Pese a que era el líder de Israel cuando unas 1.200 personas murieron en los ataques encabezados por Hamás el 7 de octubre de 2023, Benjamin Netanyahu tiene opciones sorprendentemente buenas de obtener un buen resultado en las elecciones generales de la próxima semana. En parte se debe a las campañas militares del primer ministro israelí, que le han devuelto el prestigio a ojos de algunos de sus compatriotas. También a que preside una economía que en 2025 logró crecer más de un punto porcentual por encima de la media del 1,8% de los países de la OCDE, el club de economías desarrolladas. Aun así, otro Gobierno podría obtener un dividendo económico.
Netanyahu llega a los comicios con un crecimiento superior a la media de la OCDE, pero el bajo empleo entre los ultraortodoxos amenazan el futuro fiscal del país
Pese a que era el líder de Israel cuando unas 1.200 personas murieron en los ataques encabezados por Hamás el 7 de octubre de 2023, Benjamin Netanyahu tiene opciones sorprendentemente buenas de obtener un buen resultado en las elecciones generales de la próxima semana. En parte se debe a las campañas militares del primer ministro israelí, que le han devuelto el prestigio a ojos de algunos de sus compatriotas. También a que preside una economía que en 2025 logró crecer más de un punto porcentual por encima de la media del 1,8% de los países de la OCDE, el club de economías desarrolladas. Aun así, otro Gobierno podría obtener un dividendo económico.
La violencia y la agitación de los últimos tres años hacen llamativa la resistencia económica de Israel. Es cierto que la deuda pública se encamina hacia el 70% del PIB, unos diez puntos porcentuales más que en 2022, y que el déficit fiscal ha subido hasta casi el 5% del PIB, desde menos del 2%. Pero aunque el gasto en defensa se ha duplicado hasta rondar el 8% del PIB, el aumento de los presupuestos militares en el extranjero está impulsando la demanda de drones y sistemas cibernéticos fabricados por el sector tecnológico, que supone más de la mitad de las exportaciones israelíes. El índice TA-125 de la Bolsa de Tel Aviv se ha disparado más de un 130% en los últimos tres años, por encima de la subida del 80% del S&P 500, mientras que el coste de asegurar la deuda pública israelí a cinco años frente a un impago ha vuelto aproximadamente a su nivel de septiembre de 2023. El banco central conserva todavía unos 211.000 millones de euros en reservas de divisas, más de un tercio del PIB.
Con todo, el crecimiento del país y su recaudación fiscal descansan sobre un número reducido de personas. La alta tecnología representó el 18% del PIB en 2025 y la mitad del crecimiento de la economía. Sin embargo, los trabajadores en profesiones tecnológicas, los médicos y los profesores universitarios de alto rango suman en conjunto unas 300.000 personas, alrededor del 3% de los israelíes, según Dan Ben-David, del Instituto Shoresh de Investigación Socioeconómica, de carácter independiente. El 20% de los trabajadores con mayores ingresos aporta el 93% de la recaudación del impuesto sobre la renta, afirma.
Esa concentración hace que las salidas puedan resultar costosas. En 2024 emigraron 35.993 israelíes nacidos en el país, un 62% más que la media anual entre 2009 y 2022, mientras que solo regresaron 13.820. Los datos más recientes apuntan en la misma dirección. En el segundo semestre de 2025, el 35% de las empresas tecnológicas encuestadas registró un aumento de las solicitudes de traslado, al tiempo que el empleo israelí en I+D cayó por primera vez en una década, según la Autoridad de Innovación de Israel. Es inevitable que las star-tups israelíes se expandan al extranjero y contraten cerca de sus clientes. Pero hay indicios de que la política ha influido en la decisión de marcharse de al menos parte de los israelíes altamente cualificados que el país quiere retener.
En 2023, el Gobierno de Netanyahu intentó ganar influencia política sobre los nombramientos judiciales y limitar los poderes del Tribunal Supremo, lo que desató multitudinarias protestas en las calles. Sus partidarios sostenían que los jueces habían acumulado una autoridad excesiva, mientras que sus detractores advertían de que los cambios debilitarían los contrapesos al poder ejecutivo. El Parlamento aprobó el año pasado una ley que otorga a los políticos más peso en la designación de jueces, cuyos cambios entrarán en vigor tras las próximas elecciones.
