Hay edificios que tienen varias vidas, y el que ocupa el número 7 de la céntrica Plaza de Santa Ana de Madrid es un ejemplo de ello. Cuando se construyó a principios del siglo pasado, acogía bailes de la nobleza en amplios salones con grandes ventanales y un alto techo del que aún hoy cuelga una impresionante lámpara de araña. “La historia de este edificio se remonta 130 años atrás. Los duques de Santoña, que tenían su residencia en el palacio que hace esquina entre las calles Príncipe y Huertas, quisieron ampliarlo hacia la plaza, que ya tenía una vibrante vida. Compraron el solar y lo ampliaron para que los salones de baile dieran a Santa Ana”, narra la arquitecta Leonor Ortiz, que junto a Daniela Kalika, es la encargada del proyecto de rehabilitación del inmueble que albergará cinco viviendas de lujo.
La promotora Berzeus proyecta cinco viviendas en la céntrica Plaza de Santa Ana con un precio entre 2,9 y 3,5 millones de euros
La promotora Berzeus proyecta cinco viviendas en la céntrica Plaza de Santa Ana con un precio entre 2,9 y 3,5 millones de euros
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Hay edificios que tienen varias vidas, y el que ocupa el número 7 de la céntrica Plaza de Santa Ana de Madrid es un ejemplo de ello. Cuando se construyó a principios del siglo pasado, acogía bailes de la nobleza en amplios salones con grandes ventanales y un alto techo del que aún hoy cuelga una impresionante lámpara de araña. “La historia de este edificio se remonta 130 años atrás. Los duques de Santoña, que tenían su residencia en el palacio que hace esquina entre las calles Príncipe y Huertas, quisieron ampliarlo hacia la plaza, que ya tenía una vibrante vida. Compraron el solar y lo ampliaron para que los salones de baile dieran a Santa Ana”, narra la arquitecta Leonor Ortiz, que junto a Daniela Kalika, es la encargada del proyecto de rehabilitación del inmueble que albergará cinco viviendas de lujo.
Posteriormente, en el edificio estuvo “el despacho profesional de José de Canalejas”, por entonces presidente del Consejo de Ministros, “que fue asesinado en 1912”. De cinco años más tarde data uno de los elementos más característicos del inmueble y que jugaría un papel fundamental en uno de los cambios en la propiedad. Se trata de un friso cerámico obra de José Ruiz de Luna en los tramos de la escalera de las tres primeras plantas.
“Una señora de la alta sociedad madrileña quiso comprarlo para ponerlo en su casa de campo. Al enterarse de la idea, unos amigos de los por entonces propietarios hicieron una oferta por el edificio entero, para que no se lo llevara”, cuenta Aarón Benoliel, uno de los socios de Berzeus, la promotora que compró el edificio en 2025 por una cifra que ronda los 10 millones de euros. Fue así como pasó a ser la sede de Antigüedades Serrano durante años. Más recientemente, acogió el club privado Argo.
Dentro de dos años, cuando está previsto que terminen las obras, comenzará una nueva vida en la que el edificio va a albergar cinco viviendas de lujo, una por planta, con un precio que parte de los 2,9 millones de euros. La unidad más cara, en contra de lo que suele suceder, no es el ático, que cuesta 3,4 millones de euros, es la que se sitúa en la primera planta. Con techos de casi 5 metros de altura y grandes ventanas a la plaza, el comprador que la quiera deberá desembolsar 3,5 millones de euros en un proceso de comercialización que acaba de comenzar y que gestiona Knight Frank.







El ático tiene 177 metros cuadrados y cuenta con una cocina integrada en el salón comedor desde el que se accede a una terraza con vistas a la plaza de Santa Ana. Además, tiene otra terraza interior con una pequeña piscina y dos dormitorios con baño en suite. Las otras cuatro viviendas son de 209 metros cuadrados y también tienen el mismo tipo de salón y dos dormitorios, aunque Francesca Perris, comercial de Knight Frank, ha asegurado durante la presentación del proyecto que los dueños pueden personalizar el activo para ajustarlo a su gusto. Como zona común, el edificio cuenta con una azotea en la que habrá zona de barbacoa, una piscina y vistas 360 grados del centro de Madrid.
Teniendo en cuenta la historia del edificio, en la rehabilitación se está trabajando para conservar elementos originales como la fachada de piedra, los vitrales y las molduras, así como el mármol blanco, la barandilla de hierro forjado y el pasamanos de nogal de la escalera. Y, por supuesto, el friso de Ruiz de Luna. Lo que no se quedarán serán las columnas de mármol verde de la antigua sala de fiestas Pasapoga, que Leonor Ortiz no sabe cómo llegaron al inmueble, pero que reflejan las múltiples vidas que ha tenido el edificio.
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