Jorge Lasheras (Madrid, 1979) asumió el 3 de junio la dirección general de Vorwerk España, fabricante alemán de electrodomésticos y propietario de Thermomix y Kobold. Tras dos décadas en el grupo y una carrera internacional que le ha llevado por Rusia, Kazajistán, México, Suiza e Italia, ha regresado a su ciudad natal convencido de que Madrid ofrece una calidad de vida difícil de encontrar en otros lugares. Hijo de padre español y madre alemana, aficionado al baloncesto, amante de los coches y fiel a su café italiano de primera hora, asegura que el verdadero motor del negocio son las personas.
El directivo, que ha vivido en Rusia, China, México, Suiza e Italia, afirma que volver a Madrid ha sido la decisión más fácil de su vida y que su compañía vende mucho más que una Thermomix: “Ofrecemos oportunidades”
Jorge Lasheras (Madrid, 1979) asumió el 3 de junio la dirección general de Vorwerk España, fabricante alemán de electrodomésticos y propietario de Thermomix y Kobold. Tras dos décadas en el grupo y una carrera internacional que le ha llevado por Rusia, Kazajistán, México, Suiza e Italia, ha regresado a su ciudad natal convencido de que Madrid ofrece una calidad de vida difícil de encontrar en otros lugares. Hijo de padre español y madre alemana, aficionado al baloncesto, amante de los coches y fiel a su café italiano de primera hora, asegura que el verdadero motor del negocio son las personas.
Pregunta. ¿Usa Thermomix en casa? ¿Cuál es la receta que mejor le sale?
Respuesta. Cocino poco, la verdad. Cuando cocino con Thermomix me gusta hacer cosas un poco más exóticas, no tanto las recetas clásicas. Me gusta mucho hacer naan, el pan hindú. La masa lleva yogur, fermenta con el yogur y luego se puede hacer en el horno o en una sartén a temperatura alta. Lo hago mucho para acompañar un curry o incluso con hummus. También hago bastante risotto al gorgonzola cuando vienen invitados, porque cuesta poco, rinde mucho y, además, no tiene lactosa.
P. ¿Recuerda la primera vez que usó una Thermomix?
R. Yo nací con Thermomix. Mi madre tenía una en casa y los lunes nos hacía un potaje con las verduras y restos del fin de semana. Era una TM3300, en los años ochenta. La odiaba. Luego tuve una TM21 en casa, pero no me gustó demasiado. Más tarde, por trabajo, me dieron una TM31 y ahí sí me enamoré. Esa era la máquina de batalla y con ella empecé a trabajar en Vorwerk.
P. Tiene un acento difícil de ubicar.
R. Nací en Madrid. Mi padre es español y mi madre alemana. Me fui a Alemania con diez años y después, por trabajo, he vivido en Rusia, China, México, Suiza e Italia. Al final se me ha quedado una mezcla de todo eso.
P. Ha vivido en muchos países. ¿Con cuál se queda?
R. España. Creo que la gente muchas veces no se da cuenta de lo que tiene hasta que se va. Ningún país es perfecto, pero volver a España fue la decisión más fácil de mi vida. Quería estar otra vez aquí. Me gusta la comida, la gente, el estilo de vida… Y Madrid me encanta. Tiene una calidad de vida increíble, mucha vida en las calles y una energía muy especial.
P. ¿Empezó muy joven en la compañía?
R. Sí. Durante la universidad hice unas prácticas en Vorwerk. Una semana me tocó acompañar a un vendedor puerta a puerta de Kobold para conocer el negocio. Me gustó mucho lo que hacía y también lo que ganaba. Pensé: “De aquí soy”. Empecé a vender yo también, me fue bastante bien y así pagué mis estudios y mi coche. Luego surgió una oportunidad para abrir mercado en Rusia y me fui para allá.
P. ¿No sabía ruso?
R. No. Ni ruso ni chino. Son idiomas muy difíciles. Pero era una empresa alemana y en algunos países valoraban que alguien hablara alemán. Con inglés y alemán me defendía bien.
