Los inversores parecen pensar que la subida de los tipos se ha convertido en demasiado de algo bueno para los bancos europeos. Las acciones de las 20 mayores entidades de la región por activos han caído un 7% desde principios de agosto, un periodo en el que la rentabilidad de la deuda pública se ha disparado por la preocupación presupuestaria y el temor a que el encarecimiento del petróleo avive la inflación. Existe, en efecto, un nivel a partir del cual los tipos altos pasan a ser perjudiciales en términos netos para los bancos, pero aún no está demasiado cerca.
El castigo bursátil exagera unos riesgos que todavía parecen manejables para las entidades del continente
Los inversores parecen pensar que la subida de los tipos se ha convertido en demasiado de algo bueno para los bancos europeos. Las acciones de las 20 mayores entidades de la región por activos han caído un 7% desde principios de agosto, un periodo en el que la rentabilidad de la deuda pública se ha disparado por la preocupación presupuestaria y el temor a que el encarecimiento del petróleo avive la inflación. Existe, en efecto, un nivel a partir del cual los tipos altos pasan a ser perjudiciales en términos netos para los bancos, pero aún no está demasiado cerca.
Las entidades francesas BNP Paribas, Crédit Agricole y Société Générale han sufrido las caídas más pronunciadas, con una pérdida media del 20% de su valor desde el 3 de agosto. Quizá no sorprenda, dada la crisis de deuda que se está gestando en el país. Aun así, el castigo bursátil va más allá del trío galo. Las británicas Lloyds, NatWest y Barclays han cedido de media un 11% durante el mismo periodo, y las italianas UniCredit e Intesa Sanpaolo han bajado un 8%.
La oleada de ventas, que invierte la regla general según la cual unos tipos más altos benefician a los bancos, tiene cierta lógica. Primero, el aumento de los costes de financiación reduce la propensión de hogares y empresas a solicitar crédito. De hecho, el crecimiento de los préstamos en la zona euro se frenó hasta cero a finales de 2023, un año en el que el BCE elevó en 2 puntos porcentuales el tipo de la facilidad de depósito. Segundo, la subida de los tipos aumenta el riesgo de que los clientes busquen mejores condiciones para sus depósitos, lo que estrecha los márgenes de intereses. Por último, también puede provocar más impagos y pérdidas en las carteras de deuda pública de los bancos europeos.
Todos esos peligros son manejables. Para empezar, parece improbable que los bancos centrales suban los tipos tanto o tan deprisa como en 2023. Los precios de mercado recopilados por LSEG apuntan a que los tipos del BCE cerrarán 2027 en el 3,25%, apenas 0,75 puntos porcentuales por encima del nivel actual, y a que el Banco de Inglaterra se detendrá en el 4,75%, 1 punto porcentual más que ahora. Esas variaciones son mucho menores que las rápidas subidas posteriores a la pandemia que acabaron con el crecimiento del crédito. Tampoco está claro por qué unos movimientos relativamente modestos llevarían a los clientes a buscar de forma mucho más intensa mejores rentabilidades.
Y aunque la morosidad siempre supone un riesgo, especialmente si los tipos altos provocan pérdidas de empleo, cuesta imaginar que los préstamos fallidos lleguen a anular los beneficios de la subida del precio del dinero. Deutsche Bank, por ejemplo, desglosa cómo afectarían los cambios en distintas variables macroeconómicas a su modelo a fin de calcular las pérdidas crediticias esperadas. Un aumento de medio punto porcentual del paro en sus principales mercados solo elevaría en 50 millones de euros las provisiones sobre préstamos al corriente de pago. Como referencia, su beneficio antes de impuestos ascenderá este año a unos 10.000 millones, según los datos de Visible Alpha. Además, los expertos consultados por el BCE en julio esperaban que el paro de la zona euro bajase, no que subiese.
