España necesita construir más vivienda. Es una frase que se repite casi a diario, y que vale la pena seguir repitiendo hasta que el país haya encauzado una solución. El Banco de España ha cifrado el déficit actual de casas en 750.000 y todo apunta a que alcanzará el millón porque no hay visos de que la situación vaya a corregirse en breve. La base del problema es que cada año, desde hace ya mucho, la creación de hogares (por la inmigración, por los divorcios y separaciones, por la emancipación de jóvenes) supera de largo a la edificación de nueva vivienda.
El déficit de casas, cifrado en 750.000, obliga a acelerar la edificación sin repetir los vicios de la burbuja
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
El déficit de casas, cifrado en 750.000, obliga a acelerar la edificación sin repetir los vicios de la burbuja


España necesita construir más vivienda. Es una frase que se repite casi a diario, y que vale la pena seguir repitiendo hasta que el país haya encauzado una solución. El Banco de España ha cifrado el déficit actual de casas en 750.000 y todo apunta a que alcanzará el millón porque no hay visos de que la situación vaya a corregirse en breve. La base del problema es que cada año, desde hace ya mucho, la creación de hogares (por la inmigración, por los divorcios y separaciones, por la emancipación de jóvenes) supera de largo a la edificación de nueva vivienda.
El sector y la mayor parte de los expertos coinciden en el diagnóstico. Y a grandes rasgos en la solución que plantean: aumentar la producción de vivienda. Pero plasmar esto en la realidad acarrea muchas dificultades. Algunas las denuncian recurrentemente las empresas del sector: los procesos urbanísticos en España son largos y farragosos, lo que impide producir a la velocidad adecuada suelo para construir; y eso se agrava posteriormente con otros procesos que requieren una burocracia igualmente tediosa. Corresponde a los poderes públicos poner fin a estos males. Y a los ciudadanos y las empresas exigirles que así sea.
No obstante, otras sombras planean sobre el sector. Acelerar la edificación implica incrementar el número de trabajadores que se dedican a ello en un contexto de escasez de mano de obra que lleva años sin corregirse. Y algunos promotores denuncian también la falta de músculo financiero, agravada por el hecho de que el entorno regulatorio no ayuda a que los bancos presten más dinero al sector.
En parte puede decirse que España sigue pagando los excesos de la burbuja inmobiliaria de principios de siglo. La construcción de vivienda sigue siendo vista por muchos con recelo y temor a que la situación se repita. Y desde luego que no es deseable volver a algunos vicios que alimentaron aquel contexto explosivo. Pero justo es reconocer que la situación actual se parece en muy poco a la de entonces. Y que cada vez quedan menos argumentos para justificar la parálisis de la construcción. Para empezar porque no es una solución excluyente con otras como la movilización de casas vacías o el incremento de la vivienda social, que pueden (y deben) acometerse en paralelo. Y para acabar porque el coste de no actuar supone agravar una crisis de acceso a la vivienda que están pagando sobre todo generaciones que en 2008 apenas tenían interacción con el sector inmobiliario.
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