
Europa invierte poco en Europa. Estados Unidos, en cambio, invierte mucho en EE UU. Esto explica, en parte, la creciente disparidad de competitividad a ambas orillas del Atlántico. Pero en las grandes capitales del Viejo Continente quieren cambiar esa tendencia. Las familias estadounidenses han triplicado su inversión en renta variable norteamericana en la última década. La mayoría de los hogares de clase media tiene acciones de Tesla, Nvidia o Apple. Mientras tanto, los ciudadanos de la Unión Europea apenas invierten en empresas del Viejo Continente. De hecho, los europeos tienen prácticamente la misma inversión en Bolsa europea que en Wall Street. Y en España, los hogares atesoran aún 1,104 billones de euros en depósitos bancarios, una cifra que no ha parado de crecer desde la pandemia y que ha dejado a los ahorradores españoles completamente al margen del rally que se anota la renta variable en los últimos años.
España y otros países europeos empiezan a lanzar nuevos productos que incluyen ayudas fiscales para quienes inviertan en Bolsa de la UE
Europa invierte poco en Europa. Estados Unidos, en cambio, invierte mucho en EE UU. Esto explica, en parte, la creciente disparidad de competitividad a ambas orillas del Atlántico. Pero en las grandes capitales del Viejo Continente quieren cambiar esa tendencia. Las familias estadounidenses han triplicado su inversión en renta variable norteamericana en la última década. La mayoría de los hogares de clase media tiene acciones de Tesla, Nvidia o Apple. Mientras tanto, los ciudadanos de la Unión Europea apenas invierten en empresas del Viejo Continente. De hecho, los europeos tienen prácticamente la misma inversión en Bolsa europea que en Wall Street. Y en España, los hogares atesoran aún 1,104 billones de euros en depósitos bancarios, una cifra que no ha parado de crecer desde la pandemia y que ha dejado a los ahorradores españoles completamente al margen del rally que se anota la renta variable en los últimos años.
La inercia española de destinar el ahorro a vivienda es enorme. El ladrillo es visto por las familias españolas como el activo más seguro, incluso en un país que sufrió una fuerte crisis inmobiliaria con efectos que se prolongan a día de hoy. La inversión en Bolsa queda lejos, aunque sea una alternativa evidente y rentable para ganar dinero en el largo plazo. La adquisición de viviendas como activo de inversión es de hecho una de las causas que explican la actual crisis de oferta que ha terminado por sacar el problema a las calles, precipitando incluso el adelanto de las elecciones generales. Trasladar el ahorro hacia la Bolsa es por tanto un desafío que debe romper con décadas de querencia indiscutible por el ladrillo, en un momento en que los Gobiernos e instituciones europeas apelan también a los hogares como vía de financiación ante retos como la transición energética o el envejecimiento de la población.
España y el conjunto de Europa siguen teniendo un problema estructural para transformar su enorme volumen de ahorro en inversión productiva. Los hogares de la UE mantienen alrededor de un tercio de sus activos financieros en depósitos y efectivo y, cuando invierten en Bolsa, una parte sustancial del dinero acaba financiando empresas de fuera de la Unión, especialmente estadounidenses.

Según un reciente informe del BCE, las acciones de EE UU representan ya el 34% de las posiciones bursátiles de los hogares de la eurozona, una proporción similar al peso de las acciones domésticas (35%), mientras que la mitad de toda su exposición a renta variable está en emisores no europeos. La institución estima además que, si los hogares europeos tuvieran una estructura de ahorro más parecida a la de los estadounidenses, hasta ocho billones de euros podrían redirigirse hacia inversiones de mercado a largo plazo.
Una de las ideas más avanzadas para tratar de movilizar ahorro europeo hacia capital productivo europeo es la aprobada la semana pasada por el Gobierno español, dentro del llamado decreto Maricarmen. Se trata de la llamada cuenta de ahorro e inversión Financia Europa, que el Ejecutivo ha vuelto a incorporar en el real decreto-ley de vivienda que será validado por la Diputación Permanente del Congreso.
La cuenta Financia Europa española
La cuenta permitirá que cada inversor destine hasta 150.000 euros a comprar y vender acciones y fondos de inversión, siempre que su cartera tenga un importante sesgo hacia la renta variable europea. El reclamo es un importante incentivo fiscal. En concreto, el 70% de los activos de la cuenta deben ser de la Unión Europea y al menos la mitad del valor de la cartera estará en Bolsa.
Cada particular solo podrá tener una cuenta. Las aportaciones se harán en efectivo, con el mencionado tope máximo. Las operaciones de compraventa de títulos no obligarán a tributar mientras el dinero no salga de esa cuenta. Y, lo más importante, a los cinco años, habrá una exención fiscal para los 10.000 primeros euros de plusvalías generadas. A partir de ese importe, solo se pagarán impuestos por el 80% de las ganancias.
Un ejemplo. Una persona invierte 100.000 euros en un fondo de Bolsa de la eurozona. A los cinco años, lo vende por 140.000 euros. Si rescata el dinero, los primeros 10.000 euros están exentos, y solo tributa por el 80% de los otros 30.000 euros: es decir, 24.000 euros. Unos 4.800 euros por unas ganancias de 40.000 euros.
