
Las apps de citas llegaron hace más de una década para poner patas arriba el amor. Pero ese escenario que presuponía la extinción del cortejo analógico parece lejos de cumplirse. Algunas apps, sin embargo, quedarán grabadas en el imaginario colectivo. En este ecosistema, pocas figuras han tenido tanta relevancia como Whitney Wolfe Herd (Salt Lake City, 37 años), cofundadora de Tinder, y fundadora y CEO de Bumble, que acaba de ser vendida tras perder alrededor del 90% de su valor.
Cofundó Tinder, demandó a la empresa por acoso y creó Bumble como respuesta, que ahora vende por una décima parte de su valor máximo
Las apps de citas llegaron hace más de una década para poner patas arriba el amor. Pero ese escenario que presuponía la extinción del cortejo analógico parece lejos de cumplirse. Algunas apps, sin embargo, quedarán grabadas en el imaginario colectivo. En este ecosistema, pocas figuras han tenido tanta relevancia como Whitney Wolfe Herd (Salt Lake City, 37 años), cofundadora de Tinder, y fundadora y CEO de Bumble, que acaba de ser vendida tras perder alrededor del 90% de su valor.
Tinder ha perdido cerca de una cuarta parte de sus usuarios de pago desde 2022 y Bumble casi el 28% desde su máximo de 2024. Este declive ha contribuido a la venta de Bumble a Ithaca Holdings, en una operación que valora la compañía en 1.300 millones de dólares. Hace cinco años, cuando salió a Bolsa, valía 13.000 millones. Wolfe Herd seguirá en la empresa, pero, cuando se consume la venta, dejará de ser consejera delegada por segunda vez en tres años.
Está casada desde 2017 con Michael Herd, presidente de la petrolera familiar Herd Producing Company, con quien tiene dos hijos. Viven en Austin, Texas, donde tiene su sede Bumble. Su fortuna, todavía multimillonaria, se ha desplomado junto con el valor de la empresa. Es hija de un promotor inmobiliario y de un ama de casa. Pasó parte de su infancia en París, donde la familia se instaló durante un periodo sabático. En Utah, según ha contado, buena parte de su vida transcurría entre las pistas de esquí y las aulas de un instituto católico. Se licenció en Estudios Internacionales en la Southern Methodist University de Dallas y fue miembro de Kappa Kappa Gamma, una de las hermandades universitarias por las que Tinder se extendería en sus comienzos.
Antes de graduarse había puesto en marcha dos proyectos, ambos de corte social: uno de bolsas de bambú con las que recaudaba fondos tras el vertido de BP en el golfo de México en 2010, y otro de ropa de comercio justo contra la trata de personas. Tuvieron cierto éxito. En 2012 entró en Hatch Labs, la incubadora del dueño de Match.com. Allí nació Tinder y allí trabajaba Justin Mateen, su director de marketing, con quien Wolfe mantenía una relación. Mateen era su superior jerárquico y amigo íntimo del consejero delegado, Sean Rad. Lo dejaron a finales de 2013 y, al año siguiente, Wolfe dimitió y presentó una demanda por acoso sexual y discriminación contra Tinder, IAC y Match.com.
En los mensajes de Mateen que aportó había insultos de contenido sexual, y en la demanda denunció también que le habían retirado el título de cofundadora por ser mujer. IAC suspendió a Mateen, que terminó saliendo de la empresa, y las partes llegaron a un acuerdo sin admisión de culpa. La cifra nunca se hizo oficial, aunque Business Insider aseguró que podría haber superado ligeramente el millón de dólares. Su papel en la fundación de Tinder sigue siendo discutido. Ella sostiene que fue cofundadora, que propuso el nombre y que diseñó la estrategia de marketing con la que la aplicación empezó a extenderse por los campus universitarios. En esto último la respaldan Bloomberg y Joe Muñoz, uno de los programadores de la compañía, que llegó a atribuirle el 100% de su crecimiento.
Tras el pleito quiso pasar página creando un lugar donde solo pudieran decirse cosas buenas. Lo llamó Merci, una red social reservada a las mujeres en la que únicamente se podían enviar cumplidos. Pero en 2014 recibió la llamada de Andrey Andreev, un empresario de origen ruso afincado en Londres que había fundado Badoo, una aplicación de citas lanzada en 2006 y muy popular en Europa y América Latina. Andreev la convenció de volver al negocio de las citas y, a finales de aquel año, lanzaron Bumble. La novedad de esta app es que dejaba en manos de las mujeres el comienzo de cada conversación. Cuando un hombre y una mujer hacían match, solo ella podía enviar el primer mensaje, y disponía de 24 horas para hacerlo.
En ocasiones se ha puesto en duda el supuesto feminismo que predicaba Bumble. Un reportaje de Bloomberg señalaba que la empresa había logrado convencer a sus usuarias de que estaban más seguras, pero no tenía datos que demostraran que sufrían menos acoso que en otras aplicaciones. Wolfe Herd se mostró dolida por el artículo, pero cinco años después lo matizó: “Bloomberg probablemente no estaba del todo equivocado, una mujer que envía un mensaje en una aplicación no va a salvar el mundo”, reconoció en The New York Times.
En 2019, Forbes publicó los testimonios de 13 antiguos empleados que describían un ambiente misógino en la sede de Badoo. Wolfe se puso en un primer momento del lado de Andreev, aunque después cambió su postura. “Cuando Forbes me llamó y me lo contó, me quedé sin palabras”, relató. Sostuvo además que dirigía Bumble desde Austin como un negocio independiente y que nunca había visto nada de ese calibre. Cuatro meses más tarde, Blackstone compró la participación del empresario.
Ella quedó al frente de todas las marcas con alrededor del 19% del capital. En 2021, con 31 años, Wolfe se convirtió en la mujer más joven en sacar una empresa a Bolsa en EE UU. Tocó la campana del Nasdaq a distancia, desde su oficina de Austin, con su hijo de un año en brazos, mientras Bumble empezaba a cotizar a 76 dólares por acción, muy por encima de los 43 de la colocación. Fue probablemente el mejor momento de Bumble. Después, los ingresos se estancaron y empezaron a bajar, y con ellos fue menguando el número de usuarios de pago. En 2024 Wolfe cedió la dirección a Lidiane Jones, que venía de dirigir Slack, y pasó a presidenta ejecutiva. “Estaba completamente agotada. Quería ver a mis hijos”, contó después. Pero el relevo duró poco. Jones lo dejó por motivos personales y Wolfe volvió a ponerse al frente de la empresa. Tras su regreso, despidió al 30% de la plantilla, recortó más de un 80% el gasto en publicidad para captar usuarios. Los cambios alcanzaron incluso a las dos características que habían definido la aplicación. Eliminó la norma que obligaba a las mujeres a dar el primer paso y anunció el fin del deslizamiento de perfiles. Ahora apuesta por la inteligencia artificial para mejorar los emparejamientos, aunque tendrá que impulsar ese giro desde un puesto todavía por definir, lejos de la dirección ejecutiva.
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