En España se mueven al año más de 5.000 millones de euros en donaciones monetarias entre padres e hijos. Es una cifra colosal, equivalente al 0,3% del PIB, que con el paso del tiempo ha ido creciendo al calor del encarecimiento de la vivienda y de las crecientes dificultades de los jóvenes para acceder a una hipoteca. En ese contexto de calentamiento, cada vez son más las familias que entregan a sus hijos el dinero necesario para pagar la entrada de una casa, convirtiéndose en la práctica en el último salvavidas para cruzar la principal barrera de acceso a la propiedad. Con un importe medio de unos 87.000 euros por operación, en 2025 se registraron más de 62.000 transferencias de este tipo, lo que supone más que triplicar los números que se veían antes del inicio de la pandemia, cuando se formalizaban unos 20.000 movimientos.
Los notarios registraron en 2025 un récord superior a las 60.000 transmisiones monetarias por las crecientes dificultades de acceso a la vivienda
En España se mueven al año más de 5.000 millones de euros en donaciones monetarias entre padres e hijos. Es una cifra colosal, equivalente al 0,3% del PIB, que con el paso del tiempo ha ido creciendo al calor del encarecimiento de la vivienda y de las crecientes dificultades de los jóvenes para acceder a una hipoteca. En ese contexto de calentamiento, cada vez son más las familias que entregan a sus hijos el dinero necesario para pagar la entrada de una casa, convirtiéndose en la práctica en el último salvavidas para cruzar la principal barrera de acceso a la propiedad. Con un importe medio de unos 87.000 euros por operación, en 2025 se registraron más de 62.000 transferencias de este tipo, lo que supone más que triplicar los números que se veían antes del inicio de la pandemia, cuando se formalizaban unos 20.000 movimientos.
Los datos proceden del Consejo General del Notariado, que registra todas estas transmisiones. Hasta ahora, el organismo solo daba cuenta del total de operaciones, donde se incluyen todas las donaciones entre padres e hijos, pero también entre otros familiares o entre terceras personas. Ahora, con motivo de la publicación del informe anual del Banco de España, los notarios han difundido los nuevos datos.
En el informe, el supervisor bancario no solo actualiza sus previsiones macroeconómicas, sino que también analiza algunos de los principales desafíos de la economía española, entre ellos el calentamiento del mercado inmobiliario y las tensiones que rodean al acceso a la vivienda. Y explica que las donaciones monetarias de padres a hijos “serían un mecanismo que contribuye a racionalizar la coexistencia de hogares jóvenes que se enfrentan a limitaciones en el acceso al crédito hipotecario y el crecimiento de las hipotecas para adquisición de vivienda”. Estas transferencias, añade, “reducirían tanto la restricción de ahorro necesario como la restricción de renta, lo que facilitaría el acceso al crédito hipotecario de los jóvenes”.
El récord de operaciones registrado en 2025 viene acompañado, sin embargo, de una aparente paradoja. Aunque nunca antes se habían formalizado tantas donaciones entre padres e hijos, el importe medio cayó hasta los 87.161 euros, su nivel más bajo de los últimos años. Lejos de reflejar una menor capacidad económica de las familias, el descenso apunta a una extensión del fenómeno hacia hogares cada vez más diversos en cuanto a rentas, que recurren a este mecanismo para ayudar a sus hijos en un momento en el que los precios de la vivienda registraron su mayor alza desde 2007, al subir un 12,9%, según datos del INE.
Es la interpretación que hacen los propios notarios. María Teresa Barea, portavoz del Consejo General del Notariado, explica que, hace años, eran solo algunas familias las que recurrían a este tipo de transmisiones. Por eso, la cuantía media llegaba a superar incluso los 100.000 euros por operación. Ahora, a medida que aumentan estos movimientos, la cifra va reduciéndose. “Cada vez más gente entra en la rueda de ayudar a sus hijos. Al haber mayores segmentos de población, están entrando más tipologías de donantes y por eso la media cae”, apunta.
Pese a ello, prosigue Barea, las cuantías son relativamente elevadas si se comparan con el grueso de las donaciones que llegan a la mayoría de oficinas. “Desde el punto de vista práctico del día a día en una notaría media de una ciudad media, los importes que vemos son bastante menores, de 10.000, 15.000 o 30.000 euros”, explica la portavoz, que ejerce en Granada. Es decir, la estadística está fuertemente condicionada por algunas operaciones minoritarias de importes muy elevados, mientras que en el día a día predominan donaciones más modestas.
Esta suerte de herencia adelantada suele estar enfocada a la entrada o al pago de los impuestos asociados a la compra de una vivienda. Según detalla Barea, el principal obstáculo para los jóvenes no es tanto hacer frente a la cuota mensual de una hipoteca como reunir el ahorro inicial que exigen los bancos. “El joven que está trabajando y tiene un salario, en general, tiene capacidad para pagar su cuota del préstamo, sobre todo si se compara con la renta del alquiler de un piso equivalente”, sostiene. El problema viene en otro momento, cuando toca abonar de golpe la entrada y los gastos asociados. “Como no tiene capacidad de ahorro para juntar esa cantidad, entra en juego el factor padre y el factor donación”.
Impacto en la desigualdad
El auge de estas transferencias ha dejado de ser un fenómeno anecdótico para convertirse también en objeto de estudio entre los economistas. Si durante décadas las transmisiones de riqueza entre generaciones se analizaron principalmente a través de las herencias, el deterioro del acceso a la vivienda y el aumento de la esperanza de vida han desplazado el foco hacia las donaciones como mecanismo para salvar las restricciones del mercado hipotecario.
Un estudio publicado recientemente por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada, Fedea, concluye que el aumento de la esperanza de vida está alterando profundamente el momento en el que se transmiten los patrimonios familiares. Mientras que en los años setenta la primera herencia se recibía en torno a la treintena, ahora el momento se ha pospuesto unas dos décadas. Ese retraso implica que los recursos llegan demasiado tarde para decisiones económicas decisivas, como la compra de una casa.
Las donaciones permiten esquivar ese desfase generacional actuando como una herencia anticipada, pero también plantean un problema distributivo. Según el estudio, los hogares con mayor patrimonio tienen muchas más probabilidades de anticipar riqueza a sus hijos y hacerlo, además, en el momento en que más rendimiento económico genera. Esa ventaja facilita el acceso temprano a la propiedad y acelera la acumulación de patrimonio, mientras que las familias con menos recursos suelen depender de herencias que llegan varias décadas después, si es que finalmente llegan.
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