El argumento de que un socialista, comunista o cualquier ideología de izquierda que defiende la justicia social no debería usar marcas de lujo o tener algún tipo de lujo, carece de sentido lógico porque confunde el consumismo personal con la estructura del sistema económico.
¿Por qué no tiene sentido esta crítica?
El pensador más famoso que analizó, definió y estructuró rigurosamente esta diferencia fue Karl Marx, principalmente en su obra cumbre, El Capital.
Esta confusión suele alimentar acalorados debates políticos cotidianos (por ejemplo, el clásico reproche de que un socialista no debería tener un teléfono inteligente de gama alta o ropa de marca). Sin embargo, la teoría económica e histórica de Marx establece una separación tajante entre ambos conceptos basándose en su función dentro de la economía.
• Confusión entre moral individual y sistema económico y político preestablecido: El socialismo y el comunismo son teorías económicas que proponen que los medios de producción (fábricas, tierras, tecnología) pertenezcan a la sociedad y no a manos privadas. Ninguna de estas teorías prohíbe que las personas posean bienes de consumo individuales de alta calidad (lo que el marxismo define como «propiedad personal»).
• La falacia del «tú también»: Se utiliza para desviar la atención del debate de fondo: La desigualdad social porque no nacemos con las mismas oportunidades, no existe la meritocracia en términos absolutos, y suele confundirse con el poder de voluntad cuando existen factores en la vida de cada individuo que no puede controlar directamente mediante dicha voluntad milagrosa. Decir esto, es desconocer la realidad empírica de la pobreza estructural.
Existe una tendencia de las derechas a ofrecer miradas superfluas: en lugar de argumentar en contra de la justicia social, la sanidad pública o los derechos laborales, se ataca la coherencia del mensajero de manera superflua basándose en su ropa o accesorios, como si querer que todos tengan acceso a una vida digna fuera de hipócrita si dentro del consumo personal se desean objetos de lujo, que bajo este sistema, son formas de incersión y ascendencia social.
Al contrario de esta mirada clasista, sesgada, que opina que si una persona de bajos recursos no adquirir lujos (coartación falaz de la libertad individual que predican), desde la mirada de la justicia social se lucha por que todos puedan tener no solo las necesidades básicas cubiertas sino también puedan acceder a sus lujos. Cómo siempre, estas ideas de la derecha resentida soberbia y clasista, siempre demuestran lo mucho que odian la felicidad de los pobres, para sorpresa de nadie.
Gráfico de 2014. Nótese que China aún estaba muy lejos de pasar al resto de los países. Fuente: Bain & Company.
Aquí un resumen de las claves para no caer en falacias discursivas de un binarismo ridiculamente superfluo:
• Vivir dentro del capitalismo: Una persona que vive en una economía de mercado globalizada está obligada a consumir dentro de ese sistema. Comprar un artículo caro no invalida la propuesta de que los trabajadores cobren mejores salarios o que los ricos paguen más impuestos, puesto que son quienes más consumen (el planeta que es de todos, incluído otras especies animales, no solo el homo-sapiens la habita).
• El origen de la riqueza importa más que el gasto: El verdadero foco de la justicia social no es en qué se gasta el dinero, sino cómo se obtuvo. Si un político o ciudadano tiene dinero legítimo (por su trabajo, libros, sueldo público regulado, etc.) y paga los impuestos correspondientes que financian el Estado de bienestar, el uso de su dinero neto no contradice sus propuestas de equidad.
• Se trata de una figura discursiva ya estrudiada y tiene nombre: El argumento de que un político de izquierda, socialista o comunista con dinero no debería tener bienes de lujo (como un bolso Louis Vuitton) suele calificarse como una falacia ad hominem (dirigida contra el hombre y no con argumentos), ya que ataca la coherencia personal de la persona en lugar de refutar la validez de sus propuestas económicas o sociales.
A raíz de las bases sentadas por Marx, el siglo XX y XXI vieron a numerosos filósofos, economistas y sociólogos profundizar en esta distinción. La gran mayoría de ellos expandió el concepto para adaptarlo a las transformaciones del capitalismo moderno, el consumo de masas y las plataformas digitales.
Los pensadores más destacados que analizaron esta diferencia y compartían una visión similar son:
1. Friedrich Engels (1820–1895)
El colaborador más cercano de Marx abordó esto de manera muy directa y didáctica. En su obra Del socialismo utópico al socialismo científico, Engels explica que la revolución social no busca despojar a los trabajadores de sus ropas o casas, sino quitarle el carácter socialmente destructivo a los medios de producción, que en manos privadas generan crisis económicas. Para Engels, al socializar los medios de producción, los bienes de consumo personal finalmente se liberan de las dinámicas de explotación y pueden multiplicarse para toda la sociedad.
2. Rosa Luxemburg (1871–1919)
En su obra económica cumbre, La acumulación del capital, Luxemburg dividió de forma matemática y teórica la producción de la sociedad en dos grandes sectores para explicar cómo funciona el capitalismo:
• Sector I: Producción de medios de producción (maquinaria, materias primas, fábricas).
