La escasez de vivienda se ha convertido en el principal desencadenante de una crisis habitacional que no da tregua. Aunque las grúas aún no dominan el paisaje como en los años de expansión que precedieron al estallido de la burbuja inmobiliaria, el aumento de los flujos migratorios y la consiguiente creación de nuevos hogares siguen tensando un mercado cuyo gran cuello de botella es el encarecimiento de los precios. En sus últimos informes, el Banco de España viene estimando un déficit superior a las 700.000 viviendas, una cifra que, sin embargo, ya empieza a quedarse corta. La subgobernadora de la institución, Soledad Núñez, ha advertido este miércoles de que ese desfase podría elevarse hasta el millón de viviendas en los próximos dos años si nada cambia.
La subgobernadora del organismo, Soledad Núñez, anticipa que en los dos próximos años se requerirán 300.000 casas más de las calculadas hasta ahora para afrontar la crisis
La escasez de vivienda se ha convertido en el principal factor de una crisis habitacional que no da tregua. Aunque las grúas aún no dominan el paisaje como en los años de expansión que precedieron al estallido de la burbuja inmobiliaria, el aumento de los flujos migratorios y la consiguiente creación de nuevos hogares siguen tensando un mercado cuyo gran cuello de botella es el encarecimiento de los precios. En sus últimos informes, el Banco de España ha estimado un déficit superior a las 700.000 viviendas, una cifra que ya empieza a quedarse corta. La subgobernadora de la institución, Soledad Núñez, ha advertido este miércoles de que ese desfase podría elevarse hasta el millón de viviendas en los próximos dos años si nada cambia.
Durante su intervención este miércoles en el Forbes Economic Summit, Núñez ha insistido en que la falta de oferta residencial suficiente para absorber la demanda sigue siendo el principal problema del mercado de la vivienda en España. Y la situación, ha advertido, amenaza con agravarse en los próximos años. Entre 2026 y 2028, el déficit habitacional podría aumentar en unas 300.000 viviendas adicionales sobre las 750.000 que el Banco de España venía estimando en sus análisis, hasta situarse por encima del millón de casas si las tendencias actuales se mantienen.
La subgobernadora del organismo regulador ha recordado también que esta brecha creciente entre oferta y demanda está dificultando cada vez más el acceso a la vivienda, especialmente entre los jóvenes y los nuevos residentes. Según ha expuesto, el esfuerzo necesario para comprar una casa crece por encima de la renta de los hogares, una tendencia que se ha agravado en los últimos años. Como ejemplo, ha señalado que la renta real disponible de las familias españolas se ha multiplicado por 1,8 desde 1980, frente al 1,6 registrado en la unión monetaria europea. Sin embargo, los precios reales de la vivienda han avanzado mucho más deprisa: se han multiplicado por 3,5 en España, frente al 1,8 de la zona euro. Una divergencia que, a juicio del Banco de España, ayuda a explicar el deterioro de la accesibilidad residencial y las dificultades para contener las tensiones del mercado.
Más allá de la vivienda, Núñez ha defendido el papel del sistema financiero como canalizador del ahorro hacia la economía productiva y ha reclamado una reflexión sobre el destino de los recursos que captan los neobancos y otros nuevos intermediarios financieros, cuya cuota crece con rapidez. La subgobernadora ha recordado que la función esencial de la banca es transformar el ahorro en inversión y financiar a familias, autónomos y empresas, algo que, según ha advertido, no siempre ocurre con estas nuevas formas de intermediación. También ha aludido al crecimiento del crédito privado, especialmente en sectores como las tecnologías de la información, los servicios profesionales o las manufacturas.
Aunque ha valorado positivamente la diversificación de las fuentes de financiación, ha alertado de que una parte significativa de estos recursos procede de fondos situados fuera del área del euro y de la elevada concentración entre los principales prestamistas. “Debemos conocer mejor estos canales, reforzar su transparencia y evitar que los riesgos se desplacen fuera del perímetro bancario sin una supervisión adecuada”, ha afirmado. Según ha añadido, el sector financiero tendrá además un papel decisivo para financiar la transformación tecnológica, distinguiendo entre proyectos con un potencial productivo real y expectativas difíciles de sostener.
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