Elon Musk ha vuelto al laboratorio. El martes dijo que SpaceX y Tesla, los dos pilares de su imperio, están estudiando una posible fusión. Combinar automóviles, robots, chatbots, baterías, satélites, redes sociales, cohetes y microchips en un megaconglomerado valorado en 4 billones de dólares (3,6 billones de euros) sería una empresa colosal. Aunque desafía toda lógica financiera convencional, lCIo mismo ocurre con casi todo lo que ha hecho el multimillonario.
Aunque desafía toda lógica financiera convencional, lo mismo ocurre con casi todo lo que ha hecho Elon Musk
Elon Musk ha vuelto al laboratorio. El martes dijo que SpaceX y Tesla, los dos pilares de su imperio, están estudiando una posible fusión. Combinar automóviles, robots, chatbots, baterías, satélites, redes sociales, cohetes y microchips en un megaconglomerado valorado en 4 billones de dólares (3,6 billones de euros) sería una empresa colosal. Aunque desafía toda lógica financiera convencional, lCIo mismo ocurre con casi todo lo que ha hecho el multimillonario.
Pese a algunos vínculos entre las compañías, como sus proyectos conjuntos de semiconductores y software, el objetivo último de Musk es sencillo: el control. Es consejero delegado de ambas, pero las acciones con derechos de voto reforzados le otorgan el 85% del poder de decisión en SpaceX, frente al 18% que le confieren sus acciones ordinarias en Tesla. La concentración le permitiría, en teoría, dominar todo el imperio. El problema será garantizar que los comités de los consejos, supuestamente independientes, alcancen también un acuerdo justo para los demás accionistas.
Tesla ha quedado en segundo plano desde la salida a Bolsa de SpaceX en junio. Aun así, las acciones del fabricante de automóviles eléctricos cotizan a más de 200 veces los beneficios esperados para este año, según las estimaciones recopiladas por Visible Alpha. Aunque las previsiones de Wall Street para el beneficio operativo de 2026 se han desplomado un 80% en los dos últimos años y se intensifica la competencia de los pujantes rivales chinos, Tesla sigue sostenida por la promesa de los vehículos autónomos y los robots mayordomo.
El optimismo resulta inquietante. Waymo, propiedad de Alphabet, y otras empresas ya tienen robotaxis circulando, mientras numerosas start-ups impulsan sus propios androides. SpaceX, entretanto, avanza a toda velocidad gracias, en parte, a su giro hacia el alquiler de servidores a desarrolladores de chatbots de inteligencia artificial. Tras anunciar el martes un crecimiento interanual del 830% en esta división, la empresa añadió unos 160.000 millones de dólares (143.000 millones de euros) de valor bursátil.
SpaceX vale ahora más de 1,4 veces Tesla. La brecha podría ser pasajera: la creciente preocupación por operadores de centros de datos como CoreWeave amenaza con hacer descarrilar el sector. Además, las dos compañías tenían una valoración aproximadamente igual en julio.
El aumento de la diferencia entre las valoraciones facilita que los consejos estructuren una operación. SpaceX puede emitir acciones sin derecho de voto para absorber Tesla, pero los propietarios de más de la mitad de los títulos de esta última tendrían que votar a favor de renunciar a ese derecho a cambio de una participación en la empresa ampliada.
En una fusión, Tesla aportaría el 41% del valor y SpaceX, el resto. Musk controlaría actualmente el 57% de los votos del conjunto. Rechazar una operación de fusión sin efectivo, una prima atractiva ni derechos de voto sería más racional. Pero, para un hombre empeñado en colonizar Marte, queda poco espacio para la racionalidad.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.
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