La patronal española se ha alineado con las tesis de la economía de la oferta y, en particular, con las de la famosa curva de Arthur Laffer, para reclamar una bajada de impuestos en España. El Instituto de Estudios Económicos (IEE), el centro de estudios de la CEOE, ha desarrollado buena parte de esta argumentación en el libro La curva de Laffer y la economía de la oferta. Rebajas fiscales para el crecimiento, elaborado junto al instituto de corte liberal Juan de Mariana y presentado este miércoles. Su tesis es que una presión fiscal elevada actúa como freno sobre la inversión, la productividad y el empleo. Por ello, el presidente del IEE, Íñigo Fernández de Mesa, ha reivindicado una revisión “profunda y completa” del sistema fiscal.
El centro de estudios de la CEOE y el Instituto Juan de Mariana presentan un libro que reivindica las tesis de la economía de la oferta
La patronal española se ha alineado con las tesis de la economía de la oferta y, en particular, con las de la famosa curva de Arthur Laffer, para reclamar una bajada de impuestos en España. El Instituto de Estudios Económicos (IEE), el centro de estudios de la CEOE, ha desarrollado buena parte de esta argumentación en el libro La curva de Laffer y la economía de la oferta. Rebajas fiscales para el crecimiento, elaborado junto al instituto de corte liberal Juan de Mariana y presentado este miércoles. Su tesis es que una presión fiscal elevada actúa como freno sobre la inversión, la productividad y el empleo. Por ello, el presidente del IEE, Íñigo Fernández de Mesa, ha reivindicado una revisión “profunda y completa” del sistema fiscal.
La curva que trazó Laffer hace ya más de 50 años parte de una obviedad: si el Estado no cobra impuestos, no recauda nada por motivos lógicos; y si se queda con el 100% de una renta, tampoco, ya que nadie trabajaría ni invertiría. La verdadera discusión empieza, claro, cuando toca decidir en qué punto está la virtud. Ese pequeño detalle, sin embargo, no aparece en la famosa servilleta que dibujó el economista estadounidense, cercano a la Administración Trump y que la semana pasada se reunió con Vox para aplaudir las políticas de “desregulación” que están llevando a cabo los gobiernos autonómicos en los que se sienta la formación de extrema derecha.
Ni Laffer ni los modelos econométricos permiten establecer con precisión matemática cuál es el tipo óptimo para cada economía o impuesto. Ese punto depende de factores como el momento del ciclo, el gravamen concreto del que se trate o las características de cada país, incluyendo, cómo no, el grado de cobertura del paraguas del Estado y de los servicios públicos.
Por eso, el propio documento introduce varios matices a la idea facilona y socorrida de que bajar impuestos redunda directamente en un aumento de la recaudación. De hecho, el propio director general del IEE, Gregorio Izquierdo, explicó en la presentación del libro que la famosa curva “se interpreta mal”, ya que “no deja de ser una metáfora de comportamiento”. Es decir, una rebaja fiscal no se traduce automáticamente en más ingresos para las arcas públicas ni se financia por sí sola en cualquier escenario. Para que eso pueda ocurrir, los tipos de partida tendrían que encontrarse en la denominada zona prohibitiva de la curva, aquella en la que el nivel de imposición es tan elevado que provoca una reducción de la actividad, un aumento de la economía sumergida o el traslado de bases imponibles a otras jurisdicciones.
El IEE y el Instituto Juan de Mariana también señalan que el diseño de las posibles rebajas fiscales resulta determinante. Para que tengan un efecto sobre la oferta, sostienen que debe concentrarse en los tipos marginales ―los que gravan cada euro adicional obtenido por trabajar o invertir―, aplicarse de forma inmediata y percibirse como permanente.
A partir de este planteamiento, la patronal sugiere que España sí se encuentra en la zona ineficiente de la curva y que su sistema fiscal penaliza la generación de riqueza. El informe dedica una parte de su análisis a las rentas altas. Los tipos marginales máximos del IRPF superan el 50% y llegan hasta el 55% en algunas comunidades. Según el documento, una carga de ese nivel reduce los incentivos para generar ingresos adicionales y puede hacer que profesionales cualificados reconsideren dónde desarrollar su actividad o que los contribuyentes con mayores recursos reorganicen sus patrimonios o trasladen su residencia fiscal. La carga se ve agravada por la no deflactación del impuesto sobre la renta en un contexto de alta inflación, una subida fiscal en frío que afecta al conjunto de los contribuyentes.
La argumentación se extiende también a la riqueza, las empresas y la vivienda. El informe cuestiona impuestos como el de patrimonio y el de sucesiones, que presenta como figuras prácticamente desaparecidas en buena parte de Europa y que, según su análisis, pueden actuar como un obstáculo para la llegada o permanencia de grandes inversores y fortunas. El documento introduce aquí otro de sus argumentos centrales: la traslación de los impuestos en una economía abierta. Dado que el capital puede desplazarse con relativa facilidad entre países, el texto sostiene que parte de la carga de los tributos que recaen sobre las empresas y las grandes fortunas podría trasladarse a factores menos móviles, entre ellos los trabajadores, a través de menores salarios netos o menos empleo.
En la misma línea, el informe considera que una mayor imposición sobre las empresas y el aumento de las cotizaciones a la Seguridad Social elevan la llamada cuña fiscal, es decir, la diferencia entre lo que cuesta un trabajador al empleador y lo que finalmente recibe este en forma de salario. Esa mayor carga, asegura el documento, encarece la contratación, desincentiva la inversión productiva y dificulta el crecimiento de los salarios reales. Los expertos también cargan contra figuras ad hoc, como los impuestos sectoriales sobre la banca. En el caso de la vivienda, el documento sostiene que la elevada tributación sobre la propiedad y la transmisión del suelo encarece el acceso y reduce la oferta disponible.
La propia presentación del IEE matiza que la economía de la oferta no consiste simplemente en bajar impuestos. La receta que defiende incluye también revisar el gasto público, eliminar trabas regulatorias y favorecer los incentivos al ahorro, la inversión, el trabajo, la innovación y el emprendimiento. En materia fiscal, el foco no debe ponerse solo en los tipos impositivos, sino también en cómo estos afectan a las bases imponibles y, sobre todo, a cuánto dinero queda finalmente en el bolsillo del contribuyente. La idea de fondo es que una política económica debe valorar no solo cuánto recauda, sino también cómo afecta a las decisiones que sostienen la actividad económica.
En la presentación, además de las rebajas fiscales, los dos centros de estudios defendieron también la necesidad de revisar el gasto público, eliminar trabas regulatorias y favorecer los incentivos al ahorro, la inversión, el trabajo, la innovación y el emprendimiento, siempre con el foco de cuánto dinero queda finalmente en el bolsillo del contribuyente.
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