Antón Díez-Tubet, director general del neobanco N26 para España y Portugal, considera que “la medida es muy atractiva para los pequeños ahorradores, aunque habrá que ver cómo la podemos integrar en nuestra propuesta de valor”.
El dinero que vaya a estas cuentas Financia Europa deberá invertirse casi en su totalidad. De hecho, la normativa prevé que la cuenta operativa solo pueda tener 1.500 euros. El resto se destinará a la compra de acciones y fondos elegibles, que también podrán tener el formato de fondos cotizados (ETF, en la jerga).
Además de esa cuenta, el Gobierno ha aprobado una nueva póliza de ahorro, con vocación europea. El seguro individual de ahorro a largo plazo Financia Europa (Sialpfe) permite realizar aportaciones de hasta 10.000 euros al año. ¿Las condiciones? Un 70% del dinero invertido debe ir a acciones y bonos del Espacio Económico Europeo y, al menos, el 30% de la cartera en Bolsa europea—. ¿Y las ventajas? Las plusvalías obtenidas por el capital depositado estarán exentas de tributación si se mantiene la inversión cinco años.
El precedente de la cuenta francesa
Otro de los países pioneros en el desarrollo de cuentas de este tipo es Francia. Sus planes de ahorro en acciones (PEA, por sus siglas en francés) son uno de los antecedentes nacionales más cercanos al sello Financia Europa, la iniciativa de la Comisión Europea y varios estados miembros —incluida España— que busca movilizar cientos de miles de euros que ahora están en depósitos o cuentas corrientes, para que contribuyan a dinamizar la economía de la UE.
La filosofía que hay detrás de este producto es prácticamente la misma que persigue Bruselas: sacar parte del ahorro europeo de los depósitos bancarios y dirigirlo hacia mercados de capitales que financien empresas, innovación y crecimiento económico.
EL PEA ordinario tiene un techo de 150.000 euros por titular. Existe además el PEA-PME, orientado a pymes y empresas medianas, con un límite específico más elevado cuando se combina con el PEA tradicional. Dentro del PEA pueden comprarse y venderse valores sin generar tributación inmediata. La fiscalidad se activa principalmente cuando se producen retiradas de fondos.
Si el titular mantiene el plan durante al menos cinco años, las plusvalías y dividendos acumulados quedan exentos del impuesto sobre la renta francés, aunque siguen sujetos a cotizaciones sociales. Para los fondos y ETF elegibles en un PEA, la regla general es que deben mantener al menos un 75% de su patrimonio invertido en acciones de empresas con sede en la Unión Europea o el Espacio Económico Europeo. Estos vehículos acumulaban a finales de 2025 más de 126.000 millones de euros en valores (acciones, fondos, ETF…), un 11% más que un año antes.
Enfoque hacia pensiones en Alemania
El Gobierno de Berlín también quiere fomentar la inversión en renta variable. Su propuesta se ha concretado en unas cuentas pensadas para ahorrar de cara a la jubilación, las altersvorsorgedepot. Este producto entrará en vigor a partir del 1 de enero de 2027 y permitirá invertir en fondos y ETF con apoyo fiscal y subvenciones públicas.
La gran novedad respecto al vehículo operativo ahora en Alemania es que ya no será necesario que se garantice el 100% del capital aportado, lo que había llevado a inversiones destinadas sobre todo a deuda. Ahora podrá llegar más dinero a la Bolsa.
Estas cuentas tienen una subvención pública que puede alcanzar hasta 540 euros anuales en función de las aportaciones realizadas, más ayudas de hasta 300 euros por hijo. A diferencia del modelo francés PEA o de la cuenta española Financia Europa, no está diseñado para dirigir el ahorro hacia empresas germanas o europeas, sino para impulsar el ahorro previsión a largo plazo mediante inversiones en fondos y ETF.
Cuentas suecas: el referente ISK
El caso sueco es probablemente el que más interés despierta en Bruselas. Su producto ISK (Investeringssparkonto), creado en 2012, es considerado como uno de los mayores éxitos europeos en movilización del ahorro minorista hacia los mercados de capitales.
El enfoque sueco ha inspirado a la Comisión Europea porque demuestra que una cuenta sencilla y con una fiscalidad muy fácil puede aumentar enormemente la participación de los hogares en Bolsa. Por eso, cuando la Comisión habla de las nuevas savings and investment accounts (SIA), suele mencionar experiencias como el ISK sueco, el PEA francés o las ISA británicas.
Dentro de la cuenta sueca, el particular puede invertir en acciones suecas, europeas y estadounidenses, fondos de inversión, ETF y otros instrumentos financieros sin restricciones geográficas específicas. Su principal atractivo es fiscal: en lugar de tributar por cada plusvalía obtenida o por los dividendos cobrados, el ahorrador paga una tasa anual estandarizada calculada sobre el valor de la cuenta, lo que elimina la necesidad de declarar individualmente cada operación de compraventa y simplifica enormemente la gestión fiscal. Además, desde este año las primeras 300.000 coronas suecas (26.000 euros) invertidas en cuentas ISK y productos equivalentes disfrutan de una exención fiscal.
A diferencia del PEA francés o de Financia Europa, la ISK no exige invertir en activos europeos ni nacionales, ya que su objetivo es fomentar la inversión minorista en general, independientemente del destino geográfico del ahorro.
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