
El periodista estadounidense John Reed en su libro 10 días que estremecieron al mundo (1919) ofreció un testimonio de primera mano de la vertiginosa velocidad de acontecimientos que precipitaron la Revolución Rusa. Describe el desconcierto de un profesor extranjero de sociología que en 1917 visitaba Petrogrado (San Petersburgo), al comprobar que se había equivocado al creer que la revolución estaba declinando. La realidad era otra porque “las clases poseedoras se hacían cada vez más conservadoras y las masas populares, cada vez más radicales”, escribió Reed.
A pesar de las tensiones, los sistemas de vivienda europeos que impiden desahuciar impunemente son la referencia inmediata
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
A pesar de las tensiones, los sistemas de vivienda europeos que impiden desahuciar impunemente son la referencia inmediata


El periodista estadounidense John Reed en su libro 10 días que estremecieron al mundo (1919) ofreció un testimonio de primera mano de la vertiginosa velocidad de acontecimientos que precipitaron la Revolución Rusa. Describe el desconcierto de un profesor extranjero de sociología que en 1917 visitaba Petrogrado (San Petersburgo), al comprobar que se había equivocado al creer que la revolución estaba declinando. La realidad era otra porque “las clases poseedoras se hacían cada vez más conservadoras y las masas populares, cada vez más radicales”, escribió Reed.
Es evidente que los marcos históricos son incomparables. Pero lo que me ha recordado aquel texto tan estimulante para el corazón es la velocidad de los acontecimientos. Una celeridad que ha pillado a casi todos por sorpresa. Valeria Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas, motor de las históricas movilizaciones de estos días, ha manifestado: “ocho días de apoyo popular han hecho más que ocho años de Gobierno progresista“ y contra las derechas “arrodilladas ante los fondos buitre”, como recogía el pasado sábado, 3 de octubre, en su crónica en este periódico Natalia Junquera y Jacobo García.
Un reflejo del acelerado cambio político tras el desahucio de Maricarmen, de 87 años, y los suicidios de Olga y Javier ha quedado patente en el lenguaje de los decretos del Gobierno, que trataban de paliar la indefensión de los inquilinos y que han sido rechazados por el Partido Popular, Junts y Vox. Utilizan unas palabras no vistas en las leyes al referirse a: “una legislación machista y retrógrada procedente de una dictadura y de la especulación más voraz” y a “un derecho roto por unas administraciones competentes que no han dado cumplida satisfacción a la regulación vigente para garantizar su derecho a la vivienda”. Y la naturalidad con que hablan de “fondos buitres”.
El estallido tenía que ocurrir. Ahora cobran valor los análisis científicos que habían alertado de la insostenibilidad de un modelo con un peso exagerado de la especulación. El investigador del CSIC, Javier Gil, avisó en Generación inquilina de como el capital especulativo internacional ha invadido el mercado inmobiliario español y del problema de una “economía que en lugar de crear valor nuevo se limita a apropiarse de la riqueza ya existente”. El antropólogo Jaime Palomera, en El secuestro de la vivienda demuestra como “el mercado de la vivienda está rompiendo la sociedad” y que “el suelo no está sujeto a las leyes del mercado”.
El jurista Javier Burón en El problema de la vivienda explica la “esquizofrenia” de la UE en vivienda: “un brazo financia (el Banco Europeo de Inversiones apoya viviendas sociales) lo que otro brazo amartilla”, en referencia a la pugna de Holanda, Austria y Francia con la Comisión.
A pesar de estas tensiones, los sistemas de vivienda europeos que impiden desahuciar impunemente son la referencia inmediata. La entrada de España en la UE en 1986 allanó el camino para que sindicatos, movimientos sociales y partidos de izquierda avanzaran en los derechos que había negado la dictadura durante 40 años. PP, Junts y Vox vuelven a alejarnos de la Europa de los derechos sociales y medioambientales.
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