A una semana del cierre de la consulta pública sobre la futura revisión de MiCA, la normativa europea que regula el sector cripto en Europa, la única certeza es que será necesario mucho esfuerzo para mejorar el reglamento y adaptarlo a la evolución del mercado. En estos días, las principales autoridades financieras de la región han avanzado sus propuestas para revisarlo. El Sistema Europeo de Bancos Centrales lo hizo el martes, mientras hoy ha sido el turno de la Autoridad Bancaria Europea (EBA). Este organismo ha recomendado varias medidas, pero ha incidido en un aspecto: la necesidad de reforzar la vigilancia ante la ausencia de una supervisión efectiva de los grandes brokers y conglomerados cripto.
El regulador bancario abre la puerta a modificar los requisitos de liquidez de los emisores de ‘stablecoins’, como ha propuesto el BCE
A una semana del cierre de la consulta pública sobre la futura revisión de MiCA, la normativa europea que regula el sector cripto en Europa, la única certeza es que será necesario mucho esfuerzo para mejorar el reglamento y adaptarlo a la evolución del mercado. En estos días, las principales autoridades financieras de la región han avanzado sus propuestas para revisarlo. El Sistema Europeo de Bancos Centrales lo hizo el martes, mientras hoy ha sido el turno de la Autoridad Bancaria Europea (EBA). Este organismo ha recomendado varias medidas, pero ha incidido en un aspecto: la necesidad de reforzar la vigilancia ante la ausencia de una supervisión efectiva de los grandes brokers y conglomerados cripto.
Con el auge de los activos digitales y la entrada en vigor de MiCA, distintos grupos empresariales han empezado a ofrecer productos y servicios cripto en la región, pero con modelos distintos: algunos son grupos bancarios y entidades financieras tradicionales, otros son actores emergentes, que combinan varios productos financieros —criptos, activos tokenizados o divisas tradicionales— y servicios —como emisión, negociación, custodia, pagos—, algunos de ellos no regulados, como los préstamos con activos digitales. Muchos tienen su origen o desarrollan su actividad principal fuera de la Unión Europea: un ejemplo son gigantes del sector como Binance (que desde julio no opera en Europa porque no ha conseguido la licencia MiCA) o Coinbase.
Las empresas de un mismo grupo pueden estar estrechamente conectadas a través de vínculos financieros, operativos y de marca, lo que puede generar riesgos para los clientes. Esto preocupa a la EBA, porque el marco de supervisión de conglomerados financieros solo se aplica a determinados grupos que realizan actividades bancarias, aseguradoras o de inversión tradicionales, ya que fue diseñado antes de la aparición de actividades vinculadas a los criptoactivos.
Para vigilar a estos grandes actores, los supervisores deben recurrir a intercambios de información y mecanismos de coordinación con otras jurisdicciones que no siempre colaboran. “La falta de estructuras formales que permitan una supervisión a nivel de grupo, especialmente cuando se trata de conglomerados que ofrecen una amplia gama de servicios financieros o que presentan una gran complejidad, limita la capacidad de los supervisores para detectar riesgos de forma preventiva y adoptar medidas coordinadas, o incluso conjuntas, para mitigarlos cuando se materializan”, reconoce el organismo.
Por ello, la EBA pide crear nuevas herramientas y estructuras de supervisión para llevar a cabo una vigilancia coordinada de estas entidades. Esto es especialmente importante para un mercado cada vez más interconectado con las finanzas tradicionales y en un momento en el que las plataformas cripto buscan ofrecer más servicios financieros para limitar su dependencia de la volatilidad del mercado de activos digitales.
En su respuesta, el organismo también ha acercado su postura a la del Sistema Europeo de Bancos Centrales sobre los requisitos de liquidez de los emisores de stablecoins. El regulador bancario ha reconocido que el porcentaje mínimo de reservas impuestas a estos actores en forma de depósitos (entre un 30% y un 60%, dependiendo de si un emisor es significativo) incrementa su interconexión con el sector bancario.
Asegura que, aunque este sistema permite a un emisor devolver el dinero de forma inmediata a los inversores en situaciones de estrés, podría generar vulnerabilidades, como tensiones de liquidez, en las entidades de crédito que guardan las reservas de estas empresas. Asimismo, si un banco atravesara dificultades, el emisor podría sufrir retrasos en el acceso a sus reservas o pérdidas de los fondos mantenidos en depósitos.
El BCE propuso sustituir este requisito por la exigencia de mantener unos niveles mínimos de reservas invertidas en activos muy líquidos, con vencimiento entre uno y cinco días laborales, y de elevada calidad. La EBA abre la puerta a esta alternativa, aunque con más prudencia. “Un marco basado en colchones mínimos de liquidez diaria y semanal, complementados con límites de vencimiento y requisitos de diversificación, podría resultar más sensible al riesgo que la exigencia de mantener un porcentaje fijo de las reservas en depósitos”, afirma.
Las ‘stablecoins globales’
El regulador bancario ha vuelto a insistir en la necesidad de regular las stablecoins globales. Tanto la EBA como el BCE se han expresado varias veces sobre estos activos, como USDC de Circle, que se emiten en varias jurisdicciones de forma conjunta bajo la regulación de cada una. El emisor de estos activos mantiene reservas que respaldan el token emitido en cada región, pero al ser activos idénticos y fungibles, los usuarios pueden solicitar el reembolso a cualquiera de las dos entidades, la estadounidense o la europea.
Cuando una de las dos enfrenta una solicitud de reembolso que supera sus reservas disponibles, se activa un mecanismo de reequilibrio mediante el cual la otra entidad puede transferir activos para garantizar un respaldo adecuado del conjunto de tokens en circulación. Para las autoridades comunitarias, esto podría debilitar las salvaguardias prudenciales de MiCA y el BCE llegó a pedir que se prohibieran estos activos o que se regularan de forma más estricta.
La EBA avisa de que las salvaguardias previstas por MiCA no son suficientes para limitar los riesgos y reconoce que la actividad de ese emisor podría escaparse de la supervisión europea, mermando su capacidad de vigilancia e intervención. No obstante, no pide prohibir estos activos, sino reclama mayor claridad jurídica sobre su admisibilidad e insta a que se regulen, reforzando los mecanismos de mitigación de riesgos y buscando acuerdos de reciprocidad que garanticen un trato equivalente para las stablecoins locales en otras jurisdicciones.
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