Skip to content
  lunes 31 agosto 2026
Trending
25 de agosto de 2026China ya tiene un culpable de su crisis inmobiliaria, pero sigue sin encontrar la solución 22 de abril de 2026Carolina Elena Rodríguez Miguel da voz a la feminidad espiritual contemporánea 18 de agosto de 2026El coste de los servicios de operación de REE suman 3.360 millones este año, un 36% más 17 de agosto de 2026El Ibex pierde los 20.000 puntos ante el repunte del petróleo 19 de agosto de 2026Los afectados por un suspenso masivo en las pruebas de ascenso en la Seguridad Social exigen otra corrección 3 de marzo de 2026Livino Pecharroman Sancha recupera la memoria colectiva de su pueblo en una obra única de foto-historia 24 de agosto de 2026El sector de la aceituna de mesa española se une a Italia y Grecia para plantar batalla en la guerra comercial 5 de mayo de 2025Paula Rivero Cid sorprende al mundo literario con una obra que honra lo ancestral y lo espiritual 10 de julio de 2026John Alejandro Rodríguez Quintero desafía los límites de la realidad en ‘RSP: Protocolo Operación Team Bastardos – La Caída del Usurpador’ 9 de junio de 2025Esther Blanco Rodríguez lanza su primer libro y emociona con su mirada íntima sobre la vida
  • Contacto
CulturaMontevideo - Toda la novedad de Montevideo y sus alrededores
  • Titulares
  • Deportes
  • Política
    • Nacional
    • Internacional
  • Policiales
  • Cultura
  • Economía
  • Sociedad
CulturaMontevideo - Toda la novedad de Montevideo y sus alrededores
CulturaMontevideo - Toda la novedad de Montevideo y sus alrededores
  • Titulares
  • Deportes
  • Política
    • Nacional
    • Internacional
  • Policiales
  • Cultura
  • Economía
  • Sociedad
  • Contacto
CulturaMontevideo - Toda la novedad de Montevideo y sus alrededores
  Economía  Un tiempo prestado
Economía

Un tiempo prestado

31 de agosto de 2026
FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail

Un carguero atraviesa el estrecho de Malaca, en Singapur.

En verano uno mira menos las noticias y quizá por eso las ve con mayor claridad. Llegan a ráfagas: un titular en el móvil, una conversación a medias, la radio de fondo. Y casi todas parecen contar la misma historia: las Bolsas rozan máximos, las empresas ganan más que nunca y la tecnología no se detiene. La economía, a juzgar por el escaparate, va bien.

Seguir leyendo

 Las Bolsas baten récords mientras una parte creciente de la población siente que la prosperidad ni le roza  

En verano uno mira menos las noticias y quizá por eso las ve con mayor claridad. Llegan a ráfagas: un titular en el móvil, una conversación a medias, la radio de fondo. Y casi todas parecen contar la misma historia: las Bolsas rozan máximos, las empresas ganan más que nunca y la tecnología no se detiene. La economía, a juzgar por el escaparate, va bien.

Después uno levanta la vista de la pantalla y encuentra una realidad menos perfecta: el vecino que no llega a fin de mes, la tienda de barrio que ha echado el cierre o el hijo de treinta años que no puede pagarse un alquiler. Algo no encaja y no está usted teniendo visiones. Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo.

Durante buena parte de las últimas décadas fue justo al revés. A ver, no todo era perfecto —hubo crisis, recesiones, desempleo y algún susto de los gordos—, pero nos iba bien o al menos, aunque la prosperidad no alcanzara a todos por igual, la economía sí disfrutaba de unas fuerzas de fondo que hacían que sus beneficios llegaran a muchas más capas de la población.

No, no era un mundo igualitario, pero sí uno en el que crecer resultaba relativamente más fácil y los beneficios del crecimiento se extendían más. Hoy la frase se ha dado la vuelta: todo va bien, pero a todos nos va mal. El dato luce y, por debajo, mucha gente está peor que hace años.

Alguien podría tener la tentación de mirar aquel mundo con nostalgia, como si hubiera sido fácil y ahora lo estuviéramos perdiendo. No era un mundo perfecto. Hubo desigualdad, precariedad y regiones enteras que se quedaron atrás. Lo bueno es que el viento de cola era tan ancho que casi todos notaban algo de empuje. Aquella etapa contó con dos ayudas extraordinarias: dinero cada vez más barato y una enorme capacidad productiva incorporándose a la economía global.

Más noticias

Las claves: 29 estados contra una de las siete mayores compañías del mundo

19 de agosto de 2026

El Supremo de EE UU avala las sanciones millonarias a las grandes operadoras por vender datos de sus clientes

20 de agosto de 2026

PwC calcula que el distrito de innovación del Real Madrid generará 1.288 millones de negocio al año

29 de agosto de 2026

El precio de la gasolina y el diésel se encarecen por séptima semana consecutiva

19 de agosto de 2026

Desde finales de los años ochenta, los tipos de interés siguieron una larga tendencia descendente. Al mismo tiempo, China y otras economías emergentes añadieron cientos de millones de trabajadores al mercado laboral mundial. Las empresas pudieron producir más barato, ampliar sus márgenes y financiarse a costes cada vez menores. A ello se sumaron el avance tecnológico, el aumento del comercio y unos mercados de capitales cada vez más profundos.

