Donald Trump no parece tener suerte con la Reserva Federal. En su primer mandato, el presidente de Estados Unidos eligió a Jerome Powell para encabezar el banco central, pero tiempo después el inquilino de la Casa Blanca lo acusó de todos los males posibles y llegó a llamarlo “zopenco” por su negativa a adecuar a sus deseos la política monetaria del país. Tras deshacerse de Powell, ya en su segundo mandato, creyó ver en Kevin Warsh a la persona idónea para lograr unos tipos de interés bajos capaces de impulsar la economía y el empleo. Pero esta segunda jugada también parece que puede salir mal.
Los analistas prevén que la Reserva Federal suba tipos, presionada por la inflación, a pesar de las presiones de la Casa Blanca, presionado por una inflación que no da tregua
Donald Trump no parece tener suerte con la Reserva Federal. En su primer mandato, el presidente de Estados Unidos eligió a Jerome Powell para encabezar el banco central, pero tiempo después el inquilino de la Casa Blanca lo acusó de todos los males posibles y llegó a llamarlo “zopenco” por su negativa a adecuar a sus deseos la política monetaria del país. Tras deshacerse de Powell, ya en su segundo mandato, creyó ver en Kevin Warsh a la persona idónea para lograr unos tipos de interés bajos capaces de impulsar la economía y el empleo. Pero esta segunda jugada también parece que puede salir mal.
La mayoría de analistas dan por hecho que Warsh, que solo lleva cuatro meses al frente de la Fed, anunciará este miércoles la primera subida de tipos de la institución en tres años, presionado por unos datos de inflación que no dan tregua. Los mercados tienen aún menos dudas que los analistas: las operaciones con futuros dan una probabilidad del 90% a la subida de tipos, un escenario que ha repercutido en el mercado de deuda (el tipo a 10 años está en máximo desde 2007) y, por tanto, en el precio de las hipotecas. El momento es particularmente delicado. Solo queda un mes y medio para las elecciones de medio mandato, una cita que marcará los dos años que le quedan a Trump en el poder y que, según las encuestas, no tienen buena pinta para los republicanos.
El alza será, según los pronósticos, de 25 puntos básicos. El precio del dinero pasaría de la franja del 3,5% al 3,75% actual a un 3,75%-4%. Una subida suficiente para demostrar que Warsh iba en serio el pasado agosto, cuando en la reunión de Jackson Hole comprometió su credibilidad a tomar todas las medidas necesarias para reconducir los precios. “Es responsabilidad de la Reserva Federal garantizar la estabilidad de precios. No hay excusas. […] Debemos tener la certeza de que la inflación subyacente se dirige hacia nuestro objetivo, de manera clara y a una velocidad suficiente. De lo contrario, tenemos trabajo por hacer. Esa es nuestra labor”, dijo el 28 de agosto en la reunión de banqueros centrales que se celebra cada año en las montañas de Wyoming. Unos días más tarde, los datos de inflación se empeñaron en dar razón a los que reclaman nuevas medidas para reconducir los precios. Además, aunque Warsh es el presidente, la decisión es colegiada. En la última reunión, en julio, muchos miembros del consejo expresaron que sería necesario “un endurecimiento de la política monetaria si la inflación no disminuía”, según indicaron las actas del encuentro.
El veredicto del mercado ha sido desde entonces unánime: o bien Warsh actúa acorde a sus palabras o bien corría el riesgo de perder gran parte de su credibilidad nada más llegar al mando del banco central de Estados Unidos. Si las previsiones se cumplen, este economista conservador, muy crítico con su predecesor y que anunció un “cambio de régimen” en la Fed, elegirá la primera opción, aunque suponga enfrentarse a Trump.
Ya lo ha dicho en infinidad de ocasiones. Pero este domingo, antes de que comenzara la reunión de la Fed de este martes y miércoles, el presidente republicano volvió a hacer evidentes sus presiones al banco central, un organismo que debe actuar de forma independiente. Estados Unidos, dijo el mandatario, debería tener “los tipos de interés más bajos del mundo”. Su asesor económico, Kevin Hasset despejó las dudas de sus deseos, por si había alguna. “Si hay una subida de tipos, estoy seguro de que el presidente no va a estar supercontento”, aseguró al canal conservador Fox News.
“Está en una situación sin salida: o bien se expone a la ira del presidente o bien merma su credibilidad ante los mercados, lo que acarrearía consecuencias para la inflación probablemente más graves a largo plazo”, declaró este domingo Maurice Obstfeld, investigador principal del Peterson Institute for International Economics. “No creo que Warsh quiera pasar a la historia como el presidente de la Fed que cedió a las presiones de la Administración cuando estaba en juego el mandato de la institución”, añadió el que fue economista jefe del Fondo Monetario Internacional.
La primera subida de tipos en tres años no tiene por qué suponer necesariamente un giro brusco hacia una política monetaria más restrictiva que se mantenga en el tiempo. Todo dependerá de la evolución de los precios. Los datos de agosto fueron preocupantes porque mostraban la dificultad de acercarse al objetivo de inflación del 2%, incumplido de manera persistente durante los últimos cinco años, pero tampoco fueron pésimos. Ofrecían argumentos tanto a los halcones que defienden subir tipos como a las palomas que apuestan por lo contrario. Porque la inflación se mantuvo en el 3,4% respecto al mismo mes del año anterior. Pero, por otra parte, la subyacente ―el indicador que excluye alimentos y energía, los bienes que suelen oscilar más― fue más favorable al bajar una décima, hasta el 2,4%.
Tiffany Wilding, economista de Pimco, el mayor fondo de renta fija del mundo, considera que la subida de 25 puntos es la opción más probable. Con los precios de la energía todavía elevados, la situación en Oriente Próximo volátil y la inflación subyacente aún por encima del 2%, el escenario base de la experta de Pimco es que al alza de este miércoles se le unan “unas pocas subidas para protegerse frente al riesgo de que las expectativas de inflación aumenten”.
A mes y medio de las elecciones en la que los republicanos pueden perder una o las dos cámaras del Congreso -en cuyo caso Trump se vería atado de pies y manos en la segunda mitad de su mandato-, las noticias que llegan de Oriente Próximo no son tranquilizadoras. La guerra que Estados Unidos e Israel iniciaron este año contra Irán se centraba hasta hace poco en los alrededores del estrecho de Ormuz, en el golfo Pérsico. Pero la escalada de los rebeldes hutíes de Yemen amenaza también el tráfico marítimo en el estrecho de Bad el Mandeb y podría acabar por tener repercusiones también en el de Suez, una arteria fundamental para el comercio global. Todo esto supone material inflamable para los precios y más munición para los que creen que Warsh no tiene este miércoles otra opción que rebelarse contra los dictados del presidente de Estados Unidos.
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