El 27 de febrero de este año, apenas horas antes de que las fuerzas estadounidenses e israelíes iniciaran un ataque masivo sobre Irán, la deuda española a 10 años cotizaba apenas unas décimas por encima del 3% de interés (3,06% aquel día, mínimo en más de un año). Seis meses después, esta misma deuda está 80 puntos básicos por encima de aquellos niveles, en el 3,83%, la tasa más alta desde 2023. El impacto inflacionista de la guerra y las perspectivas de deterioro de las cuentas públicas han provocado un cambio estructural en el mercado de deuda, con buena parte del mundo pagando los intereses más altos en años o incluso décadas: la deuda alemana a 10 años está en los rendimientos más altos desde 2011; la francesa, desde 2008; la deuda americana a 30 años está en niveles de 2007 y la de Reino Unido o Japón tiene que remontarse al siglo XX.
España logra contener el coste financiero a pesar de la fuerte subida de rendimientos en el mercado. La reunión del BCE de este jueves será clave para el mercado de deuda
El 27 de febrero de este año, apenas horas antes de que las fuerzas estadounidenses e israelíes iniciaran un ataque masivo sobre Irán, la deuda española a 10 años cotizaba apenas unas décimas por encima del 3% de interés (3,06% aquel día, mínimo en más de un año). Seis meses después, esta misma deuda está 80 puntos básicos por encima de aquellos niveles, en el 3,83%, la tasa más alta desde 2023. El impacto inflacionista de la guerra y las perspectivas de deterioro de las cuentas públicas han provocado un cambio estructural en el mercado de deuda, con buena parte del mundo pagando los intereses más altos en años o incluso décadas: la deuda alemana a 10 años está en los rendimientos más altos desde 2011; la francesa, desde 2008; la deuda americana a 30 años está en niveles de 2007 y la de Reino Unido o Japón tiene que remontarse al siglo XX.
Los rendimientos de la deuda tienen impacto a muchos niveles, pues los bonos del Tesoro (sobre todo del estadounidense) son el activo libre de riesgo de referencia: afectan a las hipotecas, a la financiación de las empresas, a la preferencia de riesgo de los inversores, a los pequeños ahorradores y al sector bancario. Pero su efecto más directo se produce sobre la financiación de los propios estados que emiten estos activos. Para España, el coste anual de la subida de tipos de interés en los últimos seis meses ronda los 450 millones de euros. Con todo, la gestión del Tesoro ha conseguido limitar el impacto sobre la deuda: el tipo medio de emisión es del 2,9% este año, frente al 2,7% de 2025. “La elevada vida media de la cartera permite que las variaciones de los tipos de interés se trasladen de forma gradual al coste medio de la deuda en circulación, aportando estabilidad a la carga financiera”, explican fuentes del Tesoro.
La clave de cara a los próximos meses está en manos del BCE, que dicta los tipos de interés de referencia en la zona euro y, según espera el mercado, los elevará este jueves en un cuarto de punto. “No esperamos que los rendimientos del bund bajen de forma significativa a corto plazo”, apuntan los analistas de Generali. “La última subida de los rendimientos se debe principalmente a la política monetaria, y no a una demanda generalizada de una mayor compensación por el riesgo de duración”, añaden. “La mayor exigencia de rentabilidad real”, explica Pedro del Pozo, director de inversiones de Mutualidad, “responde a la expectativa de que los tipos de interés oficiales puedan mantenerse en niveles elevados durante más tiempo del previsto. En este contexto, será especialmente relevante analizar cómo valoran los bancos centrales el endurecimiento de las condiciones financieras”.
España ha colocado 145.000 millones de euros en deuda a distintos plazos, en un total de 66 operaciones en el mercado (incluyendo subastas). Excluyendo las emisiones ligadas a la inflación y algunas celebradas en los primeros días de la guerra (cuando EE UU hablaba de una operación militar de un par de semanas), en todos los casos ha pagado más que antes de iniciarse el conflicto. El aumento de los intereses en estas emisiones realizadas entre febrero y agosto tiene un coste a 12 meses de 450 millones de euros, según los cálculos de este periódico y partiendo de la base, para cada subasta y plazo, del rendimiento abonado en la última colocación previa al conflicto.
El efecto sobre las cuentas públicas depende de los plazos: la subasta de letras del 4 de abril se saldó con un interés medio del 2,611%, frente al 2,028% del 3 de febrero. Dado que ese día se vendieron 5.298 millones de euros, el impacto para las cuentas públicas será de casi 31 millones de euros hasta abril de 2027. Pero para la subasta a 10 años de este septiembre (2.000 millones al 3,736% frente al 3,167% de febrero) el coste adicional (un 3,736% frente al 3,167% de febrero) son 11 millones de euros al año.

El coste final para el contribuyente español de la subida de tipos depende de varios factores; principalmente de la persistencia del dinero caro, pero también de los vencimientos de la deuda y de la gestión de las emisiones. En este sentido, el Tesoro ha realizado, relativamente, más emisiones a corto plazo en estos meses respecto al arranque de año, gracias a que la vida media de la deuda está cerca de los ocho años y los vencimientos no aprietan. “El riesgo de refinanciación a un año de la cartera de deuda se sitúa actualmente en el 13,5%, de modo que solo esa proporción queda expuesta anualmente a eventuales cambios en los tipos de interés”, explican fuentes del Tesoro.
Los inversores, en paralelo, mantienen el interés por las colocaciones de deuda española: la demanda media en las subastas duplica la oferta, tanto antes de la guerra como después. La deuda española, al menos hasta la fecha, se beneficia de las positivas perspectivas de crecimiento y de cuentas públicas. La prima de riesgo de España ha pasado de 36 a 44 puntos desde que empezó la guerra, pero está en una posición mucho mejor que la deuda de Italia o de Francia, cuya prima se ha disparado a 86 puntos. España no está en el foco de los inversores y eso, en tiempos de turbulencias en la deuda, es un factor positivo de primer orden.
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