Los argumentos para comprar acciones o índices bursátiles de Indonesia y Turquía resultan reconocibles y son similares a los que hace años se veían para otros países como Rusia o China: valoraciones deprimidas, salidas de capital y un pesimismo que parece dejar poco margen a nuevas decepciones. Para un inversor en valor, esta combinación resulta atractiva, pero el problema es que el descuento puede estar reflejando una caída permanente de la rentabilidad, una menor capacidad de convertir beneficios en caja distribuible o, frecuentemente, ambas cosas. Así, esperar que el múltiplo regrese a su media histórica equivale a dar por resueltas las causas que lo han reducido.
La posible reclasificación del país del sudeste asiático revela opacidad accionarial y negociación coordinada
Los argumentos para comprar acciones o índices bursátiles de Indonesia y Turquía resultan reconocibles y son similares a los que hace años se veían para otros países como Rusia o China: valoraciones deprimidas, salidas de capital y un pesimismo que parece dejar poco margen a nuevas decepciones. Para un inversor en valor, esta combinación resulta atractiva, pero el problema es que el descuento puede estar reflejando una caída permanente de la rentabilidad, una menor capacidad de convertir beneficios en caja distribuible o, frecuentemente, ambas cosas. Así, esperar que el múltiplo regrese a su media histórica equivale a dar por resueltas las causas que lo han reducido.
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