
El pulso por la simplificación en la normativa bancaria europea ha destapado una guerra soterrada entre las entidades comunitarias sobre los cálculos de las ratios de capital. Se trata, en realidad, de la aplicación de los últimos flecos de la última norma internacional al respecto, Basilea III, que limita la aplicación de los modelos internos para esta cuestión, como hacen los bancos franceses o alemanes y no tanto los españoles. Abrir este debate es una línea roja para las entidades españolas, tal y como han coincidido la presidenta de la Asociación Española de Banca (AEB), Alejandra Kindelán, y su homólogo en Ceca, la patronal que agrupa las antiguas cajas de ahorro, Antonio Romero. Ambos han mandado un mensaje claro tanto a las autoridades europeas como a sus competidores en otros países.
Las entidades nacionales buscan preservar el suelo llamado ‘output floor’ y negociar el fondo de depósitos común
Las entidades nacionales buscan preservar el llamado ‘output floor’ y negociar el fondo de depósitos común


El pulso por la simplificación en la normativa bancaria europea ha destapado una guerra soterrada entre las entidades comunitarias sobre los cálculos de las ratios de capital. Se trata, en realidad, de la aplicación de los últimos flecos de la última norma internaiconal al respecto, Basilea III, que limita la aplicación de los modelos internos para esta cuestión como hacen los bancos franceses o alemanes y no tanto los españoles. Abrir este debate es una línea roja para las entidades españolas, tal y como han coincidido la presidenta de la Asociación Española de Banca (AEB), Alejandra Kindelán, y su homólogo en Ceca, la patronal que agrupa las antiguas cajas de ahorro, Antonio Romero. Ambos han mandado un mensaje claro tanto a las autoridades europeas como a sus competidores en otros países.
La clave del debate está en la aplicación del conocido en el sector como output floor, que pretende igualar en todo el mundo la manera de calcular el capital de los bancos estableciendo un mínimo. EE UU, en plena oleada desreguladora de la Administración Trump, ha impuesto una aplicación descafeinada de esta normativa, lo que ha forzado a Bruselas a decretar una moratoria en la aplicación completa de la regla y abrir la puerta a no hacerlo nunca. Emana de Basilea III, la tercera versión de la normativa bancaria internacional puesta en marcha tras la gran crisis de 2008. Esta norma deja como principales beneficiados a los bancos españoles, que suelen aparecer como las entidades como menores niveles de capital de Europa al aplicar para ello cálculos más estrictos que los de otros países, a los que hasta ahora se les ha permitido realizar el análisis con sus propios modelos.
Para Kindelán, eliminar este output floor o postergar su puesta en marcha sine die podría suponer incrementar las divergencias que ya existen en los mercados nacionales. “Nunca hemos defendido quitar o limitar el output floor. Nuestra pelea en Basilea III era otra e iba con el riesgo operacional. Vemos que hay otros países que quieren abrir Basilea III, que se cerró de manera armonizada y cumplió su función. No vemos y no defendemos volver a abrir algo tan importante como el output floor, que era el núcleo de esta normativa”, ha remarcado en un evento sobre simplifación bancaria organizado por el Instituto de Banca y Finanzas.
En su lugar, la presidenta de la patronal bancaria española ha puesto el foco en reclamar otras cuestiones regulatorias más beneficiosas para las entidades patrias. Por ejemplo, una normativa que penalice los negocios internacionales de bancos españoles como el Santander y el BBVA en Latinoamérica.
También ha empujado en este contexto el otro gran debate que divide a los bancos europeos, la necesidad de completar la unión bancaria con un fondo de garantía de depósitos común para favorecer las fusiones transfronterizas. El debate sobre este aspecto también está enconadísimo y está pendiente desde hace más de una década por el rechazo de Alemania y otros países del norte al considerar que supone la mutualización de riesgos de los países del sur. “Si se cuestiona el output floor, es el momento de incluir otras piedras angulares como es el EDIS [fondo de garantía de depósitos europeo]”, ha avisado.
Romero ha afirmado coincidir al 100% con el análisis de Kindelán. Ha defendido que este output floor no es una medida accesoria de la normativa Basilea III, si no una parte central que nace del análisis de las causas de la anterior crisis financieras. Y que, si Europa finalmente decide no publicarlo, pondrá en cuestión su compromiso con el foro de Basilea y las normas financieras globales. Igualmente ha coincidido con la presidenta de la AEB en que no aplicar esta medida elevaría las divergencias entre países en Europa, precisamente lo que la nueva normativa de simplificación quiere evitar, no solo entre los países que aplican esos modelos internos de capital y los que no, si no también por las discrepancias entre estas fórmulas.
El Gobierno ha recogido el guante de buen grado. La secretaria general del Tesorio, Paula Conthe, sí se ha mostrado abierta a realizar determinados ajustes en el cálculo de este suelo de capital, de modo que no provoque un perjuicio desproporcionado a determinados bancos. Esto no ha sido óbice para que se oponga, tal y como lo hacen los bancos, ha la reapertura total de este debate, que pueda eliminarlo por completo.
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