Kevin Warsh tomó este miércoles, junto a su junta de gobernadores, una decisión tan importante o más que la subida de tipos: no ser Arthur Burns. El presidente de la Reserva Federal entre 1970 y 1978, nombrado por Richard Nixon, cedió a las presiones del mandatario republicano y evitó subir tipos ante una crisis petrolera a principios de los años 70. La hiperinflación que llegó después convirtió a Burns en un gafe dentro de la comunidad de banqueros centrales, el paradigma de lo que no deben ser. Kevin Warsh, con cinco años a sus espaldas en la Fed y profundo conocedor de Wall Street, no tuvo dudas. Y el mercado, tras tres meses de recelos, le ha dado el visto bueno.
Los analistas dudan sobre el próximo movimiento de la Fed, pero coinciden en que el organismo ha ganado credibilidad con la decisión y el lenguaje de este miércoles
Kevin Warsh tomó este miércoles, junto a su junta de gobernadores, una decisión tan importante o más que la subida de tipos: no ser Arthur Burns. El presidente de la Reserva Federal entre 1970 y 1978, nombrado por Richard Nixon, cedió a las presiones del mandatario republicano y evitó subir tipos ante una crisis petrolera a principios de los años 70. La hiperinflación que llegó después convirtió a Burns en un gafe dentro de la comunidad de banqueros centrales, el paradigma de lo que no deben ser. Kevin Warsh, con cinco años a sus espaldas en la Fed y profundo conocedor de Wall Street, no tuvo dudas. Y el mercado, tras tres meses de recelos, le ha dado el visto bueno.
La subida de tipos es en sí misma un desafío al presidente Donald Trump, que había pedido explícitamente bajarlos. Pero era una decisión prácticamente forzada; con el petróleo en más de 100 dólares, cualquier otra alternativa habría sido pésima para la credibilidad de la Fed, en caso de haber recibido los votos necesarios en el Comité de Mercado Abierto. Pero Warsh fue dos pasos más allá y reforzó su compromiso de lucha contra la inflación de una forma más clara de lo previsto. Trump pensó que había nombrado una paloma (banquero central que prefiere tipos bajos), pero Warsh se ha revelado como un halcón. “La rueda de prensa tuvo un tono restrictivo. Sus observaciones de Jackson Hole y sus principios han sido de carácter restrictivo. Y ha respaldado esa retórica con una subida de los tipos de interés”, resumen los analistas de UBS.
El mensaje va más allá de si subirá tipos en octubre o no: “Nuestras previsiones apuntan a que apenas hay necesidad de nuevas subidas de tipos, y es muy posible que la Fed esté adoptando una postura restrictiva con el fin de ganar credibilidad ante los mercados de bonos”, explica ING, una lectura que coincide con la de DWS, gestora del grupo Deutsche Bank. No se trata tanto de anticipar futuras alzas de tipos como de demostrar que tomará las decisiones necesarias si es preciso.

Los expertos no se ponen de acuerdo sobre los próximos movimientos. ING o Citi esperan una pausa en las subidas de tipos, pero Goldman Sachs prevé un incremento del precio del dinero en octubre, apenas unas semanas antes de la celebración de las elecciones de mitad de mandato, y JP Morgan ve un nuevo repunte en diciembre. El mercado de futuros ha duplicado las expectativas de que la Fed suba tipos en octubre (calcula una probabilidad del 53%) respecto a la pasada semana. Pero, contrariamente a lo ocurrido en meses anteriores, cuando las previsiones de alzas de tipos se trasladaban a la deuda pública a largo plazo, esta vez no ha ocurrido así.
De la mano de las previsiones de una Fed más dura, el bono a 10 años ha recortado levemente su rendimiento, que está de nuevo por debajo del 5%. “A Warsh le alegrará saber que la evolución del rendimiento de los bonos a 10 años muestra un descenso moderado de las expectativas de inflación, lo que indica el visto bueno del mercado”, concluye el banco neerlandés.
Las previsiones de los miembros de la Fed apuntan mayoritariamente a entre una y dos subidas del precio del dinero en lo que queda de año. Warsh no aporta sus expectativas, dentro de su filosofía de no dar pistas al mercado. Pero en la conferencia de prensa sí indicó su proceso de decisión, con claves que apuntan a su compromiso contra la inflación. “Resultó revelador que explicara que la subida de hoy ‘empieza a demostrar que vamos en serio’, lo que da a entender que se esperan nuevas medidas políticas”, indica Citi. “El comentario según el cual la subida había ‘eliminado una dosis de política acomodaticia’ fue la señal más clara de que aún existe un cierto nivel de política acomodaticia y, por lo tanto, será necesario adoptar más medidas”, resalta, por su parte, MUFG. La Fed, en definitiva, ha subido el listón: tiene menos tolerancia a la inflación de lo previsto y su tipo neutral es más elevado. “Es posible que nos encontremos ante una función de reacción mucho más restrictiva durante los próximos cuatro años en comparación con los últimos cuarenta”, indica UBS.
El mensaje de este miércoles, además, ha orillado a Donald Trump dentro de la ecuación de los expertos. “Creemos que las elecciones de mitad de legislatura suponen un obstáculo menor para una segunda subida de tipos de lo que podrían suponer para una subida inicial”, añade Goldman Sachs. Otro aspecto clave de la reunión fue la capacidad de Warsh para conseguir, después de casi un año con niveles de discordia casi sin precedentes, una decisión unánime. “Este punto refuerza la credibilidad de la Reserva Federal y, sobre todo, de su presidente. Las sospechas de que sería un títere de Trump se van desvaneciendo”, resume UBS. Incluso los consejeros más cercanos a las tesis de Trump se han unido. “[Christopher] Waller y [Michelle] Bowman se han subido a bordo”, resume la firma suiza. Estos dos consejeros han votado en los últimos meses, durante los ataques de la Casa Blanca sobre Jerome Powell, a favor de bajar los tipos de interés. Ambos fueron nombrados por el presidente en su primer mandato. Y con la llegada de Warsh ha salido de la Fed Stephen Miran, el heterodoxo economista de cabecera cercano a Trump siempre partidario de bajar el precio del dinero.
Kevin Warsh ha ganado credibilidad a ojos del mercado; ahora está por ver cómo encaja la Casa Blanca esta situación. De momento, ha vuelto a pedir que bajen los tipos de interés, y ha cargado contra el consejo de la Fed, no contra su presidente. Muy lejos de los insultos, agravios e intentos de despido que tuvo que soportar Jerome Powell. El expresidente sigue en la Fed (en contra de la costumbre) para blindarla contra injerencias políticas, como aseguró en su discurso de despedida, y de hecho hace pocas semanas que la Casa Blanca volvió a amenazar con expulsar a Lisa Cook. Pero, en la larga batalla por su independencia, la Reserva Federal parece haber ganado otra escaramuza.
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