• Sector II: Producción de medios de consumo (alimentos, vestimenta, vivienda).
Demostró que el corazón del capitalismo no está en el Sector II (lo que la gente consume), sino en el Sector I (la acumulación constante de maquinaria pesada), lo que inevitablemente empuja a las potencias a buscar nuevos mercados e iniciar guerras imperiales por recursos.
3. Evgeny Pashukanis (1891–1937)
Este jurista y filósofo soviético llevó la distinción al campo del derecho. En su obra Teoría general del derecho y marxismo, explicó por qué el derecho legal confunde a propósito ambos conceptos bajo el término genérico de «propiedad privada». Pashukanis argumentaba que el derecho burgués unifica conceptualmente la propiedad de una fábrica de automóviles con la propiedad de un par de zapatos para que las leyes protejan a ambas por igual, blindando moral y legalmente a los dueños de los medios de producción bajo la excusa de proteger «el esfuerzo personal».
4. Pierre Bourdieu (1930–2002)
Aunque no era un marxista ortodoxo, este célebre sociólogo francés reformuló la idea a través de sus conceptos de «capital económico» y «capital cultural». Bourdieu explicaba que la adquisición de bienes de consumo sofisticados (ropa de diseñador, arte, autos de lujo) funciona como un mecanismo de distinción social (estatus), pero que este consumo suntuoso no debe confundirse con el verdadero poder estructural, el cual reside únicamente en la propiedad del capital económico que genera plusvalía y controla las oportunidades de empleo de los demás.
| Pensador | Enfoque principal sobre la distinción | Aporte clave |
|---|---|---|
| Friedrich Engels | Divulgación política y social | Clarificó que el socialismo busca multiplicar los bienes personales colectivizando los de producción. |
| Rosa Luxemburg | Macroeconomía y geopolítica | Dividió matemáticamente la economía en el sector de bienes de capital y el de bienes de consumo. |
| Evgeny Pashukanis | Jurídico y legal | Demostró cómo las leyes mezclan ambos conceptos para proteger la propiedad de las empresas. |
| Pierre Bourdieu | Sociológico y cultural | Diferenció el consumo de estatus (distinción) del verdadero poder económico estructural. |
La afirmación de que las personas que defienden las ideologías socialistas, comunistas o de izquierda que priorizan la justicia social deben abstenerse de las marcas o posesiones de lujo es ilógica, ya que confunde el consumo personal con el sistema económico más amplio. ¿Por qué esta crítica no tiene importancia? Famoso intelectual
La afirmación de que las personas que abogan por las ideologías socialistas, comunistas o de izquierda que priorizan la justicia social deben abstenerse de marcas de lujo o posesiones es ilógica. Esto se debe a que combina los hábitos de consumo personal con el sistema económico subyacente. ¿Qué hace que esta crítica sea irrelevante? El renombrado pensador que examinó meticulosamente, esbozó y organizó esta variación fue Karl Marx, predominantemente en su obra maestra, El Capital. Esta idea errónea frecuentemente aviva las ardientes discusiones políticas cotidianas (como la crítica atemporal de que un socialista no debería poseer un teléfono inteligente de alta gama o prendas de diseño). Por otro lado, la perspectiva económica e histórica de Marx distingue las dos nociones por su papel en la estructura económica. • el Mezcla entre la ética personal y un marco económico y político preexistente: El socialismo y el comunismo son teorías que sugieren que los recursos de producción (industrias, activos, tecnología) deberían ser propiedad de la sociedad en lugar de privados. Estas teorías no impiden que los individuos posean pertenencias personales de alta calidad, definidas por el marxismo como «propiedad personal». La falacia del «tú también» distrae de la cuestión central: la desigualdad debido a la desigualdad de oportunidades al nacer, que contradice la idea de meritocracia, a menudo confundida con la determinación personal a pesar de las circunstancias externas que no pueden ser influenciadas directamente por la fuerza de voluntad de uno. Al descartar la existencia de la pobreza estructural, esta perspectiva pasa por alto la realidad real. En el lado derecho, hay un hábito de centrarse en aspectos irrelevantes: en lugar de debatir la justicia social, la salud pública o los derechos laborales, los críticos a menudo cuestionan la credibilidad del mensajero basándose en su apariencia o posesiones. Este enfoque sugiere que aquellos que desean una vida decente para todos son hipócritas si también disfrutan de artículos de lujo, que, bajo este sistema, significan incertidumbre y estatus social. A diferencia de este punto de vista elitista y prejuicioso, que supone que las personas con recursos limitados no deben tener acceso a los lujos (una falsa limitación de la libertad individual que promueven), los defensores de la justicia social se esfuerzan por garantizar que todos puedan satisfacer sus necesidades básicas y disfrutar de las comodidades que desean. Una y otra vez, la derecha envidiosa, arrogante y elitista expone su desprecio por el bienestar de los desfavorecidos, como era de esperar. Gráfico del año 2014. Observe que China estaba muy por detrás de otras naciones. Según Bain and Company, aquí hay una breve descripción de los principales principios para evitar caer en la trampa del pensamiento binario excesivamente redundante:
