La primera mitad de 2026 ha estado marcada por las consecuencias de la guerra de Irán que se inició a finales de febrero. Desde entonces los precios no han dejado de subir, pero otro marcador también galopa: los beneficios empresariales. Según la estadística de la central de balances publicada este jueves por el Banco de España, el beneficio de las empresas no financieras mostró “una evolución muy favorable”, con un incremento del 30,9%, en contraste con la caída del 6,2 % registrada un año antes. El avance estuvo impulsado por el subsector del refino, que mejoró su cifra de negocios en un 35,7%, en línea con la evolución de los precios de los combustibles en los seis primeros meses del año.
Las empresas no financieras mejoraron todos sus ratios en el primer semestre del año, incluso si se descuenta el subidón de las energéticas
La primera mitad de 2026 ha estado marcada por las consecuencias de la guerra de Irán que se inició a finales de febrero. Desde entonces los precios no han dejado de subir, pero otro marcador también galopa: los beneficios empresariales. Según la estadística de la central de balances publicada este jueves por el Banco de España, el beneficio de las empresas no financieras mostró “una evolución muy favorable”, con un incremento del 30,9%, en contraste con la caída del 6,2 % registrada un año antes. El avance estuvo impulsado por el subsector del refino, que mejoró su cifra de negocios en un 35,7%, en línea con la evolución de los precios de los combustibles en los seis primeros meses del año.
Pero incluso sin tener en cuenta esos sectores ligados a la energía, las ganancias de las empresas habrían mejorado el 2,5%.
Los ataques de Ucrania sobre las refinerías rusas han contribuido a avivar una espiral alcista en el mercado del diésel por la falta de existencias en un contexto ya muy tensionado por el cierre del Estrecho de Ormuz. Y la situación en Europa se puede desbocar si el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, materializa su idea de prohibir las exportaciones de gasóleo para intentar controlar el precio dentro del país. Esto drenaría existencias en todo el mundo y empujaría más los precios al alza.
Las empresas, petroleras y no energéticas, han logrado capturar márgenes en estas subidas de precios. Según la estadística publicada hoy, los ingresos empresariales aumentaron un 6,6% en el primer semestre de 2026, frente al 3,7% registrado en el mismo periodo de 2025. “Si se excluyen las ramas con un comportamiento atípico, energía, refino y comercio de combustibles, el crecimiento de la cifra de negocios se habría situado en el 2,9%, frente al 5,7% registrado en el primer semestre de 2025″, dice el Banco de España y continúa: “En comparación con su promedio histórico el crecimiento registrado en el primer semestre de 2026 fue superior”.
En sentido contrario, los gastos de personal aumentaron un 4,1% y los gastos financieros, un 6,3%, como consecuencia del incremento de los tipos de interés y del mayor nivel de endeudamiento.
España se encuentra en una posición especialmente favorable en este contexto. El país cuenta con una capacidad de refino superior a la de muchos de sus vecinos europeos y dispone de producción suficiente para abastecer el mercado nacional y generar excedentes para vender al exterior. De hecho, las exportaciones de combustibles refinados crecieron un 52% interanual en junio, con Alemania, Polonia y Portugal entre los principales destinos. Esa posición permite a las refinerías vender a precios elevados y ampliar la diferencia entre el coste del crudo y el precio de los productos que obtienen de él, elevando sus márgenes.
Las propias empresas energéticas han advertido al vicepresidente económico, Carlos Cuerpo, de que los precios van a seguir altos en los próximos meses.
En un reciente informe del servicio de estudios de CC OO destacaban cómo el sector energético mantiene una rentabilidad extraordinariamente elevada. El conjunto del sector, que también incluye el suministro de electricidad y gas y el comercio de combustibles, situó su margen en el 24,5% sobre las ventas, el máximo histórico. La cifra supone más que duplicar la rentabilidad media de los años anteriores a la pandemia, cuando se situaba en torno al 11%.
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