Tras varias semanas pisándole los talones, el precio de la gasolina ha alcanzado su máximo anual y ha superado al del diésel por primera vez desde principios de marzo, al poco de estallar el conflicto armado en Oriente Próximo y con ello una nueva llamarada inflacionaria. La diferencia es mínima, de unos 20 céntimos por litro, según el último Boletín Petrolero de la UE, rondando en ambos casos los 1,8 euros, de media, que pueden variar en función del surtidor. “El factor clave que ha dado la vuelta es el fiscal”, resume Manuel Alejandro Hidalgo, profesor en la Universidad Pablo de Olavide e investigador de EsadeEcPol.
La escalada del precio del gasóleo se frena por la activación del mecanismo de salvaguarda que en septiembre ha ampliado las rebajas fiscales solo a este carburante
Tras varias semanas pisándole los talones, el precio de la gasolina ha alcanzado su máximo anual y ha superado al del diésel por primera vez desde principios de marzo, al poco de estallar el conflicto armado en Oriente Próximo y con ello una nueva llamarada inflacionaria. La diferencia es mínima, de unos 20 céntimos por litro, según el último Boletín Petrolero de la UE, rondando en ambos casos los 1,8 euros, de media, que pueden variar en función del surtidor. “El factor clave que ha dado la vuelta es el fiscal”, resume Manuel Alejandro Hidalgo, profesor en la Universidad Pablo de Olavide e investigador de EsadeEcPol.
El docente se refiere al descuento más generoso en el impuesto de hidrocarburos del que el diésel se está beneficiando desde inicios de septiembre en comparación con la gasolina, una posibilidad contemplada en el último escudo anticrisis aprobado en verano. El paquete de nuevas medidas, que empezó a aplicarse en julio y finaliza este mes, establece un alivio fiscal decreciente a los carburantes, siempre y cuando sus precios no marquen un encarecimiento mensual superior al 15% con respecto al mismo periodo del año previo. Una circunstancia que se ha producido con el diésel, provocando la activación de esta cláusula de salvaguarda, pero no con la gasolina.
En julio, el diésel se encareció un 15,7% interanual, un porcentaje que justificó la activación automática, aplicable en septiembre, del mecanismo de salvaguarda que amplía el descuento fiscal al carburante. El precio de la gasolina también subió, pero no lo suficiente (7,3%), por lo que el alivio tributario que le corresponde se recortó en lugar de ampliarse.
“Básicamente, la culpa la tiene la letra pequeña de las ayudas actuales: al diésel le han metido el descuento máximo de 20 céntimos por litro porque su precio interanual se había disparado más de un 15%”, abunda Hidalgo. “En cambio, a la gasolina le han recortado la ayuda a solo 5 céntimos. Esa diferencia de 15 céntimos a favor del diésel en los impuestos es lo que hace que ahora la gasolina nos cueste más en el surtidor”. Que el diésel fuera más caro era una situación anómala que en el pasado solo se produjo puntualmente en 2022, tras la invasión rusa de Ucrania, y a finales de 2011, en plena recesión económica, puesto que el gasóleo disfruta normalmente de una bonificación fiscal que le da ventaja sobre la gasolina y contiene su precio.
Diego Rodríguez, catedrático de Economía en la Universidad Complutense de Madrid, coincide con el diagnóstico: “Esta asimetría fiscal es lo que está llevando a que se produzcan cambios relativos en un precio sobre otro, aunque no muy significativos”. Los datos confirman la tesis. La diferencia de precio de 20 céntimos mencionada al principio se extrapola de los precios de los carburantes con impuestos incluidos: 1,81 euros el litro de gasolina y 1,79 euros el diésel. La instantánea se invierte, sin embargo, si a estos importes se les restan los gravámenes: la gasolina, eliminado el peso de las cargas fiscales, costaría 1,07 euros el litro, de media, casi 30 céntimos menos de los 1,30 euros del gasóleo.
Oferta y demanda
Antes de que se reactivara la rebaja de 20 céntimos por litro a inicios de septiembre, el diésel venía encareciéndose más rápidamente que la gasolina. Una escalada en la que influyen las tensiones adicionales a las que está sujeto. Tanto la guerra en Ucrania como el conflicto en Oriente Próximo están trastocando las capacidades de refino de este carburante. Rusia es uno de los mayores proveedores de gasóleo del mundo, pero su oferta se está viendo mermada. Los ataques a infraestructuras críticas por parte de Kiev están causando interrupciones en el sistema de refinado, a las que se suman restricciones a las exportaciones tanto por las sanciones internacionales como por vetos internos impuestos por Moscú. Asimismo, las ventas al exterior de diésel procedentes de los países del Golfo se redujeron en agosto a una cuarta parte de lo que suponían antes del inicio de la guerra, siendo compensadas solo parcialmente por otras regiones.
Así lo refleja el último informe sobre el mercado del petróleo publicado la semana pasada por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que alerta de que el refino mundial está operando al límite y pone el acento justo en el diésel. En concreto, calcula que las exportaciones netas de gasóleo procedentes del Golfo Pérsico y de Rusia fueron 1,6 millones de barriles diarios inferiores a las de febrero, cuando representaban casi el 45% del comercio mundial por vía marítima.
Todo ello tensiona los precios a lo largo y ancho del globo. El diésel supone casi el 30% de la demanda mundial, y a principios de septiembre el barril alcanzó los 200 dólares en Estados Unidos, un 94% por encima de los niveles previos al conflicto, con Europa y Asia situándose no muy lejos de esas cifras. “Las fuertes caídas en el suministro de materias primas petroquímicas y productos refinados, sumadas a los precios más elevados del combustible —especialmente del diésel—, seguirán lastrando el consumo”, señala la AIE.
De hecho, los precios en España siguen disparados pese a las rebajas fiscales, con ambos carburantes un 20% más caros que antes del inicio de la contienda en Oriente Próximo. La gasolina ya está en su nivel más alto desde octubre de 2022; el diésel, si no fuera por la ampliación del alivio impositivo, marcaría su precio más caro desde abril. Todos estos elementos deberán estar en la mesa del Gobierno a la hora de decidir qué ayudas prorrogar a finales de septiembre, cuando el actual escudo anticrisis dejará de estar en vigor.
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