un uso diferente”, ha explicado.
Junto al argumento climático, el directivo ha añadido uno estratégico: la independencia energética, que ha cobrado fuerza desde 2022. A su juicio, esa soberanía solo se logra si se controla toda la cadena de valor, es decir, la materia prima, la tecnología y el mercado, y no solo el producto final. Ahí aparece la primera dificultad, puesto que los biocombustibles dependen de materias primas que no están disponibles en los volúmenes necesarios. Para asegurárselas, Moeve tiene un equipo dedicado en exclusiva a su aprovisionamiento.
Jaime Cifuentes también se ha referido a la regulación y ha solicitado estabilidad, pues de ella dependen la viabilidad de los proyectos y su capacidad de financiarlos con la banca, ya que son inversiones con retornos a largo plazo. “El mercado demanda, pero necesitamos incentivar la demanda y la confianza del inversor”, ha resumido.
Moeve está concluyendo en Huelva una planta de HVO (diésel renovable, por sus siglas en inglés) y de SAF (combustible sostenible de aviación). En septiembre empezó a construir allí Onuba, la primera fase del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde, que el directivo ha descrito como el proyecto más ambicioso de Europa para producir hidrógeno verde. Arrancará con 300 megavatios de electrólisis, ampliables a 400 megavatios. El hidrógeno irá primero a los propios procesos industriales del grupo. El refino consume mucho hidrógeno, y la compañía lleva años manejando el convencional. La diferencia está en producirlo de forma limpia, algo que pondrá a Moeve “en otro nivel totalmente diferente” de autosuficiencia. El siguiente paso serán los combustibles sintéticos y los contratos de suministro a largo plazo con clientes que también quieran descarbonizar su actividad.
La pega es el precio. “Acostumbramos a medir la competitividad en términos del coste de una solución frente a otra”, ha admitido Cifuentes. En todo caso, ha indicado que, en los últimos años, se ha comprobado que la competitividad desaparece si no hay seguridad de suministro, así que la forma de medirla tiene que ser “más sofisticada”. Si solo se mira la diferencia de costes, el hidrógeno verde y los combustibles sintéticos no son hoy competitivos. La cuestión está en el tamaño de esa diferencia y en cómo se traslada al cliente. Para ilustrarlo, el directivo de Moeve se ha referido al informe que Moeve publicó en julio sobre el papel de las moléculas verdes en Europa. Este calcula que transportar desde Asia un par de zapatillas de deporte con combustibles verdes encarece de media su precio de venta en unos 50 céntimos. Queda abierto el debate sobre si ese sobrecoste lo asume el cliente final o se reparte a lo largo de toda la cadena.
Las estimaciones que ha citado Jaime Cifuentes sitúan la paridad de costes de los biocombustibles de segunda generación en la década de 2030 y la de los combustibles sintéticos en la siguiente década. Eso sí, ha explicado que las fechas dependerán del precio de las materias primas, de la evolución de la tecnología y del coste de la electricidad, que supone una parte significativa del coste en las plantas de hidrógeno.
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