Después de un julio de sobresaltos, que se despidió con los inversores tratando de descifrar las verdaderas intenciones de la Reserva Federal, los mercados se adentran en agosto, un mes en el que la escasa negociación y un flujo informativo más liviano suelen allanar el terreno para que la volatilidad campe a sus anchas. Aunque los focos de riesgo se multiplican, la abundante liquidez ha permitido hasta ahora a las Bolsas sortear con holgura las embestidas. La próxima semana, los resultados empresariales y referencias macroeconómicas de gran calado, como el dato de empleo de EE UU, permitirán medir la resistencia de la economía y volverán a poner a prueba la paciencia de los inversores. Todo ello con la vista puesta en Oriente Próximo, donde las crecientes señales de un posible entendimiento entre EE UU e Irán contribuyen a rebajar la tensión. Si las negociaciones avanzan, el alivio sobre el petróleo podría moderar los temores inflacionistas, suavizar la presión sobre los tipos de interés y dar un nuevo impulso a la renta variable.
Trump cancela nuevos ataques contra Irán y abre la puerta a un acuerdo mientras los inversores examinan la solidez de la economía estadounidense y las cuentas de las grandes tecnológicas
Después de un julio de sobresaltos, que se despidió con los inversores tratando de descifrar las verdaderas intenciones de la Reserva Federal, los mercados se adentran en agosto, un mes en el que la escasa negociación y un flujo informativo más liviano suelen allanar el terreno para que la volatilidad campe a sus anchas. Aunque los focos de riesgo se multiplican, la abundante liquidez ha permitido hasta ahora a las Bolsas sortear con holgura las embestidas. La próxima semana, los resultados empresariales y referencias macroeconómicas de gran calado, como el dato de empleo de EE UU, permitirán medir la resistencia de la economía y volverán a poner a prueba la paciencia de los inversores. Todo ello con la vista puesta en Oriente Próximo, donde las crecientes señales de un posible entendimiento entre EE UU e Irán contribuyen a rebajar la tensión. Si las negociaciones avanzan, el alivio sobre el petróleo podría moderar los temores inflacionistas, suavizar la presión sobre los tipos de interés y dar un nuevo impulso a la renta variable.
Petróleo: la geopolítica vuelve al primer plano
El fin de la tregua entre EE UU e Irán ha devuelto el foco al riesgo energético y al impacto que un nuevo repunte del crudo podría tener sobre la inflación. Aunque la distensión de las últimas jornadas ha permitido que el crudo se aleje de los 100 dólares, la estabilidad en la región sigue lejos de alcanzarse. Los mensajes lanzados durante el fin de semana por ambas partes han vuelto a poner de manifiesto la fragilidad del escenario y el riesgo de una nueva escalada.
El presidente de EE UU, Donald Trump, ha aplazado nuevos ataques contra Irán después de que la República Islámica y otros países de Oriente Próximo le comunicaran que están trabajando para alcanzar una solución negociada. En un mensaje publicado en Truth Social, el republicano aseguró que pospondría la ofensiva “siempre que sea posible alcanzar rápidamente un acuerdo” e instó a las partes a convertir esas promesas en hechos. Según explicó, varios aliados del Golfo Pérsico le trasladaron que ya existían las líneas maestras de un entendimiento. Trump añadió que las condiciones incluían la reapertura “inmediata y completa” del estrecho de Ormuz, una ruta clave para el transporte mundial de crudo, y el “fin de la amenaza nuclear de Irán”.
Esta nueva relajación de las tensiones debería contribuir a rebajar la presión sobre el petróleo cuando se cumplen seis meses desde el inicio del conflicto. En marzo, cuando los inversores trataban de calibrar el alcance de la intervención, buena parte de las firmas de análisis defendían que el impacto económico sería limitado y transitorio. La realidad ha resultado ser bastante más compleja.
Los costes económicos de la guerra, tanto para EE UU como para Irán, son elevados, una circunstancia que lleva a muchos economistas a confiar en una eventual normalización. Pero mientras esta no se materialice, cada nuevo episodio de tensión seguirá teniendo un reflejo inmediato en los precios de la energía y en el ánimo de unos inversores obligados a calibrar, casi a diario, el alcance de los riesgos geopolíticos.
