El Banco Central Europeo subió este jueves los tipos de interés un cuarto de punto, hasta el 2,5%, como había dejado caer alguno de sus miembros y como preveía el mercado. El comunicado del organismo, que avisa de que la inflación elevada puede prolongarse durante un tiempo “prolongado”, alimenta aún más las expectativas de una nueva subida del precio del dinero antes de final de año, que los inversores ya daban por descontada.
El equilibrio entre combatir la inflación y proteger la economía se volverá más difícil
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
El equilibrio entre combatir la inflación y proteger la economía se volverá más difícil

El Banco Central Europeo subió este jueves los tipos de interés un cuarto de punto, hasta el 2,5%, como había dejado caer alguno de sus miembros y como preveía el mercado. El comunicado del organismo, que avisa de que la inflación elevada puede prolongarse durante un tiempo “prolongado”, alimenta aún más las expectativas de una nueva subida del precio del dinero antes de final de año, que los inversores ya daban por descontada.
A pesar de que crece la incertidumbre en torno a si la presidenta del organismo cumplirá su mandato o adelantará su salida para evitar que en su sucesión intervenga una hipotética presidencia francesa de extrema derecha, la incumbente ha conseguido un equilibrio entre las fuerzas más restrictivas y las más flexibles del consejo, y las decisiones sobre los tipos se están tomando de forma unánime.
La economía europea ha resistido relativamente bien tras el incremento de los tipos de junio, pero las presiones inflacionarias se han disparado en las últimas semanas, con la subida de la cotización del petróleo y, sobre todo, de sus derivados, del gas y de las materias primas en general.
Todo puede cambiar muy rápido, pero ahora mismo la inflación subyacente no está en niveles demasiado altos, por lo que el banco central aún podría optar, en lo que queda de 2026 y pese a las previsiones de los analistas, por mantener los tipos como están. El banco se aseguró ayer, como en otras ocasiones, de dejar abiertas todas las puertas.
De un lado, está la necesidad de frenar la inflación antes de que arraigue en los precios y en los salarios. Del otro, subir los tipos intensificaría las dudas sobre la deuda soberana, en particular la francesa, pero también la de otros países; las grietas crecientes entre los dos grandes artífices de la zona euro, Francia y Alemania, añaden dificultad a la función de los bancos centrales. El turno de la Reserva Federal llegará la semana que viene, y aunque Kevin Warsh intenta convencer a los inversores de que está dispuesto a adoptar un enfoque más duro de lo que le gustaría a Donald Trump, la inercia de la política monetaria estadounidense hace menos probable una subida de los tipos que en el caso europeo.
La subida del jueves del BCE parecía casi obligada, como señaló la propia Christine Lagarde, dada la situación macroeconómica. El equilibrio entre tirar de las riendas y dejar andar al caballo se volverá más complejo a partir de ahora.
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