Incluso para los bancos galos, posiblemente los más expuestos a pérdidas en deuda pública a juzgar por los últimos movimientos del mercado de bonos, el daño causado por unos tipos más altos parece asumible. Los analistas de JP Morgan calculan que un aumento de 100 puntos básicos del spread entre la deuda francesa y la alemana solo reduce en 4 puntos básicos la ratio de capital ordinario de nivel 1 de los bancos franceses.
Además, la reciente oleada de ventas ha proporcionado a los inversores un margen de seguridad. El múltiplo medio de valoración del sector se ha reducido una décima desde principios de agosto, hasta situarse por debajo de 1,6 veces el valor contable tangible previsto. Por ahora, los tipos más altos no deberían quitar el sueño a quienes invierten en bancos europeos.
¿Impuesto a la banca británica?
Los bancos británicos parecen estar de nuevo en el punto de mira. No es de extrañar: Lloyds, NatWest, HSBC y otras entidades están generando rentabilidades muy atractivas mientras las arcas públicas atraviesan dificultades. El ministro británico de Finanzas, John Healey, advirtió la semana pasada a los mayores bancos del país de que se enfrentaba a un “panorama presupuestario complicado”, según el Financial Times, lo que avivó el temor a nuevos impuestos. Hay formas de hacer más llevadera la medicina.
La guerra de Irán ha elevado los costes de endeudamiento público y ha empeorado aún más un panorama presupuestario ya sombrío para Healey y el nuevo primer ministro, Andy Burnham. Los bancos, que se están beneficiando de unos tipos más altos, están obteniendo resultados relativamente buenos. Las previsiones de los analistas sobre los ingresos netos por intereses de Lloyds y NatWest, dos de las entidades del grupo más centradas en el mercado británico, han aumentado en conjunto unos 500 millones de libras (600 millones de euros) desde los días anteriores a la guerra de Irán. Extrapolado al conjunto del sector, eso supone un impulso superior a 1.000 millones (1.200 millones).
El grupo formado por Lloyds, Barclays, HSBC y NatWest obtendrá este año una rentabilidad media sobre el capital tangible del 17%, según el consenso de Visible Alpha. Es una cifra históricamente elevada y supera con creces su probable coste de capital del 10%, lo que indica que un impuesto adicional no perjudicaría su acceso al capital. Y aunque los bancos ya soportan una serie de gravámenes especiales, la recaudación que generan ha caído en los últimos años. El impuesto sobre los balances bancarios y el recargo a la banca aportaron 2.300 millones (2.700 millones) en el ejercicio fiscal 2024-2025, frente a 3.900 millones (4.600 millones) dos años antes.
Pero los tipos más altos también presentan inconvenientes para los bancos, entre ellos un menor crecimiento del crédito. Y la ligera caída de los PER pese al aumento de las previsiones de beneficios desde febrero indica que los inversores no esperan que la bonanza dure.
Por último, los CEO podrían alegar que ya afrontan más dificultades que muchos de sus rivales internacionales. Las entidades británicas están sometidas a unas normas de capital que figuran entre las más complejas del G7 y a reglas de separación que aíslan las actividades de banca minorista de las de banca de inversión. Añadir aún más presión mediante nuevos impuestos sobre los beneficios extraordinarios podría lastrar el crecimiento económico y perjudicar la posición del país como centro financiero.
Todo esto apunta a una posible solución intermedia: un modesto aumento de los impuestos a la banca a cambio de aligerar la carga en otros ámbitos. La forma que adopten los nuevos gravámenes está abierta a debate. La anterior ministra de Finanzas, Rachel Reeves, elevó con fuerza las cotizaciones a la seguridad social, que absorben una proporción mayor de los beneficios bancarios en Reino Unido que en Alemania, EE UU, Irlanda o Países Bajos. Pero también presionó a los reguladores para que tuvieran en cuenta la competitividad. El Banco de Inglaterra ha respondido, por ejemplo, ajustando las exigencias mínimas de apalancamiento. Burnham podría respaldar reformas más profundas, como modificar las normas que penalizan la inversión en software al deducir los activos tecnológicos del capital. Es probable que lleguen más impuestos a la banca, pero no tienen por qué ser un desastre para el sector.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.
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