Empleo en EE UU: una nueva prueba para la Fed
Una semana después de que la Reserva Federal mantuviera los tipos sin cambios y de que la economía creciera un 1,5% en el segundo trimestre, la atención se trasladará al informe laboral que se conocerá el próximo viernes. A diferencia del BCE, cuyo mandato se centra exclusivamente en la estabilidad de los precios, la institución estadounidense debe equilibrar el control de la inflación con la preservación del empleo. Hasta ahora, el mercado laboral ha demostrado una fortaleza notable, convirtiéndose en uno de los principales soportes de la economía. Las previsiones de Bloomberg apuntan a una ligera recuperación respecto al mes anterior, aunque la creación de empleo seguirá por debajo de los 100.000 puestos de trabajo y la tasa de paro permanecerá estable en el 4,2%.
Con una economía resiliente, un mercado laboral sólido y una inflación que encadena cinco ejercicios consecutivos por encima del objetivo del 2%, la Fed tiene pocos incentivos para relajar su política monetaria. Aunque Kevin Warsh insiste en que la lucha contra la inflación sigue siendo prioritaria, los inversores empiezan a dudar de la capacidad de la institución para devolver los precios al objetivo en un plazo razonable. A esa incertidumbre se suma una estrategia de comunicación más opaca. Según adelantó The New York Times, además de eliminar las orientaciones sobre la trayectoria futura de los tipos, Warsh estaría estudiando reducir el número de reuniones anuales de política monetaria, actualmente fijadas en ocho. La suma de ambos factores ha alimentado la volatilidad en la deuda estadounidense, con la rentabilidad del bono a 30 años escalando a máximos desde 2007.
Un encarecimiento sostenido de la financiación en un contexto de déficit y deuda crecientes se ha convertido en una de las principales amenazas para la economía. Unos rendimientos más elevados encarecen el crédito para empresas y hogares, limitan el consumo y aumentan la factura financiera de los Estados. Además, en un entorno de crecimiento incierto, la rentabilidad que ofrece la renta fija puede acelerar el trasvase de flujos desde la Bolsa hacia activos considerados más seguros.
Resultados: la hora de demostrar la rentabilidad de la IA
La temporada de resultados avanza a buen ritmo y, por ahora, las empresas continúan mostrando capacidad para aumentar ingresos y beneficios pese al deterioro del entorno macroeconómico. Sin embargo, las cuentas de las grandes tecnológicas, principales artífices de las subidas bursátiles de los últimos años, están siendo recibidas con cautela.
Los multimillonarios planes de inversión en inteligencia artificial y, sobre todo, la capacidad de traducir ese gasto en mayores ingresos sigue siendo el principal foco de preocupación para los inversores. La cuestión ya no es cuánto invierten las tecnológicas en IA, sino cuánto tiempo está dispuesto a concederles el mercado para demostrar la rentabilidad de esas inversiones. En un momento en el que las exigentes valoraciones del sector de los semiconductores han vuelto a poner sobre la mesa el riesgo de concentración, los resultados de compañías como Advanced Micro Devices (AMD) y ON Semiconductor servirán para comprobar si la demanda vinculada a la IA mantiene el vigor suficiente para justificar las elevadas expectativas que el mercado ha depositado en el sector.
Junto a estas compañías, el martes será el turno de SpaceX, que presentará sus primeros resultados desde su salida a Bolsa el pasado 12 de junio. La mayor OPV de la historia despertó un enorme interés entre los inversores y, en apenas tres sesiones, sus acciones llegaron a revalorizarse un 49%, hasta los 201,8 euros. Desde entonces, el correctivo sufrido por los valores vinculados a los semiconductores ha pasado factura a la compañía, que se deja cerca de un 46% desde máximos y cotiza ya por debajo de los 135 euros fijados para su debut bursátil. La reacción a estas cuentas ayudará a medir hasta qué punto el mercado sigue dispuesto a pagar múltiplos elevados por las compañías vinculadas a la IA.
En un mercado que ha demostrado una notable capacidad para ignorar las malas noticias, agosto arranca con una pregunta de fondo: si las Bolsas podrán seguir apoyándose en la liquidez y los beneficios empresariales para sostener las subidas o si, por el contrario, la combinación de riesgos geopolíticos, tipos elevados y valoraciones exigentes termina por pasar factura.
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