Las autoridades europeas quieren que los europeos inviertan en Europa. Históricamente, han preferido los valores de Estados Unidos, más líquidos y también con mayor revalorización, precisamente porque concentran el interés mundial de los inversores. La cuenta Financia Europa, lanzada por el Gobierno español, pretende fomentarlo con incentivos fiscales. Ello puede dar un empujón en Bolsa a empresas a las que no les ha ido demasiado bien, pero también a otras a las que, en realidad, tampoco les ha ido mal en los últimos años, en los que han aprovechado la liquidez del mercado para batir récords (mientras otras partes de la economía, como los salarios, han subido a regañadientes).
El reto es acercarse a las de Estados Unidos
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
El reto es acercarse a las de Estados Unidos
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Las autoridades europeas quieren que los europeos inviertan en Europa. Históricamente, han preferido los valores de Estados Unidos, más líquidos y también con mayor revalorización, precisamente porque concentran el interés mundial de los inversores. La cuenta Financia Europa, lanzada por el Gobierno español, pretende fomentarlo con incentivos fiscales. Ello puede dar un empujón en Bolsa a empresas a las que no les ha ido demasiado bien, pero también a otras a las que, en realidad, tampoco les ha ido mal en los últimos años, en los que han aprovechado la liquidez del mercado para batir récords (mientras otras partes de la economía, como los salarios, han subido a regañadientes).
Los expertos apuestan por una empresa tecnológica de primer nivel mundial, como ASML; bancos como BBVA o Unicredit; una textil como Inditex; aseguradoras como Allianz, Mapfre y Axa; o una alimentaria como Danone. También por Rheinmetall, algo de capa caída tras dispararse por las tensiones bélicas, o LVMH, arrastrada por el castigo a los mercados franceses.
Los tres movimientos de Netflix para superar el estancamiento
Algo está pasando en Netflix. Tres movimientos casi simultáneos que, vistos desde fuera, parecen relacionados: la salida de su responsable de contenidos, Bela Bajaria; la compra de los derechos del Mundial de 2030 en España y Andorra, y el despido de 1.000 empleados. Netflix siempre ha apostado por el dinamismo en su gestión, pero estas decisiones parecen responder a cierto estancamiento, más visible en Bolsa que en sus cuentas. Lo interesante será comprobar hacia dónde se dirige. Su apuesta por el fútbol y los eventos en directo sugiere que, para seguir creciendo, necesita parecerse un poco más a la televisión tradicional.
Los políticos esquivan la autocrítica por el problema de la vivienda
“Pedro Sánchez no se entera de la cantidad de desahucios que hay diarios. No se entera o no quiere enterarse. Después iría a la señora Isabel [Díaz] Ayuso, que es la presidenta de la Comunidad de Madrid y creo que le viene un poco grande. El señor Almeida, pues lo único que está haciendo es cargarse Madrid”. Son declaraciones de Maricarmen Abascal el 23 de septiembre, un día antes de ser desahuciada. Tras su desgraciada muerte, los aludidos se han repartido los papeles: Sánchez enarbola la bandera del sufrimiento de la propia Maricarmen y del resto de los desahuciados, mientras que Ayuso y Almeida optan por el malismo y por despreciar ese mismo dolor. Parece que no hay espacio para el término medio: la empatía razonable combinada con autocrítica.
La frase del día
Enviaremos más soldados a otros países del flanco oriental, pero siguiendo el ejemplo de EE UU estableceremos condiciones. También queremos obtener un beneficio empresarial de ello, en forma de contratos de defensa
Wladyslaw Kosiniak-Kamysz, viceprimer ministro y ministro de Defensa de Polonia
Tres cifras para recuperar algo de tranquilidad
En un capítulo de Black Mirror, el precio por beneficiarse de una tecnología capaz de salvar vidas era soportar anuncios que aparecían directamente en la mente, sin previo aviso y sin posibilidad de escapar. Las llamadas comerciales, cuyos trabajadores a menudo deben soportar respuestas poco agradables sin tener culpa alguna, también pueden resultar tremendamente intrusivas. El mundo ya está suficientemente saturado de publicidad como para añadirle un bombardeo telefónico. A partir de ahora, una nueva normativa obligará a identificar estas llamadas con el prefijo 400, de modo que los ciudadanos podrán reconocerlas antes de descolgar e incluso solicitar a su operadora que las bloquee. Un pequeño avance para recuperar algo de tranquilidad.
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