A largo plazo, la vía para lograr una energía más limpia y barata pasa por abandonar los combustibles fósiles. Pero la realidad inmediata, con una guerra de Rusia en Ucrania que no acaba y una nueva lanzada por Estados Unidos contra Irán que ha provocado un shock mundial en los precios de la energía, es otra: a corto plazo, Europa necesita aumentar la capacidad de sus refinerías para poder combatir el alza de precios que está afectando a sus ciudadanos y empresas. Con este fin, la Comisión Europea ha abierto este miércoles un diálogo con el sector para garantizar que el Viejo Continente cuenta con una capacidad de refino “adecuada y flexible” frente a la volatilidad internacional.
La Comisión Europea insta a “garantizar una capacidad de refino adecuada y flexible en Europa” pese a los esfuerzos de descarbonización
A largo plazo, la vía para lograr una energía más limpia y barata pasa por abandonar los combustibles fósiles. Pero la realidad inmediata, con una guerra de Rusia en Ucrania que no acaba y una nueva lanzada por Estados Unidos contra Irán que ha provocado un shock mundial en los precios de la energía, es otra: a corto plazo, Europa necesita aumentar la capacidad de sus refinerías para poder combatir el alza de precios que está afectando a sus ciudadanos y empresas. Con este fin, la Comisión Europea ha abierto este miércoles un diálogo con el sector para garantizar que el Viejo Continente cuenta con una capacidad de refino “adecuada y flexible” frente a la volatilidad internacional.
“Ante una realidad geopolítica compleja y unas necesidades de seguridad apremiantes en Europa, debemos garantizar un suministro fiable para nuestros ciudadanos, nuestras empresas y nuestra defensa. Y debemos asegurarnos de que este suministro sea asequible”, ha defendido el comisario de Energía, Dan Jorgensen, quien junto a su colega de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius, ha abierto en Bruselas la primera ronda de un diálogo estratégico con representantes de refinerías y, también, de la OTAN —otra de las preocupaciones es garantizar la movilidad militar en caso de emergencia—, que tendrá su continuación a comienzos de 2027.
En el mismo día que comenzaba este complejo diálogo, se conocía que los precios del gas en Europa se acercaron este miércoles a la barrera de los 100 euros por megavatio-hora, por primera vez desde 2022, llevados por la crisis en Oriente Próximo y los reportes sobre la posibilidad de que Donald Trump reanude los ataques contra Irán tras las elecciones de medio mandato de la semana que viene. Según destacó la agencia de noticias Belga, el precio de un megavatio-hora de gas natural en el mercado de futuros neerlandés subió este miércoles más de un 3 %, hasta situarse en 99,50 euros.
El diálogo con las refinerías forma parte de las medidas anunciadas por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tras la reciente cumbre de líderes de la UE en Bruselas. La volatilidad de los precios de la energía tras el cierre del estrecho de Ormuz por la guerra contra Irán y su impacto en la competitividad y bienestar ciudadano fue parte fundamental de las discusiones de los Veintisiete. Estos instaron al Ejecutivo europeo a trabajar “con urgencia” en una “respuesta europea coordinada de medidas específicas y temporales, que tenga en cuenta las circunstancias específicas de los Estados miembros y salvaguarde el mercado único”. El diálogo para “desarrollar un marco a corto plazo para optimizar la capacidad y la eficiencia de las refinerías de la UE” formaba parte del menú de opciones, además del ya propuesto aplazamiento hasta 2028 de la entrada en vigor de algunas de las obligaciones sobre las emisiones de metano a los importadores de petróleo, gas y carbón, entre otros.
Más allá de un consenso sobre la necesidad de aumentar la producción, por el momento no hay ninguna medida concreta decidida. Pero se está ya en ello, ha asegurado Jorgensen: “Trabajaremos para aumentar la producción de las refinerías en Europa. El sector ha presentado algunas propuestas que debemos evaluar”, ha indicado el danés, sin dar más detalles. La urgencia está clara, ha asegurado, recordando que la propia Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha advertido de que el mercado mundial del gasóleo seguirá estando bajo presión “hasta bien entrado 2027”.
“Este invierno será difícil, será difícil para nuestros ciudadanos y para la economía en general”, ha advertido Jorgensen.
En estos momentos, las refinerías de la UE suministran aproximadamente el 70% del combustible para aviones y el 85% del gasóleo que se consume en Europa, según datos de la Comisión Europea. Pero se cree que hay espacio para aumentar esos márgenes: según recuerda Bruselas, en las últimas dos décadas, se han cerrado alrededor de una cuarta parte de las refinerías de la UE, lo que ha reducido la capacidad de refino nacional en aproximadamente un 10%. Además, se han acelerado las desinversiones.
Para Jorgensen, la actual crisis energética mundial es una “llamada de atención” a que hay que intentar revertir esta situación y la vulnerabilidad que ha quedado expuesta en Europa: “Tenemos que contrarrestar esta tendencia y garantizar que contamos con una capacidad de refino adecuada y flexible en Europa”, ha subrayado el comisario danés, quien ha indicado que las conversaciones lanzadas este miércoles continuarán ahora a nivel técnico, con vistas a volver a reunirse a nivel de responsables a comienzos del año que viene para “estudiar los avances”.
Un equilibrio complicado
En paralelo a resolver esta urgencia, Bruselas quiere trabajar con las refinerías para diseñar una “hoja de ruta” para asegurarse también de que esta industria se transforma acorde con las ambiciones medioambientales de los Veintisiete, aunque, eso sí, sin descuidar los “objetivos de seguridad” europeos. Porque a nadie se le escapa la paradoja de estar trabajando contra reloj en el aumento de las capacidades de refino de energía fósil en Europa cuando, por ley, el bloque está obligado a cotas de reducción continuada de emisiones hasta alcanzar la neutralidad en 2050, motivo por el cual se había ido ya reduciendo esas capacidades locales.
Jorgensen ha reconocido que se trata de mantener un “equilibrio” complicado entre las realidades del hoy y las metas de un mañana más limpio no tan lejano ya.
“Nuestra estrategia a largo plazo es muy clara. Tenemos que dejar de depender de los combustibles fósiles en general”, ha afirmado. A la vez sin embargo, “ahora mismo, la gente sigue conduciendo coches de motor de combustión, sigue calentando sus hogares con gas y combustible y seguimos teniendo un ejército dependiente del combustible si un Estado miembro es atacado y todos los demás debemos ayudar”, ha recordado.
El desafío, ha indicado, es cómo cuadrar ese equilibrio. “¿Cómo podemos asegurarnos de que, a corto plazo, ayudemos a las refinerías para que ellas, a su vez, nos ayuden como sociedades, manteniendo nuestra seguridad, conteniendo los precios y garantizando que nuestras economías sigan funcionando, mientras que, a largo plazo, prosigamos con un cambio estructural?”, ha planteado. La respuesta debería estar, al menos en parte, en la hoja de ruta a diseñar con las refinerías para impulsar la fabricación de biocarburantes y combustibles sintéticos.
“Sabemos que ahora mismo dependemos mucho de las refinerías y que también están ganando mucho dinero, lo cual está bien, porque nos están prestando servicios importantes. Pero, cuando termine esta crisis, habrá un exceso de oferta mundial de lo que producen actualmente. Por eso, tenemos que asegurarnos de aprovechar estos meses y años en los que hay dinero en el sector y en los que está ayudándonos a resolver problemas importantes para impulsar también la transición”, ha subrayado.
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