
La energía mueve el mundo. Y controlar el suministro energético implica disponer de un superpoder que marca el paso de los países y sus ciudadanos. La segunda jornada del World in Progress (WIP), el foro internacional que organiza el Grupo PRISA en Barcelona, ha servido para sentar en la misma tribuna al director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, al economista jefe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Tim Gould, y a la diputada de la Asamblea Nacional de Francia y exministra de Transición Energética, Agnès Pannier-Runacher, en una ponencia para tratar de abordar la transición energética en un mundo cada vez más fragmentado. “Estamos en un momento excepcionalmente frágil en los mercados de gas y crudo, una de las mayores amenazas a las que se enfrenta el mundo”, ha señalado el representante de la AIE. En “la zona roja de alarma”, ha incidido.

Rafael Grossi, Tim Gould y Agnès Pannier-Runacher destapan en el foro WIP las amenazas de un modelo con los suministros atenazados
La energía mueve el mundo. Y controlar el suministro energético implica disponer de un superpoder que marca el paso de los países y sus ciudadanos. La segunda jornada del World in Progress (WIP), el foro internacional que organiza el Grupo PRISA en Barcelona, ha servido para sentar en la misma tribuna al director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, al economista jefe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Tim Gould, y a la diputada de la Asamblea Nacional de Francia y exministra de Transición Energética, Agnès Pannier-Runacher, en una ponencia para tratar de abordar la transición energética en un mundo cada vez más fragmentado. “Estamos en un momento excepcionalmente frágil en los mercados de gas y crudo, una de las mayores amenazas a las que se enfrenta el mundo”, ha señalado el representante de la AIE. En “la zona roja de alarma”, ha incidido.
Demanda creciente en un contexto de tensiones geopolíticas que estrangula la oferta y, por lo tanto, tensiona los precios. No hay fórmulas mágicas para resolver la ecuación, pero los expertos dan pistas: abandonar mitos y transicionar rápido hacia un modelo que deje de tener los huevos en el canasto de las fósiles.
El aumento de la demanda global de electricidad, que se ralentizó al 3% en 2025 tras el 4,4% en 2024, va a acelerarse de aquí a 2030 a un ritmo del 3,6% anual de media, lo que supone una neta subida respecto al 2,8% de la pasada década, indican los informes de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Y el tirón de la inteligencia artificial (IA) provocará más necesidades. “Los servidores requieran mucha electricidad”, ha advertido Tim Gould. Pero, sin entrar en pánico porque, ha dicho, si ahora esos servidores acaparan “el 1,5% de la demanda eléctrica mundial”, los cálculos que hace la AIE presagian que esa demanda eléctrica se “duplicará” hasta 2030. “Globalmente no es una gran demanda”, ha indicado.
Las renovables ganan peso en la generación, pero también la nuclear sigue conservando presencia. “Necesitamos una vuelta al realismo”, ha defendido Rafel Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica. Desde Barcelona. Grossi ha demostrado manejar datos frescos. “En Cataluña, casi el 60% de la energía es de origen nuclear”, ha recordado. “La energía nuclear no es la solución, pero forma parte de la solución. Desempeña un papel útil si pensamos en un suministro eléctrico más estable”, ha insistido.

Los agobios con el suministro provocados por la invasión rusa de Ucrania, primero, y por la guerra de Irán, más recientemente, han puesto patas arriba el tablero de juego. “Lo que antes era posible, puede que ya no sea una opción”, ha dicho Grossi. “La toma de decisiones se ve teñida o determinada por la disponibilidad de soluciones”, ha abundado.
Agnès Pannier-Runacher ha subrayado que “Europa tiene un problema porque importa un 85% del gas natural que consume y un 97% del crudo”. Lo que representa el 70% del mix energético, ha desglosado la exministra gala. “Debemos reducir ese nivel de dependencia”, ha advertido. La buena noticia es que, a su criterio, “Europa es capaz de producir energía igual de competitiva que el gas o el crudo”. ¿Cómo? “Lo mismo da que sea renovable o nuclear, lo que tiene que interesarnos es que sea competitiva”.
El cambio de paradigma es factible pero, aunque urge, no es viable de la noche a la mañana. “La duda es cuanto tiempo y dinero se tardará en transformar el mix energético”, ha apuntado Pannier-Runacher. Mientras, un buen atajo es primar la eficiencia para recortar los consumos. “La mejor política que puedes aplicar son los ahorros energéticos”, ha recomendado la exministra.

Sobre este punto también se ha manifestado Tim Gould, y ha puesto como ejemplo las disfunciones que se puedan generar con determinados picos de demanda: “Como cuando se conectan todos los aires acondicionados de golpe, eso desangra el sistema”, ha dicho. Y ha destacado que velar por la eficiencia del sistema es un aspecto clave, pero ha asumido que hay un problema con las redes y con las infraestructuras. La transición es el camino, pero él mismo ha reconocido que a perro flaco todo son pulgas: “Los países que están más endeudados no tienen recursos para afrontar esa transición”.
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