La huelga indefinida de los trabajadores de Airbus entró ayer en su segunda jornada en las plantas españolas, con un seguimiento que llegó al 90%. Los sindicatos reclaman mejoras salariales y laborales, además de garantías sobre la carga de trabajo. En plena negociación, la dirección ha advertido, según los sindicatos, de que la continuidad de los paros puede comprometer pedidos y la reputación de la compañía, y ha llegado a plantear la suspensión de las contrataciones previstas en España. Es una forma de presión que eleva la tensión de un conflicto enquistado desde hace meses.
La empresa presenta una nueva propuesta en la que concreta los detalles de la subida salarial y la política de teletrabajo
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
La empresa presenta una nueva propuesta en la que concreta los detalles de la subida salarial y la política de teletrabajo


La huelga indefinida de los trabajadores de Airbus entró ayer en su segunda jornada en las plantas españolas, con un seguimiento que llegó al 90%. Los sindicatos reclaman mejoras salariales y laborales, además de garantías sobre la carga de trabajo. En plena negociación, la dirección ha advertido, según los sindicatos, de que la continuidad de los paros puede comprometer pedidos y la reputación de la compañía, y ha llegado a plantear la suspensión de las contrataciones previstas en España. Es una forma de presión que eleva la tensión de un conflicto enquistado desde hace meses.
Los sindicatos no terminan de creerse que Airbus pueda trasladar con facilidad actividad fuera de España. Buena parte de los programas de defensa dependen de contratos y decisiones públicas, mientras que mover carga de trabajo no es una operación que pueda ejecutarse en cuestión de semanas. La amenaza puede ser una estrategia negociadora, pero no por ello resulta inocua. En una disputa ya tensa, advertir de que se frenarán inversiones o empleo añade presión a una plantilla que reclama precisamente más garantías sobre el futuro industrial de las plantas españolas.
Un problema privado que afecta a 20 millones de argentinos
Desde que Javier Milei llegó al Gobierno, la morosidad de las familias argentinas se ha cuadruplicado. La pérdida de poder adquisitivo ha llevado a muchas personas a recurrir al crédito para cubrir gastos cotidianos, mientras las elevadas tasas han encarecido las cuotas. La desinflación, además, ha reducido el efecto de licuar las deudas. Milei sostiene que se trata de un problema entre privados. Algo difícil de sostener sobre una crisis que afecta a 20 millones de argentinos, y que refleja, en gran parte, los ajustes, la debilidad de los ingresos y el encarecimiento de la financiación impulsados por su política económica.
El sobrecoste energético deja abierto el futuro de los combustibles
Medio año después del inicio de la guerra entre EE UU e Irán, se calcula que los países importadores han tenido que pagar 282.000 millones de euros extra por comprar combustibles fósiles. España figura entre los diez más afectados, aunque su apuesta por las renovables ha permitido amortiguar el golpe. Sin esa inversión en energías limpias, la factura mundial habría sido otros 30.000 millones mayor.
El miedo es un poderoso incentivo para cambiar de rumbo y los efectos devastadores de una guerra pueden acelerar decisiones. De momento, este conflicto ha hecho que los países intensifiquen su apuesta por las renovables, aunque también ha abierto la puerta al regreso del carbón y a la energía nuclear. Esta guerra podría alumbrar una nueva era energética o devolvernos a la anterior.
La frase del día
Creo que, a medida que la IA y los robots mejoren, reservaremos ciertas tareas exclusivamente para personas
Bill Gates, ex presidente de Microsoft
El desarrollo tecnológico no debería prescindir de las humanidades
Hace unas semanas se supo que la filósofa Carmody Grey había rechazado una invitación de Anthropic para participar en un encuentro sobre tecnología y humanidades. Su recelo era que, bajo una apariencia de diálogo, hubiera también una estrategia de marketing, una suerte de greenwashing ético.
Probablemente tuviera motivos para desconfiar. Pero el episodio recuerda también que la colaboración entre las humanidades y la ciencia es imprescindible. Los modelos que utilizan miles de millones de personas no son moralmente neutros, dependen de unos valores que establecen sus creadores. Que sus responsables recurran a expertos en ética debería, por tanto, ser una buena noticia. La condición es que sea realmente un diálogo y no una herramienta de legitimación.
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