Rivka Carmi, que presidió una universidad israelí y ahora dirige ScienceAbroad, explica que una encuesta realizada en agosto de 2023 entre investigadores israelíes en el extranjero reveló que más de la mitad se planteaba quedarse fuera, frente a alrededor del 6% que afirmaba que esa había sido su intención al marcharse. Según Carmi, la inquietud por la reforma judicial del Gobierno fue un factor de peso. La guerra ha sumado presión. Un sondeo posterior de ScienceAbroad, de 2024, constató que la seguridad y el conflicto se habían convertido en consideraciones importantes junto a la política interna. Carmi asegura que algunos israelíes en el extranjero están “sentados sobre las maletas”, a la espera de ver quién gana las elecciones y si un eventual cambio perdura.
Dentro del país, el balance de las recientes operaciones militares de Netanyahu también es ambiguo. Israel sostiene que entró en Gaza para desmantelar a Hamás tras los ataques del 7 de octubre, pero la ofensiva ha arrasado buena parte del enclave y ha suscitado amplias críticas internacionales. Una encuesta de septiembre del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional, un centro de análisis independiente, reveló que solo el 34% de los israelíes estaba satisfecho con la gestión de la guerra de Gaza por parte del Gobierno, aunque el 61% sí lo estaba con la del Ejército. Apenas el 27% considera que Israel ha ganado la campaña de Gaza, y el 23%, que se ha impuesto a Irán.
Las repercusiones exteriores plantean otro problema. Una encuesta de Pew de este año concluyó que, de media, el 67% de los adultos de 36 países tenía una opinión desfavorable de Israel, incluido el 60% en EE UU. Ese deterioro de la imagen internacional pesa sobre un sector tecnológico cuyo éxito depende en gran medida del acceso a los capitales y mercados globales.
Otra brecha económica, potencialmente mayor, es la comunidad ultraortodoxa, conocida como jaredí. Solo el 53% de los hombres jaredíes tenía empleo en 2025, frente a alrededor del 87% de los hombres judíos no jaredíes, porque una gran parte sigue dedicada al estudio religioso a tiempo completo. Las ayudas públicas han reforzado a menudo ese modelo, y la financiación de las instituciones ultraortodoxas forma parte habitual de las negociaciones para formar coaliciones.
Shoresh calcula que las subvenciones y prestaciones del Gobierno central y las administraciones locales a la comunidad jaredí sumaron unos 10.900 millones de euros en 2024, más que los cerca de 7.800 millones que el Gobierno central destinó en conjunto a hospitales, universidades y escuelas superiores. Además, muchos hombres jaredíes han estado históricamente exentos del servicio militar obligatorio.
Las tendencias demográficas encarecen ese desequilibrio. En 2023, los jaredíes representaban solo alrededor del 6% de los israelíes de entre 50 y 54 años, pero el 26% de los menores de cinco años. A medida que esa generación llegue a la edad adulta, su empleo y su productividad determinarán cada vez más la capacidad de Israel para financiar el Estado.
Un nuevo Gobierno podría obligar a más miembros de esta comunidad a trabajar y a hacer el servicio militar. También podría mejorar la educación de la población. Muchos niños jaredíes no cursan el currículo básico completo, que incluye materias como matemáticas e inglés. Los árabes israelíes, que suponen alrededor de una quinta parte de la población, también obtienen resultados educativos notablemente peores.
El mayor gasto en defensa hace más urgente ampliar la base tributaria. Sin un mayor crecimiento del empleo y la productividad en otros ámbitos, Israel tendrá que elegir entre apoyarse aún más en el reducido grupo que ya aporta buena parte de sus ingresos fiscales, asumir más deuda o recortar gasto en otras partidas.
Eso eleva lo que está en juego en las elecciones. Cuatro sondeos recientes otorgan al bloque de Netanyahu entre 49 y 53 escaños, y al principal bloque opositor, entre 50 y 54, de modo que ninguno alcanzaría los 61 necesarios para la mayoría. Israel celebró cinco elecciones entre 2019 y 2022, así que otro resultado sin vencedor claro es posible. La relativa resistencia de la economía debería amortiguar cualquier impacto a corto plazo. Sin embargo, a más largo plazo, la decisión de los israelíes podría conducir a dos escenarios muy distintos.
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