Nos acostumbramos tanto a estas condiciones excepcionalmente favorables que las confundimos con la normalidad. Y no, no lo era. Era un tiempo prestado, pero las condiciones del préstamo han cambiado.

Lo que vivimos ahora quizá no sea tanto un mundo nuevo como el regreso de uno más antiguo y conocido, el de siempre, donde el capital es escaso, la geopolítica pesa y la rentabilidad no les toca a todos por igual. La anomalía no es este presente. La anomalía fueron aquellos treinta años “tan amables”.

Hay una razón de fondo. La economía ha dejado de buscar únicamente lo más barato para buscar también lo más seguro. Durante años se producía allá donde resultara más eficiente, donde saliera a cuenta, sin preguntar demasiado por la bandera del proveedor, el fabricante o el origen de la energía. Ahora los gobiernos quieren las fábricas cerca, la energía bajo control y los proveedores en el bloque político “correcto”.

Puede ser razonable, incluso necesario, no voy a entrar a discutirlo. Pero duplicar cadenas, reindustrializar y rearmarse cuesta dinero, y ese dinero se paga con más inflación y con tipos que difícilmente volverán a niveles próximos a cero. No digo que lo barato se repartiera siempre de forma justa. El dinero gratuito subió el precio de los activos y benefició sobre todo a quienes ya los poseían. La globalización dejó ganadores y perdedores. Aun así, abarató bienes, amplió el comercio y permitió que muchas compañías crecieran sin necesidad de disponer de balances extraordinarios. El nuevo modelo, sin embargo, favorece a las empresas que parten con más capital, mayor escala y respaldo público.

Un claro ejemplo es la inteligencia artificial, porque democratiza el acceso a capacidades que hasta hace poco una pequeña compañía no podía ni siquiera soñar. Pero la infraestructura que sostiene esa aparente democratización está extraordinariamente concentrada y premia a quien ya iba por delante: al que tiene los datos, el capital para invertir miles de millones y el acceso a los recursos, que devora funcionando las veinticuatro horas. Además, cuanto más potente se vuelve, más se concentra. La inteligencia artificial puede abaratar el conocimiento y, al mismo tiempo, encarecer todo lo físico que necesita para funcionar.

Para el que invierte, nada de esto significa que hoy sea más difícil que antes. Solo que es distinto.

Durante largos periodos bastaba con estar dentro y dejar que el viento de cola hiciera buena parte del trabajo. Ahora hay que elegir bien dónde estás, porque los lados se han separado tanto que el mismo mercado puede ser el cielo o el infierno según dónde caigas. El índice está en máximos, cierto, pero conviene mirar de qué está hecho ese máximo, quítele unos cuantos nombres y el retrato cambiará. Muchas de las compañías llevan meses sin ir a ninguna parte. Así que uno cree que se apoya en el mercado y, sin darse cuenta, se apoya en unas pocas empresas.

Por eso importa más que nunca saber qué nombres explican la rentabilidad y cuánto se está pagando por ellos. Distinguir la compañía con una ventaja real de la que solo tiene una buena historia, la que financia sus propias inversiones de aquella que depende de financiación o la que convierte la innovación en beneficios de la que se limita a anunciarlos. No lo dude, es mucho más trabajo; pero también es más interesante.

No hay que leer nada de esto en clave de derrota. El mundo que viene tendrá crecimiento, innovación y oportunidades. Puede que incluso algunas sean más atractivas que las de antes, pero exigirán mayor selección. Habrá que ganárselas una a una.

¡Ah! Y la próxima vez que le digan, entre el segundo refresco y el chapuzón, que la economía va estupendamente, no discuta. Puede que sea verdad. Solo hay que preguntarse: ¿para quién?

Virginia Pérez es directora de inversiones de Tressis

 Feed MRSS-S Noticias

FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail
Moneda de curso ilegal: así funcionan las ‘stablecoins’ blindadas creadas por y para los malos
Bruselas reabre el debate de los eurobonos para la emergencia climática
Leer también
Destacados

Mary debuta en la literatura con “El viaje”, cuatro historias sobre la corrupción cotidiana y la fortaleza tras la pérdida

31 de agosto de 2026
Economía

Cientos de interinos estatales cesan de sus puestos este lunes por el fin de la ejecución de los fondos europeos

31 de agosto de 2026
Economía

Bruselas reabre el debate de los eurobonos para la emergencia climática

31 de agosto de 2026
Economía

Moneda de curso ilegal: así funcionan las ‘stablecoins’ blindadas creadas por y para los malos

31 de agosto de 2026
Economía

Javier Urbiola (ISS): “Me tomo la pastilla diaria de andar 7.000 pasos como mínimo”

31 de agosto de 2026
Economía

UGT propone suspender algunos días la huelga en Airbus para intentar llegar a un acuerdo

30 de agosto de 2026
Cargar más
    CULTURAMONTEVIDEO.COM © 2024 | Todos los derechos reservados
    • Contacto
    • Aviso Legal
    • Política de Cookies
    • Política de Privacidad