Desentrañar el próximo movimiento de la Reserva Federal es como conducir de noche con gafas de sol. Apenas hay visibilidad sobre los próximos pasos de la Fed, que desde hace un par de meses capitanea Kevin Warsh. El hermetismo que ha impuesto el economista nacido en Albany hace 56 años impide a analistas e inversores anticipar el sentido de la decisión que tomarán los tipos de interés tras la reunión del próximo miércoles. Aunque la mayoría de analistas creen que mantendrá intactos los tipos de interés en el rango actual de entre el 3,5% y el 3,75%, en los últimos días ha crecido la probabilidad de una subida para combatir el repunte de precios esperado tras el final de la tregua entre Estados Unidos e Irán.
La Reserva Federal se reúne este miércoles para decidir sobre las tasas de interés con un aumento de la incertidumbre por la escalada bélica en Oriente Próximo
Desentrañar el próximo movimiento de la Reserva Federal es como conducir de noche con gafas de sol. Apenas hay visibilidad sobre los próximos pasos de la Fed, que desde hace un par de meses capitanea Kevin Warsh. El hermetismo que ha impuesto el economista nacido en Albany hace 56 años impide a analistas e inversores anticipar el sentido de la decisión que tomarán los tipos de interés tras la reunión del próximo miércoles. Aunque la mayoría de analistas creen que mantendrá intactos los tipos de interés en el rango actual de entre el 3,5% y el 3,75%, en los últimos días ha crecido la probabilidad de una subida para combatir el repunte de precios esperado tras el final de la tregua entre Estados Unidos e Irán.
El desembarco de Warsh en el banco central se produce en un momento especialmente tumultuoso, en pleno recrudecimiento de la guerra de Estados Unidos contra Irán, con un aumento de la tensión sobre los precios del petróleo y con una Casa Blanca desesperada por la caída de la valoración de Trump en las encuestas a cuatro meses de las elecciones de medio mandato.
Al tiempo, el conflicto en Oriente Próximo parece enquistado. EE UU quiere zanjar una guerra que está a un paso de convertirse en un nuevo Vietnam para el ocupante de la Casa Blanca. Pero Trump solo conoce una forma de negociar: la amenaza. El pasado jueves advirtió a Irán con lanzar un ataque a gran escala mayor que los llevados a cabo durante la Operación Furia Épica. “Estoy considerando un ataque masivo. Más grande que nunca. Estoy cerca de tomar una decisión. Estamos todos preparados”, dijo en una entrevista a Axios. Las palabras del mandatario republicano incendiaron los mercados sacudidos por una volatilidad creciente.
La estrategia de Warsh de eliminar la orientación prospectiva, el mecanismo de la Fed que daba pistas sobre sus próximos pasos, acrecienta el nerviosismo de los inversores. El gobernador defiende que los mensajes que hasta ahora lanzaba el Banco Central distorsionaban la visión de los inversores, que priorizaban estas señales sobre las que emite la economía o los sectores y, por tanto, hacían que los mercados fueran más predecibles. “Los precios de los mercados financieros son probablemente la fuente de información más importante para orientar a los banqueros centrales, pero cuando los mercados financieros se limitan a reflejar lo que hemos dicho, entonces estamos ignorando la fuente de información más importante”, proclamó en su primera conferencia de prensa.
Warsh encara su segunda reunión del Comité Federal del Mercado Abierto (FOMC, en sus siglas inglesas) con más incertidumbre que hace un mes y medio. Entonces Washington y Teherán habían alcanzado un acuerdo de alto el fuego y negociaban las condiciones para poner fin a la guerra. El tráfico por el estrecho de Ormuz, una vía estratégica para la economía mundial, se restableció, aliviando el precio del petróleo y alejando las tensiones sobre la inflación. El índice de precios en EE UU se enfrió notablemente y registró el pasado junio el primer descenso mensual desde 2020. Los funcionarios de la Fed comenzaron a respirar aliviados porque su estrategia de esperar y ver parecía dar resultados.
Pero la tregua entre EE UU e Irán ha saltado por los aires. El precio del petróleo ha vuelto a dispararse y superó la barrera de los 100 dólares por barril, aunque el viernes se moderó. La presión se ha trasladado a los rendimientos de la deuda estadounidense, la verdadera kriptonita para Donald Trump. El único mensaje de los mercados al que hace caso. El bono de referencia a 10 años alcanzó el máximo anual del 4,7%, el máximo desde enero del año pasado. El mandatario republicano sabe que en un país altamente endeudado un aumento del coste financiero sería letal para sus esperanzas electorales a cuatro meses de las elecciones de medio mandato, decisivas para definir los límites de su poder y que definirán su legado.
La amenaza de una guerra total en Oriente Próximo ha encendido las alarmas sobre la economía mundial. Las probabilidades que los inversores dan a un aumento del precio del dinero la próxima semana ascienden al 35%, tres veces más que hace una semana, según el indicador de CME FedWatch.
“Los miembros de nuestro comité no toleran una inflación persistentemente elevada. Y compartimos un firme compromiso con el restablecimiento de la estabilidad de precios”, aseguró Warsh ante los legisladores. Posteriormente, a preguntas de los legisladores, dijo: “Queremos que el cambio de precios, el aumento de la inflación, sea más limitado”.
A pesar de que se ha mostrado en contra de la orientación prospectiva, la estrategia para dejar indicios sobre los próximos movimientos de la Fed, Warsh ha salpicado su intervención con mensajes de compromiso férreo contra la inflación. “Los 63 meses de inflación por encima del objetivo han sido una carga injusta. Ha sido un impuesto para el pueblo y las empresas estadounidenses. Planeamos eliminar ese impuesto. Eso significa que necesitamos un cambio de régimen en la política y una nueva consideración de las prácticas, algunas de las cuales han funcionado y otras no”, insistió.
Lo cierto es que la reunión de este miércoles será una de las más impredecibles en años. Las presiones inflacionistas parecen repuntar ante la escalada de la guerra de Irán y el encarecimiento del petróleo. Además, también hay presión sobre los bonos de deuda pública que suelen ir acompañados por políticas más restrictivas.
Pero Warsh llegó a la Fed sugiriendo a Donald Trump que bajaría los tipos. Ahora tendrá que quitarse la careta y demostrar si, en realidad, es un halcón en política monetaria y apuesta decididamente por combatir la inflación con una subida de tipos o si, como ha prometido al presidente estadounidense, es una paloma y confía en que las tensiones de precios sean pasajeras. La respuesta, en dos días.
Damian McIntyre, analista de Federated Hermes, resume: “La inflación sigue mostrando una notable persistencia. Esto deja abiertas varias posibilidades. La opción más agresiva (hawkish) sería seguir elevando los tipos de interés, aunque a un ritmo más pausado del que el episodio de inflación de guerra parecía justificar hace apenas un mes. Sin embargo, el presidente de la Fed, Kevin Warsh, podría tener otras alternativas en mente. Podría confiar en que la moderación de la inflación de la vivienda o las fuerzas desinflacionistas derivadas de la inteligencia artificial terminen facilitando la tarea de la Reserva Federal”.
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