La pensión de viudedad es la única de las grandes prestaciones del sistema que pierde beneficiarios. En el último año ha retrocedido un 0,2%, un porcentaje pequeño, pero que contrasta con la subida del 2,4% en la de jubilación y del 1,8% en la de incapacidad permanente. El Gobierno aprobó la semana pasada una reforma de la pensión de viudedad con potencial para aumentar el colectivo: ganan el derecho a ella las parejas con hijos que no formalizasen la relación, ya sea como pareja de hecho o casándose. El Ministerio de Seguridad Social no cuantifica a cuántas personas beneficiará esta medida, pero sí da cuenta del número actual de pensiones de viudedad. Y se aprecia un fenómeno consistente desde hace años y que va a la contra respecto al principal tipo de prestación, la de jubilación. Mientras que estas han avanzado en un millón en la última década, las de viudedad están estancadas e incluso retroceden. Los especialistas apuntan a varios factores, entre ellos el demográfico: la diferencia entre la esperanza de vida de hombres y mujeres se estrecha y, por tanto, el tiempo de percepción de la prestación de viudedad es menor.
El Gobierno aprobó la semana pasada una ampliación de los beneficiarios al extender estas prestaciones a las parejas que no formalizasen la relación y tengan hijos en común
La pensión de viudedad es la única de las grandes prestaciones del sistema que pierde beneficiarios. En el último año ha retrocedido un 0,2%, un porcentaje pequeño, pero que contrasta con la subida del 2,4% en la de jubilación y del 1,8% en la de incapacidad permanente. El Gobierno aprobó la semana pasada una reforma de la pensión de viudedad con potencial para aumentar el colectivo: ganan el derecho a ella las parejas con hijos que no formalizasen la relación, ya sea como pareja de hecho o casándose. El Ministerio de Seguridad Social no cuantifica a cuántas personas beneficiará esta medida, pero sí da cuenta del número actual de pensiones de viudedad. Y se aprecia un fenómeno consistente desde hace años y que va a la contra respecto al principal tipo de prestación, la de jubilación. Mientras que estas han avanzado en un millón en la última década, las de viudedad están estancadas e incluso retroceden. Los especialistas apuntan a varios factores, entre ellos el demográfico: la diferencia entre la esperanza de vida de hombres y mujeres se estrecha y, por tanto, el tiempo de percepción de la prestación de viudedad es menor.
La Seguridad Social ha abonado 2.344.470 pensiones de viudedad en octubre, el 90% a mujeres, según los últimos datos distribuidos por el Gobierno. Son 4.000 menos que hace un año, 8.000 menos que hace dos años y 22.000 menos que en el récord de la serie, en diciembre de 2019. Es una contracción pequeña, que apenas varía respecto al número de principios de siglo: en el primer dato, de enero de 2015, había 2,15 millones de pensiones de viudedad. Lo llamativo es que esta cifra se mantiene estancada o ligeramente a la baja en un periodo en el que el conjunto del sistema sí crece con fuerza. Hace dos décadas, la Seguridad Social abonaba ocho millones de pensiones contributivas y ahora son 10,56 millones.

El avance global se debe principalmente a la evolución de las prestaciones por jubilación, las más numerosas con 6,78 millones de nóminas. Son 150.000 más que hace un año, 700.000 más que hace un lustro y dos millones más que hace dos décadas. Esta evolución se debe a la jubilación de la pobladísima generación del baby boom, todo un desafío para el sistema de pensiones y que ha protagonizado gran parte de la campaña tras las críticas del PP (la diputada Ester Muñoz dijo que el sistema iba a “petar”) y de Vox (el parlamentario José María Figaredo lo catalogó como un “zombi”). Miles de personas se manifestaron el pasado sábado en Madrid en defensa del sistema público de pensiones.
Cristina Estévez, secretaria ejecutiva confederal de UGT y responsable de las políticas de Seguridad Social, cree que el retroceso de las pensiones de viudedad obedece, entre otras razones, a la mayor participación de las mujeres en el mercado de trabajo (ya son el 46,7% del mercado laboral, frente al 37,8% de 2002), que las convierte en perceptoras de la jubilación frente a los años en que un buen número de ellas dependía exclusivamente de la de viudedad. “Con cada vez más mujeres con derecho a la pensión de jubilación, es normal que haya menos con la de viudedad. Con el tiempo se van alcanzando ciertas incompatibilidades a la hora de sumar prestaciones. Esa puede ser una de las explicaciones”, dice la ugetista. La normativa de la Seguridad Social permite compatibilizar pensión de viudedad y de jubilación, pero hay una cuantía máxima que, de alcanzarse, quita el sentido a percibir las dos. En 2026 el tope es de 47.034 euros brutos al año.

Estévez también apunta a razones demográficas, como que la cifra de matrimonios viene cayendo (había unos 270.000 al año hace un lustro, 100.000 más que ahora). Otro argumento en esa línea es el que sostiene el responsable de Políticas Públicas y Protección Social de CC OO, Carlos Bravo, que apunta a la mayor longevidad de la población como una posible explicación.
La diferencia en la esperanza de vida de hombres y mujeres se está reduciendo: en los años noventa, ellos morían en promedio a los 73,4 años y ellas, a los 80,41, siete años de diferencia; en 2024 (último dato disponible) esa diferencia se estrecha a cinco años, con ellas en una media de 86,5 años y ellos, en 81,4. Esto contribuye, además, a que los viudos o viudas lo sean durante menos tiempo. “Hay un espacio menor de tiempo entre cada muerte”, agrega Estévez. Todos estos aspectos, junto a otros, operan en conjunto para que el total de personas viudas en España se mantenga relativamente estable desde principios de siglo, en torno a los 2,9 millones según las cifras del INE.
Otro dato que muestra la reducción del peso de las pensiones de viudedad en el total del sistema es su proporción respecto al total. Ahora son el 22,2% de las prestaciones, un mínimo histórico, muy por debajo del 27% de hace dos décadas. En la misma línea, estas pensiones implicaban hace 20 años el 20,4% del gasto en pensiones contributivas, frente al 15,8% actual. Estos porcentajes no están emparejados porque las prestaciones por viudedad son muy inferiores en cuantía a las de jubilación, con un promedio mensual de 977 euros para las primeras y 1.578 para las segundas.
Y, además, cada vez hay menos pensionistas para los que la prestación por viudedad es la principal. Es decir, entre los que compatibilizan, en cada vez más casos la más cuantiosa es la de jubilación, motivo por el que, en 2012, 1,69 millones de pensionistas tenían la de viudedad como prestación de referencia, frente a los 1,46 millones actuales, otro mínimo en la serie histórica.

La previsión de la Airef es que España gaste un promedio del 13% de su PIB (descontando el impacto de las medidas de ingresos) en pensiones hasta 2050, un esfuerzo que algunas voces critican por no dedicarse a otras partidas como la sanidad o la educación. Los defensores del sistema contraponen que otros países europeos, como Italia o Francia, también afrontan un gran esfuerzo para pagar sus pensiones y que el sistema es una gran herramienta redistributiva.
Estévez critica la ampliación de la pensión de viudedad a las parejas que no han formalizado su relación y que puedan demostrar dos años de convivencia porque cree que la medida se queda corta. “No entendemos la discriminación de que haya que tener hijos en común. No tiene ningún sentido dejar fuera a los que no hayan tenido hijos. Estamos valorando qué medidas adoptar”, dice esta especialista en Seguridad Social, que echa en falta una estimación de potenciales beneficiarios por parte del ministerio.
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