
Las legumbres son ricas en fibra, tienen buena cantidad de proteína vegetal, suelen tener un índice glucémico bajo y aportan minerales como hierro, calcio y magnesio. Y también ayudan a entender por qué el salario más frecuente en España fue de apenas 16.520 euros brutos anuales en 2024, según el último dato del INE.
Para pagar mejores salarios, España necesita pymes más productivas
Las legumbres son ricas en fibra, tienen buena cantidad de proteína vegetal, suelen tener un índice glucémico bajo y aportan minerales como hierro, calcio y magnesio. Y también ayudan a entender por qué el salario más frecuente en España fue de apenas 16.520 euros brutos anuales en 2024, según el último dato del INE.
Un salario tan bajo que dificulta que los jóvenes se independicen y que los adultos puedan desarrollar una vida plena. Un problema que compromete nuestro futuro económico y social. Los salarios en España son bajos porque arrastramos un problema de baja productividad desde hace décadas. El reciente Informe Anual 2025 del Banco de España celebra que empieza a vislumbrarse una mejora de la productividad. Con mucho esfuerzo por parte de empresarios y trabajadores, y si todo sigue igual, es posible que cerremos la brecha de productividad con la zona euro… en 2050.
El propio informe señala que esa mejora la ha generado un número reducido de empresas: la ganancia de cuota de las más productivas dentro de cada sector explica casi la mitad del aumento de la productividad agregada.
El Banco propone medidas regulatorias y administrativas, y de capital humano e inteligencia artificial, para alcanzar el objetivo. Pero falta el ingrediente fundamental. Y aquí conviene volver a las legumbres.
El 96% de los españoles sigue cocinando en casa, pero como el tiempo escasea, abundan los atajos. Cuando un plato lleva legumbres, muchas veces se recurre a las de bote. Quizás por eso una de las marcas líderes de la categoría presentó hace poco, con notable entusiasmo, un nuevo envase de vidrio con el cuello más ancho. Por fin, ya no haría falta pelearse con el contenido ni espachurrar las alubias para sacarlas. Parece una mejora obvia. Pero a esa empresa le ha llevado un siglo introducirla. Literalmente: fue fundada en 1921, y el nuevo envase ha llegado a las cocinas españolas hace unos meses.
Cuando una empresa no encuentra formas de ser mejor y diferente –o tarda cien años en hacerlo–, acaba compitiendo casi solo por precio. Y cuando eso pasa, los márgenes se estrechan, el retorno del capital cae, el dinero busca otras alternativas (aquí o en otro sitio) y los trabajadores ven cómo su salario se estanca o desaparece.
En un país que presume de creatividad, demasiadas empresas están atrapadas en una dinámica de poco recorrido: ofrecer más o menos lo mismo que los demás, pero un poco más barato. Desde hace décadas, España está por debajo de la media en el ranking de innovación de la UE, que tampoco destaca por ser un espacio especialmente innovador.
Innovar no es lo mismo que I+D
El error es creer que innovar es lo mismo que I+D, y que es cosa solo de empresas en sectores de alta tecnología. Ese reduccionismo deja fuera al 90% de nuestra industria, que es de baja intensidad tecnológica. Innovar es, fundamentalmente, entender excepcionalmente bien un problema para producir una alternativa mejor y diferente.
La limpieza está asociada con la cocina. Un fabricante de detergentes, en un país donde la innovación es constante, está lanzando una nueva generación. Su nuevo producto está diseñado para eliminar mejor las manchas y los olores en tejidos sintéticos y para funcionar mejor en lavados en frío.
Lo interesante no es el producto. Lo interesante es que empezó a pensarlo hace más de diez años, cuando los tejidos sintéticos apenas tenían presencia en nuestros armarios y los costes energéticos no ocupaban tantas conversaciones. Para lograrlo, observan a sus consumidores con una precisión casi obsesiva: tienen identificados más de 50 pasos distintos en algo tan aparentemente sencillo como hacer la colada. A pesar de costar un 50% más que el producto que reemplaza, los consumidores lo prefieren. Ese incremento en los márgenes da para retribuir y fidelizar al accionista, y también para pagar mejores salarios.
La empresa es una de las mayores empresas de gran consumo del mundo. Tiene casi 190 años de historia. Domina alrededor del 60% de un mercado que vale miles de millones. Y aun así, sigue actuando como si una start-up fuera a destronarla mañana por la mañana. Las empresas más productivas no pagan mejores salarios porque sean más grandes. Son más grandes porque llevan años haciendo cosas mejores y diferentes. La diferencia no está en el tamaño ni en la financiación. Está en su voluntad de innovar de forma constante.
Para pagar mejores salarios, necesitamos pymes más productivas, porque son el grueso de nuestro tejido empresarial. La innovación es la palanca para conseguirlo, y la inteligencia artificial la pone al alcance de todos. Pero el primer paso es querer.
En España se come muy bien. Pero comer bien no está reñido con innovar más.
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