P. Antes de dedicarse a esto, ¿soñaba con otra profesión?
R. Jugué al baloncesto durante 15 años y, como muchos chavales, soñaba con ello, pero llega un momento en el que se da cuenta de que probablemente no va a vivir de eso. Durante la universidad me interesaban más la logística, el control y los números. De hecho, mis prácticas iban orientadas a esa área. Pero acabé descubriendo el mundo comercial y del marketing, y me quedé ahí.
P. ¿Se considera una persona ambiciosa?
R. Soy competitivo. Ambicioso… no sé. Nunca pedí ser director general. Recuerdo que cuando tenía 27 años me propusieron llevar el negocio en México. Éramos muy pocos y acepté. Pero nunca he pedido un puesto ni he ido buscando ascensos. Las oportunidades han ido surgiendo.
P. ¿Le cuesta desconectar?
R. Sí. Las ideas siguen apareciendo aunque termine la jornada. Lo que hago es apuntarlas en una libreta. Y luego, cuando voy en coche, pongo la música muy alta. Esa es mi forma de desconectar hasta llegar a casa.
P. ¿Practica algún deporte?
R. Voy al gimnasio, hago algo de cardio y, a mi edad, ya me han dicho que también tengo que hacer musculación. Además, de vez en cuando voy con mis hijos a una cancha de baloncesto para tirar unas canastas.
P. ¿Duerme bien?
R. Muy bien. Hasta en los aviones. Nadie quiere viajar conmigo porque dicen que ronco, pero duermo fenomenal.
P. ¿Cuál es su pequeño lujo cotidiano?
R. Los primeros 30 minutos de la mañana con un café italiano. Eso no me lo quita nadie. Si estoy de viaje, lo primero que hago es buscar mi café. Es un momento solo para mí.
P. ¿Cómo es su fin de semana ideal?
R. Tranquilo. Empieza con el café del sábado, que tampoco me lo perdono. Luego mucho tiempo con los niños. Nos gusta caminar y recorrer la ciudad. Desde pequeños los hemos acostumbrado a patearse Madrid.
P. ¿Qué cualidad considera imprescindible para dirigir una compañía?
R. En nuestro negocio es fundamental conocer la cultura y entender la venta directa. Mucha gente piensa que vendemos un producto, una Thermomix o un Kobold. Pero en realidad ofrecemos oportunidades profesionales. Nos enfocamos mucho en desarrollar personas, en ayudarles a descubrir capacidades que muchas veces ni siquiera sabían que tenían.
P. ¿Algún ejemplo que le haya marcado?
R. Hace poco se jubiló una de nuestras líderes veteranas. Me impresionó escuchar su historia. Gracias a su trabajo pudo sacar adelante a su familia, comprarse una casa, pagar los estudios de sus hijos y viajar. Hay muchas historias así dentro de la compañía.
P. ¿Y cómo se define como jefe?
R. Creo que tengo una visión muy clara de hacia dónde debe ir el negocio, pero sobre todo me enfoco en las personas. Intento sacar lo mejor de cada miembro del equipo. Necesito rodearme de expertos en áreas que yo no domino. Mi trabajo consiste en construir el equipo adecuado y ayudar a que cada uno dé su mejor versión.
P. ¿Es aficionado a los coches?
R. Sí. Soy medio alemán, así que algo hay. No soy un fanático, pero me gustan mucho. Mi primer coche fue un BMW 325i rojo de segunda, tercera o cuarta mano. Mi mamá le pidió prestado a mi abuela 2.000 marcos que serían como unos mil euros para que me pudiera comprar el coche. Estaba bastante destrozado. Mi gran sueño era un Porsche Targa y lo conseguí porque tuve la suerte de comprármelo en Suiza cuando el franco suizo estaba muy bajo. Creo que ahora podría venderlo hasta por el doble.
P. ¿Qué coche conduce ahora?
R. Tengo un Porsche Carrera para divertirme un poco.
P. ¿Dónde pasará las vacaciones?
R. La familia ya está en Italia y yo me reuniré con ellos dentro de un par de semanas. Tenemos allí una casa junto al mar y es un lugar donde puedo relajarme mucho.
P. ¿Qué música escucha?
R. De todo. Entre mis gustos y los de mis hijos, paso de la ranchera y el mariachi al pop alemán, la música italiana o incluso Pavarotti. Depende del momento. Con la música me pasa como con la comida: si le hace bien a una persona, adelante.
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