Calles y edificios en llamas, elecciones que han sorprendido por la dureza de sus resultados y un tropel de incertidumbres ligadas al ecosistema creado alrededor de la inteligencia artificial son algunos de los elementos que golpean desde hace varias semanas a los mercados financieros, provocando bruscas caídas en las Bolsas y escalando la rentabilidad de la deuda francesa hasta niveles no vistos desde 2002. Unas embestidas a las que se suma además un petróleo que se desplaza en cuestión de días de los 118 a los 93 dólares por barril en función de los vientos negociadores en Oriente Próximo. La tormenta perfecta arrecia en los mercados y cobra fuerza gracias al cada vez mayor peso de los algoritmos en la gestión de activos y al apalancamiento de los fondos de cobertura, que se han visto obligados a cubrir fuertes pérdidas, mientras que los pequeños inversores optan cada vez más por fondos cotizados de gestión pasiva, con bajas comisiones, que replican el comportamiento de los índices.
El papel de los fondos con estrategias sistemáticas y de los fondos de cobertura está detrás de la fuerte corrección de esta semana
Calles y edificios en llamas, elecciones que han sorprendido por la dureza de sus resultados y un tropel de incertidumbres ligadas al ecosistema creado alrededor de la inteligencia artificial son algunos de los elementos que golpean desde hace varias semanas a los mercados financieros, provocando bruscas caídas en las Bolsas y escalando la rentabilidad de la deuda francesa hasta niveles no vistos desde 2002. Unas embestidas a las que se suma además un petróleo que se desplaza en cuestión de días de los 118 a los 93 dólares por barril en función de los vientos negociadores en Oriente Próximo. La tormenta perfecta arrecia en los mercados y cobra fuerza gracias al cada vez mayor peso de los algoritmos en la gestión de activos y al apalancamiento de los fondos de cobertura, que se han visto obligados a cubrir fuertes pérdidas, mientras que los pequeños inversores optan cada vez más por fondos cotizados de gestión pasiva, con bajas comisiones, que replican el comportamiento de los índices.
El cronograma inversor de las últimas semanas tiene marcado en rojo varias fechas. El lunes 19 de octubre la ferocidad de las protestas registradas ese fin de semana en las calles de las principales ciudades de Francia a cuenta del encarecimiento del coste de la vida en el país disparó la prima de riesgo gala. El terremoto se dejó sentir en otros países de la zona euro, impactando en el sector bancario y en el euro.
Semana y media después, el 26 de octubre, la inesperada victoria de Lula da Silva en la segunda vuelta de las elecciones brasileñas cortocircuitó a unos inversores que llevaban semanas descontando el triunfo de Flávio Bolsonaro. Segundos después de la apertura de la Bolsa brasileña tras conocerse el resultado, las fuertes ventas que registró el Bovespa —de hasta el 17%— provocaron que se suspendiera su negociación hasta que se lograron casar las órdenes de los inversores.
Esta semana era el turno de los comicios de mitad de mandato de Estados Unidos, en los que se espera un castigo para el bando republicano. Pero la ola azul dejó un claro mensaje de plebiscito contra la fuerte escalada del precio de los carburantes y la instalación masiva de centros de datos. Si el resultado de las urnas, y especialmente la mayor previsibilidad del escenario político durante los dos próximos años, fue recibido con una subida del 1,6% en el S&P 500 en la jornada del miércoles, 24 horas después el mercado acusaba con severo castigo, del 5,5% en el caso del Nasdaq Composite, ante el temor a un frenazo en la IA. “El clásico círculo vicioso”, sintetiza un gestor de fondos de Estados Unidos.
Los fondos gestionados mediante estrategias sistemáticas o cuantitativas (quant en inglés), que recurren a algoritmos matemáticos para la toma de decisiones, están detrás de las fuertes oscilaciones vistas esta semana. Si sus algoritmos descubren que se han alcanzado determinados umbrales de riesgo, tienen capacidad para hacer y deshacer posiciones casi al instante. Su potencial efecto arrastre amplifica cualquier movimiento del mercado, sea al alza o a la baja, tal y como ha pasado estos días. Además, tienen un especial impacto en la gestión pasiva, bien a través de fondos de inversión indexados o de ETF, que solo en EE UU tiene ya una cuota de mercado del 60%.
Los estrategas de JP Morgan explican que los recelos sobre el final de la fuerte apuesta por la IA habrían situado a los principales índices bursátiles por debajo de niveles técnicos considerados clave. Una señal catapulta las órdenes de venta de los fondos sistemáticos y que aceleró este jueves la corrección de la Bolsa estadounidense, según resume Bloomberg.
A la cascada de órdenes de venta activada por las estrategias cuantitativas se suma el papel de los hedge funds y unos pequeños inversores que cada vez más apuestan por ETF e indexados de gestión pasiva que, con comisiones reducidas, se limitan a replicar el comportamiento de los índices. Los hedge funds han triplicado sus activos bajo gestión desde 2013, hasta los 13 billones de dólares (11,5 billones de euros). Si bien, dada su capacidad de apalancamiento, su exposición total al mercado alcanza los 40 billones de dólares, unos 35 billones de euros, que representan más de la mitad de la capitalización de S&P 500. “Cuando las condiciones del mercado se deterioran, los fondos de cobertura pueden pasar de estabilizar los mercados a agravar la tensión”, asevera recientemente un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Estos productos tienen un grado de apalancamiento que varía, pero que en el caso de los vehículos especializados en tecnología suele situarse entre dos y tres veces. Esto es, un hedge fund con exposición a SanDisk y un apalancamiento de hasta tres veces habría sufrido el jueves, cuando la acción del fabricante de memorias se hundió un 22,3%, una depreciación del 70% en esta inversión. Un movimiento que habría disparado las peticiones para aumentar las garantías sobre estas inversiones y que habría disparado a su vez, agudizando las caídas en otros activos. La fuerte corrección que acumulan los activos tecnológicos desde los máximos registrados a primeros de octubre —Intel se deja un 56%, mientras que AMD corrige un 30% y Broadcom, un 19%— está provocando además fuertes pérdidas entre los hedge funds especializados en IA. Si en agosto el hedge fund de un exempleado de OpenAI, Leopold Aschenbrenner, se vio obligado a vender casi toda su cartera por las fuertes caídas registradas entonces al calor de la desconfianza en la rentabilidad de la IA, octubre no ha sido un buen mes para la mayor parte de estos vehículos.
“Nos llueven las peticiones de información sobre el mercado. Por desgracia, hay muy poco que contar”, reconocía el jueves en un comentario a inversores John Flood, responsable de la mesa de renta variable para América de Goldman Sachs. ¿Ha pinchado ya la burbuja de la IA? ¿Es una simple corrección de unas valoraciones excesivas en sectores como el tecnológico? Para algunos, como Dirk Willer, responsable de estrategia de mercados emergentes de Citi Research, “la burbuja puede continuar durante más tiempo, en gran parte porque parece que la demanda excesiva de computación probablemente permanecerá con nosotros en un futuro previsible”. Pero tras tres años de subidas continuadas en la renta variable impulsadas por la IA las dudas de los inversores están más que justificadas.
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