El país quizá esté yendo más lento a la hora de electrificar el parque automovilístico, pero lleva años haciendo los deberes para asegurar el futuro de sus fábricas de coches. Y eso se empieza a notar en los datos de producción. En septiembre, la fabricación de vehículos eléctricos en España se disparó un 153% como resultado de la llegada al mercado de los cuatro modelos eléctricos que Volkswagen ha decidido hacer en España. Y la buena noticia es doble, porque no solo se fabrican aquí, sino que además se están vendiendo bien, muy por encima de las expectativas que inicialmente tenía el grupo. De hecho, parece que un sector abonado a las malas noticias en la última época empieza a mejorar sus constantes, al menos en lo que concierne a España.
El país empieza a recoger los frutos de años de política industrial, con más eléctricos fabricados y vendidos de lo previsto
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
El país empieza a recoger los frutos de años de política industrial, con más eléctricos fabricados y vendidos de lo previsto
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El país quizá esté yendo más lento a la hora de electrificar el parque automovilístico, pero lleva años haciendo los deberes para asegurar el futuro de sus fábricas de coches. Y eso se empieza a notar en los datos de producción. En septiembre, la fabricación de vehículos eléctricos en España se disparó un 153% como resultado de la llegada al mercado de los cuatro modelos eléctricos que Volkswagen ha decidido hacer en España. Y la buena noticia es doble, porque no solo se fabrican aquí, sino que además se están vendiendo bien, muy por encima de las expectativas que inicialmente tenía el grupo. De hecho, parece que un sector abonado a las malas noticias en la última época empieza a mejorar sus constantes, al menos en lo que concierne a España.
A Volkswagen se suman otras marcas como Leapmotor, que acaba de comenzar a fabricar en Zaragoza; Mercedes-Benz, que ha invertido 1.000 millones de euros en Vitoria para hacer allí su nueva familia de furgonetas eléctricas; o Stellantis, que ya de por sí producía eléctricos en sus tres plantas nacionales. Esto es producto de años de trabajo conjunto entre la industria y las administraciones, tanto a nivel nacional como autonómico y local, para convencer a los grupos automovilísticos de que España sigue siendo un buen lugar para producir coches.
Un acicate para atraer esa inversión fue el Plan España Auto 2030, anunciado a finales del año pasado, para el que fueron necesarios meses de negociaciones entre los fabricantes de coches, los de componentes y el Gobierno para acordar una hoja de ruta común, poniendo negro sobre blanco las medidas que necesita el sector para seguir atrayendo inversiones. El plan es ambicioso, pues no solo aspira a mantener el nivel de producción actual, sino que incluso pretende aumentarlo en un entorno hipercompetitivo en el que países referentes en el automóvil como Alemania se encuentran inmersos en un grave proceso de desindustrialización, con efectos colaterales sobre el terreno. La propia Volkswagen es un buen ejemplo de ese retroceso, con 100.000 empleos en el aire.
Sería bueno para el conjunto de la sociedad y la economía española que, gane quien gane las elecciones previstas para el 29 de noviembre, la próxima Administración tenga como prioridad seguir estimulando la atracción de inversiones industriales a España, entre ellas las del automóvil. El desafío trasciende claramente el interés partidista.
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