La historia reciente del área euro es la de un golpe tras otro: la pandemia, el atasco en las cadenas globales de suministro, la crisis energética causada por la invasión rusa de Ucrania, las tensiones comerciales hasta la nueva y reciente escalada inflacionaria provocada por el conflicto en Oriente Medio. Unos cortocircuitos a los cuales los países del bloque han respondido con una resiliencia inédita gracias a elementos estructurales y coyunturales. Pero no conviene relajarse. “No debemos confundir resiliencia con inmunidad”, ha alertado el director general de Economía del BCE, Óscar Arce, este jueves durante su intervención en el Foro CREO de CincoDías.
El director general de Economía del organismo resalta la fortaleza del bloque del euro ante las recientes crisis y aboga por seguir reduciendo su vulnerabilidad energética
La historia reciente del área euro es la de un golpe tras otro: la pandemia, el atasco en las cadenas globales de suministro, la crisis energética causada por la invasión rusa de Ucrania, las tensiones comerciales hasta la nueva y reciente escalada inflacionaria provocada por el conflicto en Oriente Medio. Unos cortocircuitos a los cuales los países del bloque han respondido con una resiliencia inédita gracias a elementos estructurales y coyunturales. Pero no conviene relajarse. “No debemos confundir resiliencia con inmunidad”, ha alertado el director general de Economía del BCE, Óscar Arce, este jueves durante su intervención en el Foro CREO de CincoDías. El camino, ha señalado, pasa por seguir trabajando en reducir la vulnerabilidad energética de la zona euro, apostando firmemente por la transición ecológica y avanzando en la integración energética y la unión del mercado de capitales.
El economista, que se incorporó al BCE a finales de 2021 procedente del Banco de España, ha explicado cómo la menor dependencia energética conseguida por la zona euro ha sido uno de los factores que han permitido mantener a flote la actividad durante y ha pedido seguir avanzando por este camino. También porque el otro gran amortiguador frente a las recientes crisis, la política fiscal, “no puede darse como garantizado a futuro”. Al menos en la misma intensidad: “El espacio fiscal en la mayor parte de los países europeos es cada vez más estrecho”. Además, los costes de financiación se están encareciendo como reflejo de la política monetaria contractiva dirigida a contrarrestar la inflación.
Esta resiliencia, visible tanto en la actividad como en el empleo, reposa según Arce tres grandes dimensiones: la capacidad de una economía para absorber un golpe, la de levantarse rápidamente y la de adaptarse en el medio y largo plazo. El economista ha empleado la coyuntura actual para ilustrar su argumentación. La envergadura de la crisis energética actual es “muy notable”, con el petróleo que cotiza por las nubes y fuertes subidas del crudo y del gas. Sin embargo, su impacto está siendo menos severo de lo que habría podido ser hace unos años gracias a una mayor implementación de las renovables, un uso más eficiente de la energía y un cambio en la misma estructura de la actividad, más orientada a servicios menos dependientes de los combustibles fósiles.
“Ahora necesitamos la mitad de petróleo que hace 30 años para producir el mismo volumen de PIB”, ha subrayado Arce. De ahí que la transición energética no sea solo una cuestión climática. “Es también una inversión en nuestra seguridad, en nuestra autonomía y en nuestra resiliencia económica”. La rápida recuperación tras los golpes también se explica también por factores como una economía mundial más dinámica de lo previsto —también impulsada por la masiva inversión en IA— y un crecimiento del empleo superior a su promedio histórico que sostiene el consumo.
Aun así, el economista jefe del BCE ha rechazado la complacencia: los precios energéticos siguen altos, los conflictos y las tensiones comerciales pueden intensificarse y las condiciones financieras se están tensando, sobre todo en algunos mercados de la deuda. “Siempre hay una siguiente crisis”, ha advertido, y ha planteado tres prioridades para prepararse a su llegada: reducir la dependencia de los combustibles fósiles, avanzando hacia una mayor integración en el mercado eléctrico europeo —“necesitamos más interconexiones entre países y más inversiones en nuestras redes”—, apostar por la innovación, incorporando la IA a larga escala de forma ágil y eficiente, y avanzar en la unidad del mercado de capitales. “No es solo una cuestión de integración financiera, es una cuestión vital para apoyar el crecimiento y la prosperidad económica”.
Pese a la cautela, Arce también ha reconocido que hay “razones para la confianza”. “La economía de la eurozona ha soportado una secuencia extraordinaria de shocks adversos, en parte gracias a factores estructurales, de esa menor dependencia del petróleo, del gas, pero en parte también a factores que pueden ser menos permanentes. Esta diferencia entre lo permanente y lo temporal es absolutamente crucial”, ha resumido. “Debemos ser capaces de convertir esa resiliencia coyuntural en resiliencia estructural.Eso significa reducir todavía más nuestra vulnerabilidad energética (…). No podemos saber cuál será el próximo shock, pero sí podemos decidir en qué condiciones queremos afrontarlo”.
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