Las elecciones de mitad de mandato han supuesto un fuerte revolcón para Donald Trump y su Partido Republicano. También para uno de sus grandes valedores, el empresario Elon Musk. Las dos grandes compañías controladas por Musk —Tesla y SpaceX— han sufrido una fuerte corrección bursátil tras la victoria inesperada de los demócratas en el estado de Texas y su mayoría en el Congreso de Estados Unidos. Las acciones de Tesla se hundieron ayer un 3,3%, y hoy han abierto con un desplome aún mayor, del 9,5%. Las de SpaceX cayeron ayer un 3,8% y hoy otro 8%. En total, la pérdida de valor de mercado roza los 362.500 millones de dólares entre las dos compañías. Unos 323.000 millones de euros al tipo de cambio actual. En la sesión de ayer, la depreciación ascendía a 110.000 millones de euros.
Los inversores castigan a las compañías de Elon Musk tras la victoria demócrata en Texas y la toma de control del Congreso de Estados Unidos
Las elecciones de mitad de mandato han supuesto un fuerte revolcón para Donald Trump y su Partido Republicano. También para uno de sus grandes valedores, el empresario Elon Musk. Las dos grandes compañías controladas por Musk —Tesla y SpaceX— han sufrido una fuerte corrección bursátil tras la victoria inesperada de los demócratas en el estado de Texas y su mayoría en el Congreso de Estados Unidos. Las acciones de Tesla se hundieron ayer un 3,3%, y hoy han abierto con un desplome aún mayor, del 9,5%. Las de SpaceX cayeron ayer un 3,8% y hoy otro 8%. En total, la pérdida de valor de mercado roza los 362.500 millones de dólares entre las dos compañías. Unos 323.000 millones de euros al tipo de cambio actual. En la sesión de ayer, la depreciación ascendía a 110.000 millones de euros.
Teniendo en cuenta que Elon Musk controla el 35% de SpaceX y el 11% de Tesla, la pérdida de valor de su patrimonio personal ronda los 84.000 millones de dólares (79.000 millones de euros).
Los mercados han interpretado los resultados electorales como un aumento de los riesgos regulatorios para el imperio empresarial del magnate sudafricano, uno de los principales financiadores del Partido Republicano en la campaña de las midterms (las elecciones de mitad de mandato, en inglés).
El imperio empresarial de Musk se ha beneficiado en los últimos años de un régimen fiscal muy laxo en Texas, junto con una regulación muy favorable al desarrollo de centros de datos para procesar algoritmos de inteligencia artificial, una de sus grandes apuestas. También ha sacado provecho de la consolidación de SpaceX como el principal proveedor de la agencia aeroespacial, la NASA.
Analistas consultados por Bloomberg consideran que un Congreso bajo control demócrata podría reforzar la supervisión de sectores clave para Musk, como la IA, además de complicar una eventual integración entre Tesla y SpaceX.
La reacción de los mercados está siendo furibunda, sobre todo porque ambas compañías tienen su sede en Texas, un Estado que Musk ha convertido en el centro de sus operaciones. El empresario trasladó su domicilio allí en 2020 y desplazó la sede de Tesla al año siguiente, tras sus enfrentamientos con las autoridades de California durante la pandemia. Además, instaló cerca de Austin su gran fábrica de coches Tesla, su mayor centro de producción en Estados Unidos.
“El que Texas se convierta en un Estado demócrata crea un nuevo desafío político para Musk, especialmente teniendo en cuenta cuánto ha invertido mucho dinero en convertirlo en el centro de su imperio empresarial”, apunta Ivan Feinseth, director de inversiones de Tigress Financial Partners.
La victoria demócrata en Texas tiene además una dimensión simbólica para el empresario. La nueva gobernadora, Gina Hinojosa, defendió durante la campaña un mayor control sobre los centros de datos, infraestructuras fundamentales para el desarrollo de proyectos ligados a la IA. El resultado de las elecciones al Senado en el Estado también ha sido interpretado por algunos analistas como una muestra de rechazo a la creciente influencia política de Musk.
El multimillonario ha reforzado en los últimos años su implicación política junto a Donald Trump y el Partido Republicano, tras destinar cerca de 450 millones de dólares a candidaturas republicanas, de los que unos 205 millones fueron a campañas en Texas. De acuerdo con diversos cálculos, ha donado más dinero en estos meses que lo desembolsado por el inversor George Soros al Partido Demócrata a lo largo de su vida. Además, Musk utilizó su red social X (antiguo Twitter) para pedir abiertamente el voto contra los demócratas durante la campaña electoral.
Tras conocerse los resultados, Musk reaccionó con ironía en esa misma plataforma. “Supongo que mis láseres espaciales para interferir en las elecciones no funcionaron esta vez”, escribió. En otro mensaje afirmó que los “centros de datos en el espacio empiezan a parecer bastante atractivos”.
El nuevo escenario político podría tener implicaciones para algunos de los proyectos estratégicos de sus compañías, como la posible fusión entre Tesla y SpaceX. Varios analistas consideran que el control demócrata del Congreso podría aumentar el escrutinio político y regulatorio sobre esta operación.
Pese a la pérdida de valor de las empresas de Musk, otros fabricantes de vehículos eléctricos reaccionaron en sentido contrario. Rivian y Lucid registraron avances bursátiles ante la expectativa de que una mayoría demócrata impulse medidas favorables a la transición energética.

Una de las lecturas más recurrentes por parte de inversores de fondos es que Elon Musk se ha apoyado en los últimos años en la oleada de desregulación que ha abanderado Donald Trump. En los primeros compases de su mandato, el empresario llegó a oficiar como consejero externo de su Gobierno, al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, por sus siglas en inglés), para tratar de recortar gasto público, al más puro estilo de la motosierra de Javier Milei en Argentina. Finalmente, un desencuentro entre el presidente y Musk provocó su salida, temporal, de la órbita de la Casa Blanca.
Más allá del resultado electoral de las midterms, persisten las dudas sobre la viabilidad y el calendario de varios de los proyectos que sustentan las elevadas valoraciones de las compañías de Musk. La posible integración entre Tesla y SpaceX sigue en una fase preliminar, mientras iniciativas como los robotaxis, los robots humanoides o los planes de colonización de Marte continúan lejos de generar ingresos significativos.
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